Rehalas y respeto en la montería: el valor de ayudar en el campo

El inicio de temporada pone a prueba a perros y perreros. Respetar, apoyar y valorar su trabajo es esencial para mantener viva la esencia de la montería ibérica.

 

Muchas peticiones ante un estreno de temporada, como se viene repitiendo hace años, en los que el calor hace más daño que bien a los perros. Y a las pruebas me remito… Un inicio en las primeras monterías con terreno seco y áspero, unos perros que no están rodados –y de este tema hablaré más tarde– y muchas ganas por comenzar con un desmedido ímpetu que algunas veces provoca en los valientes un sobreesfuerzo que les pasa factura en medio de la batida.

¿Y cómo podemos ayudar a las rehalas? Hay muchas formas de ayudar. La ayuda no se circunscribe únicamente a que los monteros lleven un bidón de agua al puesto o que el organizador coloque en sitios estratégicos de la mancha espuertas en las que los perros podrán refrescarse y mitigar el parte el calor.

Cuando se ha escrito este artículo, un 9 de octubre, sí que es cierto que han llegado las primeras lluvias y cuando lo lean ustedes, en los albores del inicio del mes de noviembre, seguramente las temperaturas ya se habrán suavizado, el terreno estará mucho más blando y los perros habrán cogido el necesario rodaje para soportar un día duro de montería en cualquier mancha de nuestras sierras ibéricas.

Nuestra ayuda es importante

Cualquier cazador que practique la montería, sabrá que la rehala tiene una vital importancia en esta modalidad de caza y que su figura está íntimamente asociada a la montería ibérica.

Por lo tanto, si todos sabemos a la perfección la importancia que tiene la rehala, ¿por qué no hacemos todo lo posible para ensalzar su figura? Obviamente, no podemos generalizar y soy consciente que hay muchos cazadores, orgánicos, guardas y cualquier participante en una montería que demuestran siempre un especial respeto por los perreros y sus valientes.

Pero el respeto no se demuestra con un simple bla, bla, bla a la hora de desayunar o al final del día en la junta, almorzando cómodamente sentados, sabedores de que en la sierra hay muchas personas a quienes les quedan unas cuantas horas para poder reponer fuerzas con un guiso caliente.

Y ¡ojo!, que nadie me malinterprete y crea que pienso que los monteros deben hacer el trabajo de un perrero, de un arriero o de un postor. Nada más lejos de mi intención. Lo que sí digo es que, en caso de necesitar ayuda, cualquier montero esté predispuesto a brindarla.

La ayuda y el apoyo se demuestra en el campo y no con simples palabras, sino con hechos. Antaño, hace unos cuantos años, el respeto que había hacia las rehalas era total. Eran los protagonistas de la montería, en cualquier junta se admiraban las colleras, se hablaba con los perreros que, en definitiva, son los que más saben de monte y de caza, y se reconocía el trabajo bien hecho.

Que las prisas no ensombrezcan cada día de montería

Hoy en día, desgraciadamente, vivimos a contrarreloj. Siempre con prisas, con obligaciones profesionales y familiares que nos hacen ir a todas partes acelerados y con un nivel de estrés que, hablando claro, nos vuelve impertinentes y, en muchos casos, antipáticos.

El problema es que, en algunas ocasiones, ese estrés continúa durante el fin de semana, no logramos desconectar y hacemos de un día de montería, que puede ser un motivo para relajarse, una pura competición a ver quién caza más y se va a casa el primero.

Ese nerviosismo hace que no se valore lo que nos aportan las rehalas, que si hay que ayudar a un perrero porque trae un perro en hombros destrozado por el calor, se vuelva la mirada a otro lado, no vaya a ser que me tenga que quedar y ya no cumpla los horarios previstos.

¡No, señores! Montear es mucho más y las rehalas, también.

A montear se debe ir con una actitud como cuando juegas al mus… Al tran tran, disfrutando de cada momento, que tendremos buenos y otros no tan buenos. Las prisas no son buenas consejeras y monteando hay que dejarlas aparcadas en casa.

Si tenemos que ayudar al perrero aportando agua a sus perros o compartiendo un trago de vino con él, se hace.

Si hay que felicitar por el buen trabajo hecho a una rehala, se felicita.

Si hay que remarcar a algún perrero que no ha hecho bien su trabajo, también se dice. Seguro que servirá para que en la próxima montería no repita el mal hacer en su tarea en la sierra.

Si hay que quedarse un rato más en el monte, cuidando de algún perro, mientras el perrero va en busca de otro, nos quedamos.

Si un furgón se queda atascado en algún carril, ofrezcamos nuestra ayuda.

Si al final del día, hay que compartir tertulia y una sobremesa con los perreros, se comparte con sinceridad y disfrutando de estos momentos que son los que quedan para recordar en el futuro.

Y fuera del monte…

Por supuesto, que también podemos apoyar y ayudar a que las rehalas tengan la consideración que se merecen fuera de la temporada montera.
El apoyo que podemos brindar es muy variado:

Visitando las numerosas ferias que se organizan en diferentes puntos de nuestra geografía. Con nuestra visita, fomentamos que sigan celebrándose dichas ferias que dan mucha visibilidad a las rehalas.

En redes sociales, aportando nuestras opiniones en defensa de la rehala. Siempre publicando vídeos, fotos u opiniones que muestren lo mejor del mundo rehalero.

Visitando en las perreras a amigos rehaleros que, seguro, agradecen nuestra compañía y les motiva para seguir al pie del cañón.

Y algo tan importante y me dirijo a cualquier ayuntamiento de localidades donde haya rehalas, como es el intentar habilitar zonas para que puedan campearse los perros antes del inicio de la temporada. En muchos pueblos de nuestro querido mundo rural, se pueden habilitar sin mucho esfuerzo personal y económico.

Y, a las administraciones públicas, que faciliten todos los trámites burocráticos para que cada rehalero pueda cumplir sin esfuerzo las normas establecidas y que esta gestión no se convierta en un continuo quebradero de cabeza para ellos.

Ahora que estamos en plena temporada, os animo a todos a disfrutar del trabajo de los perros de rehala en el monte, viendo sus carreras, escuchando sus ladras y, cuando necesiten nuestra ayuda, ofrecerla sinceramente y sin esperar nada a cambio. Y cuando suenen las caracolas, no salgáis corriendo a toda prisa. Quedaros un rato con los perreros, en la suelta y charlando de montería al lado de una lumbre, es algo que te relaja y te carga las pilas para afrontar la semana laboral. ¡Feliz noviembre!

Texto y fotos: Carlos Muñoz

@miradasmonteras