Zahón, la historia de un perro de rehala y la montería española

Del primer día de monteo a su última ladra, el sacrificio y la tradición de la montería española.

Este mes toca una historia, una historia de valientes en el monte, de fuerza, coraje, sacrificio y lealtad que siempre han tenido nuestros queridos perros de rehala.

Ellos siempre han sido los protagonistas de nuestra montería española, llenando de sonidos, lances e imágenes que forman parte de esta forma de cazar única en el mundo.

La historia que voy a contar no es propia de un solo protagonista, en ella voy a intentar plasmar lo que un sinfín de valientes de todas las zonas de España viven desde que nacen hasta que, por desgracia, abandonan nuestras benditas sierras para montear en los cielos ibéricos.

Le vamos a llamar Zahón, un nombre montero por excelencia y, ya que desde hace muchos años monteo en sierras extremeñas, le ubicaré en esta tierra montera por excelencia y en la que he vivido mis mejores años cazando.

De tal palo, tal astilla…

 

Zahón nació fruto del amor de Gitano y Marquesa, dos figuras imprescindibles en una rehala curtida en mil batallas, conocedores de una multitud de manchas y demostrando su raza cazadora, instinto y liderazgo dentro de la rehala.

Desde su nacimiento Zahón apuntaba maneras, tenía genio, instinto y un carácter con el que se ganó el respeto de sus hermanos de camada.

perro de rehala zahon en revista trofeo

Marcaba su territorio cuando llegaba la hora de comer, poco a poco fue creciendo y en las primeras semanas ya lideraba, por delante y bien altanero, a la pequeña rehala que formaban los hijos de Gitano y Marquesa.

Su lomo pintado de blanco y negro, heredado de la sangre de sus padres, enorgullecía a su rehalero sabedor de que la línea por la que había luchado durante largos años, continuaba con Zahón y sus hermanos.

Poco a poco fue creciendo, alguna salida esporádica junto a los veteranos para ir aprendiendo el oficio, impregnándose del olor a jaras y compartiendo, eso sí, a una distancia prudencial, los agarres en los que sus compañeros más cuajados daban cuenta de ese gran macareno.

Tomando la alternativa

 

Zahón era un perro joven, pero ya cuajado. Su rehalero sabía que el día de su debut estaba muy cerca, ya había demostrado en algunas salidas que estaba convirtiéndose en un gran perro que iba a demostrar su buena sangre y a dar muchas alegrías a sus mentores.

Llegó el día. Antes de amanecer ya estaba nervioso, intuía algo diferente en el ambiente y era sabedor de que su patrón le iba a dar la oportunidad de demostrar de lo que era capaz.

Escuchó la puerta de las perreras abrirse, el motor del furgón ronroneando en el silencio de la oscuridad y la voz del perrero avisando que hoy tocaba montear.

Rápidamente, el perrero fue seleccionando candidatos para montear y cuando llegó al rincón donde estaba Zahón, le dijo con un susurro orgulloso: «Hoy debutas, querido Zahón».

El orgullo invadió cada poro de la piel de Zahón, de un salto subió al furgón y ocupó su lugar orgulloso, altivo y con una mirada, diciendo a sus compañeros: «¡Hoy es mi día!».

Ya en el lugar de la suelta, después de un largo viaje, todo estaba preparado. Escuchaba las emisoras y sabía que era cuestión de minutos que los portones se abrieran y es cuando debía demostrar toda su fuerza e instinto cazador.

perro cazando en revista trofeo caza

El día fue tranquilo, algunas carreras detrás de las ciervas, que eran las primeras que salían pies en polvorosa hacia los escapes de la mancha; algún venado a lo lejos y de los ansiados cochinos, poco que ver.

Ya recogidos, Zahón estaba orgulloso. Había sido su alternativa y, aunque no había tenido ningún lance, su perrero con una contundente caricia le había dicho: «Bienvenido, Zahón, ¡ya formas parte de mi equipo!».

 

El paso de los años

 

Montería tras montería fueron pasando las temporadas, Zahón se convirtió en el líder de la rehala, tenía plena confianza de su rehalero y sus compañeros sabían que, cuando Zahón lanzaba una mirada o un gruñido, era obligado el cumplimiento de sus órdenes.

Su piel, su mirada, su instinto se fueron curtiendo; muchos lances entre jaras, muchas heridas en las pedrizas, algún costurón bien profundo en el pecho fruto de las navajas de ese navajero que vendió cara su derrota: era un perro duro, fuerte, curtido en el monte y con la experiencia que se gana temporada tras temporada.

Y conoció a Bruma, compañera de rehala que había crecido junto a él e hija de otros padres tan buenos como los suyos.

Y de ellos nació una nueva camada de valientes, perpetuando la sangre y ofreciendo a su rehalero la tan ansiada continuidad con jóvenes que se convertirán en piezas fundamentales en la rehala, al igual que hicieron sus padres.

perro cachorro rehala en revista trofeo

Zahón era, como se suele decir entre los humanos, «un hombre, hecho y derecho», lleno de experiencia y muescas en su historial rehalero, enseñando a sus cachorros todos los entresijos de la montería española, el respeto que deben tener al perrero, el coraje ante un buen navajero o el saber correr entre el monte para dar alcance a ese gran venado que, a gran velocidad, va subiendo hacia la cuerda por estrechas trochas y cuyo final es otro monte fuera de la mancha que toca montear hoy.

El final del camino

 

Ya con unas cuantas temporadas sobre el lomo, con los achaques que traen los años, Zahón era consciente que había que dejar paso a los jóvenes. Él, personalmente, supervisaba a las nuevas generaciones y los acompañaba en cada jornada montera para transmitir toda su sabiduría y conseguir la tranquilidad de que, cuando él falte, el futuro de la rehala perdurará en el tiempo.

Su rehalero sabía que Zahón estaba viejillo, que ya le costaba mucho madrugar y subir aquellas interminables cuerdas; en muchas ocasiones, ya de recogida, llegaba de los últimos, exhausto y con un hilo de fuerza en el cuerpo.

El número de monterías se fue reduciendo y, aunque hacía verdaderos esfuerzos demostrando su raza, era obvio que los años no perdonan.

Ya en los últimos estertores de la temporada, cumpliendo con la última montería, Zahón demostró de nuevo su raza y poderío.

Una ladra lejana de un puntero, una voz del perrero retumbando por la sierra y, de repente, la ladra sonó a parado. Zahón junto a un grupo de compañeros se encaminó hacia esa ladra que, a medida que se acercaban, se hacía más intensa y podían escuchar claramente los envites de lo que, a la postre, fue un gran cochino que, gracias a su coraje y fuerza, lograron sujetarle para que su perrero, cuchillo en mano, culminara el lance lleno de orgullo.

cachorros jugando en revista trofeo

Ese lance fue el último de Zahón. Siguió durante unos años más disfrutando del campo junto a su rehalero, transmitiendo su sangre para nuevas generaciones y disfrutando de una jubilación llena de cariño, orgulloso de haber podido disfrutar de grandes vivencias monteando junto a los zahones de su perrero.

Sirva esta historia para resumir en unas cuantas palabras la vida de uno de los tantos perros de rehala que montean por nuestras sierras, brindándonos a los monteros esos lances que tanto nos apasionan.

Una vida llena de tradición, de esfuerzo, de momentos buenos y otros no tan buenos, pero que todos los que sentimos pasión por la rehala y la montería española, estamos obligados a defenderlos a ultranza.

Autor: Carlos Muñoz @miradasmonteras