Las restricciones sobre caza y armas en España

Llevo tiempo viendo pasar las distintas versiones del reglamento de armas, las nuevas órdenes de veda de distintas comunidades autónomas, como de costumbre cada una con sus particularidades, y veo una nota común: siempre son más restrictivas.

Siempre van recortando opciones a los cazadores y a los tiradores, algunas con un atisbo de lógica tras ellas y, en otros casos, restándonos y prohibiéndonos avances sin un claro por qué y, en casos límite, siendo auténticos dislates.

Quiero lanzar un llamamiento a quien nos regula para que reflexione y no se olvide que regula para hacer de la caza y el tiro algo más seguro, más efectivo y no nos deje fuera de los avances y novedades.

Justamente en esta época en la que tanto que hablamos de Europa, que si las vacunas, que si las ayudas de Europa, que si tantas cosas buenas de Europa… y resulta que, en todo lo que tiene que ver, al menos, con los temas relacionados de caza y armas, somos los ‘pobres’ de Europa, los ciudadanos con menos derechos y más restricciones.

Cada año, más y más restricciones

Pero no es Europa y sus estructuras las que nos restan derechos, todo lo contrario, ya que nuestros vecinos avanzan y van aprobando cambios positivos para el entorno de la caza y del tiro. No es precisamente Europa una cultura en la que el arma tenga un aspecto defensivo, todo lo contrario, en Europa prevalece el arma y sus complementos como un medio para practicar deporte, conservación, afición, pasión o lo que represente para cada quien.

Suena a la martingala de siempre, pero, ojo, que cada año se nos va restringiendo más y más. Pero es que la regulación la hacen los políticos que votamos y las estructuras estatales. Si todo el aparato gubernamental –dirigido por los distintos ministerios que son ocupados por los políticos que elegimos– decide que seamos los ciudadanos europeos con menos derechos, por algo será, ¿o no?

¿Será que somos los menos seguros de toda Europa y hay que restringirnos más que a los demás? ¿Será porque somos más tramposos y cualquier restricción es buena para evitar que furtiveemos? ¿Será porque lo matamos todo de manera indiscriminada y mayores restricciones implican más fallos y, por ende, menos animales muertos? ¿Será que somos un país revolucionario y a algunos estamentos gubernamentales les preocupa que los civiles tengamos armas por si un día nos da por ‘levantarnos en armas’? ¿Será que toda ayuda al cazador en cuanto a equipo y avances en armas, balística, munición, óptica… es mala porque todo lo que permite al aficionado cazar de manera más certera y selectiva es malo? ¿Será que los armeros, si no se les restringe, pueden transformarse en tratantes ilegales de armas? ¿Será que la antigua industria armera española en el fondo es susceptible de ser enemiga del estado? ¡Órdago a mayor! Un rotundo y sonoro ¡no! a todas esas preguntas.

Hagamos una abstracción a otro ámbito. Es como si el que regula la circulación, los vehículos y sus capacidades no se moviera nunca empleando esos medios y regulase para todo el resto de la población en tono restrictivo, sin permitir que los ciudadanos españoles pudiésemos acceder a determinados modelos de coche, o de combustible o de ruedas o ilegalizase determinados modelos o los limitase. Y, lo peor, es que regule sin ni siquiera escuchar ni tener en cuenta a los fabricantes, distribuidores, puntos de venta y usuarios a los que regula, y solo parece buscar la restricción constante.

No es casualidad que, de ser un líder mundial en fabricación de armas y municiones con tantas marcas míticas, hoy sobrevivan unas pocas. Y sobreviven las que miran más hacia el extranjero y no al consumo nacional.

Y a los campos de tiro, ¡también!

Pero es que, si nos vamos al ámbito de las zonas de aprendizaje controladas, como son los campos de tiro, también la regulación se lo pone casi imposible. Que a nadie se le olvide que para montar un campo de tiro hace falta disponer de un espacio adecuado, un plan, construcción y adecuaciones varias, financiación y un plan de negocio… y, al final, se busca que sea rentable.

¿Cómo es posible que casi todos los campos de tiro estén años esperando la licencia de apertura superando obstáculos casi mes a mes? ¿Será que todos los que construyen campos de tiro son unos tramposos y, primero, muestran unos planos y, luego, construyen otra cosa? ¿Cómo es posible que casi no tengamos galerías de tiro con arma de fuego a proyecciones de tiro en movimiento?

Que no se engañe nadie, dificultar la proliferación de estos centros hace que la gente practique poco o nada y eso es muy peligroso. Dar un permiso de armas a una persona que no ha usado nunca un arma ni ha podido practicar es un peligro para todos. ¿Es eso lo que busca el poder oculto antiarmas? ¿Busca que no sepamos usar las armas? ¿Que sea muy difícil y caro cazar o practicar el tiro? ¿Que haya cada vez más restricciones? ¿Por qué queremos ser europeos para algunas cosas y para otras no?

Abrazar el progreso, no limitarlo

Las comparaciones con nuestros vecinos son tremendas y choca que tanto Francia como Portugal, teniendo una reglamentación bastante más abierta que la nuestra en materia de armas, no tienen más accidentes de caza o de tiro, no se ha exterminado ninguna especie y no tienen un nivel de furtivismo más alto que el nuestro.

¿Qué sentido tiene no permitir los últimos avances en visión térmica o nocturna para realizar una mejor valoración del animal a abatir, por no hablar de la seguridad que supone poder identificar y diferenciar las presas de otros seres vivos? ¿Qué sentido tiene limitar los cargadores? Los animales no suelen permitir demasiados disparos consecutivos, así que tampoco es porque, a mayor capacidad, mayor número de presas abatidas. El número de presas abatidas lo establece un plan cinegético y la responsabilidad de cada cazador, no la capacidad del arma.

Charlando hace unos años con un político no muy proclive a la actividad cinegética me decía que antes se cazaba bien sin tanto avance y nadie se echaba las manos a la cabeza. Mi primera respuesta fue equipararlo nuevamente al mundo del automóvil: efectivamente, los coches de hace cuarenta años no tenían tantos avances ni había tantos y todos “íbamos bien”, pero el progreso llega y hay que abrazarlo, no limitarlo.

Este llamamiento va dirigido a nosotros mismos, para que nos demos cuenta que cada año que pasa, no solo nos restringen lo que ya teníamos, sino que nos niegan los avances en materia de seguridad en la caza y el tiro, y que cada paso que damos atrás, no lo recuperamos fácilmente.  Este llamamiento también va dirigido a los que nos regulan y nos controlan, cuya misión debe ser que podamos practicar estas actividades de manera segura, correcta y libre.

No es ningún orgullo ir a la cola de Europa. De hecho, puestos a comparar, en las economías mas paupérrimas del mundo casualmente también sus gobiernos son los más restrictivos en materia de armas en manos civiles y, sin embargo, la población dispone de ellas (ilegales, eso sí).

Los cazadores y tiradores estamos a favor de tener regulaciones y controles, pero no estamos a favor de restricciones sin sentido y a negarnos avances en materia de seguridad y de evolución tecnológica.

Joaquín de Lapatza

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