Leones devoradores de seres humanos ( IV )

Una noche en el corazón de África terminó en tragedia cuando una leona entró en el campamento y atacó a Peter Hankin mientras dormía.

A pesar de los adelantos más que evidentes en todos los sentidos en el África actual, todavía se dan casos de leones matando y comiéndose a las personas, que ahora son eliminados rápidamente por los correspondientes departamentos de caza, contando con todos los medios actuales, que van aumentando de día en día…

Entre las víctimas de los leones también hubo unos pocos europeos que murieron entre sus fauces, teniendo yo la desgracia de haber sido testigo en primera línea de uno de estos horribles desastres…, pues ver un viejo y querido amigo medio devorado por una leona, puedo asegurar que es la cosa más horrible del mundo, que a mí me costó una verdadera enfermedad superar…

Norman Carr y Peter Hankin crearon la compañía Luangwa Safaris, operando en el valle del río Luangwa, en el Noreste de Zambia (antigua Rhodesia del Norte), en la que luego me asocié con ellos y donde todo fue muy bien, pues nunca vi tal cantidad en mi vida de los cinco grandes (elefante, león, búfalo, rinoceronte negro y leopardo) que se encontraban por todas partes, ¡casi a la salida del campamento!

Norman Carr conducía la parte de los safaris fotográficos, mientras que Peter y yo nos centrábamos en los de caza. Peter Hankin era británico hasta la médula, nacido en La India inglesa hijo de un alto oficial del ejército colonial. Su aspecto físico correspondía a la imagen típica del tradicional gentleman, rubio, con las sienes canosas, ojos azules y pequeño bigote, de piel curtida por el sol tropical. Persona afable y modesta que raramente hablaba de sus experiencias cinegéticas, siendo, como cazador, magnífico, uno de los mejores, utilizando única y exclusivamente un rifle de calibre .375 Magnum en todas sus actividades, fabricado por la firma Holland & Holland de Londres.

rugido de leon en revista trofeo caza

Rugido de león en Namibia

Después de unos años con los safaris de caza decidió retirarse de esta actividad, pues tenía bastante dinero ahorrado para ser dueño de su destino, como solía decir, marchándose a Kenia, desde donde, de vez en cuando, venía a mi casa en Valencia para pasar una pequeña temporada cuando yo estaba de vacaciones también allí, pues le encantaba la comida española, especialmente la paella valenciana, los calamares a la romana con alioli, el queso manchego y el flan de frutas, todo ello, menos el queso, preparado por Isabel, mi mujer, que es una gran cocinera.

Después de tres años sin hacer prácticamente nada, se ve que se aburrió de aquella vida y decidió volver al valle del Luangwa con Norman Carr y conmigo, pero sólo para realizar safaris fotográficos, abandonando completamente los de caza.

peter en valencia en trofeo caza

Mi viejo y querido amigo Peter Hankin en mi casa de Valencia, durante una de sus visitas junto a mi mujer Isabel. El pobre Peter fue muerto y devorado por una leona en Zambia.

Entonces la compañía de Luangwa Safaris paralelamente realizaba otros fotográficos, llamados Wilderness Trails que se hacían andando por zonas remotas del Parque Nacional del Luangwa, donde Peter tenía su campamento base, desde donde partía la expedición a la usanza de los viejos tiempos, con los correspondientes porteadores acarreando todo lo necesario para una semana «en medio de la nada», tanto de alimentos, agua mineral y unas pequeñas tiendas de campaña, llamadas canadienses, que se montaban en un momento para pasar la noche y que, después de estar andando todo el día bajo el tórrido sol africano, debían parecerle a los usuarios como una suite del Hilton. Naturalmente, todo estaba bajo el control de un guía europeo, armado, por si acaso, pues en aquellas soledades no se puede dejar nada sin prevenir y esta era la función de Peter entonces.

Wilderness Trails

 

Cada vez que Peter tenía un grupo de turistas, no más de seis a la vez, yo le facilitaba la carne necesaria, normalmente de impala, eland o bushbuck debidamente congelada, dentro de un recipiente especial, que alternaban su transporte dos de los porteadores locales, contratados, especialmente para este trabajo que, si bien no era de mucho peso la carga, si era difícil su acarreo, debido al tamaño, que aquellas personas solventaban el problema, dividiendo una parte del tiempo llevándolo sobre la cabeza y otra en la espalda, sistemas que, en manos de «transportistas» europeos, no creo que hubiera durado ni cinco minutos antes de terminar todo en tragedia con ayuno y abstinencia forzosa para los expedicionarios…

Estando de safari con dos viejos amigos llegó Peter a mi campamento, llamado y conocido por todo el mundo como Fort Spain, para decirme que dentro de tres días le llegaba un grupo para una semana en los Wilderness Trails y que le preparara la carne habitual, etc., aclarándole que ya la tenía en el congelador y a su disposición como siempre, quedándose a cenar con nosotros, para luego continuar a su campamento en la zona del río Mwaleshi, en el Parque Nacional de Luangwa, que estaba situado a unos 50 km del mío, una vez cruzado el amplio Luangwa por el «pontón» de Chibindi entrando ya en el referido Parque Nacional.

cazadores en namibia en revista trofeo caza

El cazador profesional Marcel Vincent, que fue muerto por un león herido durante un safari en el Chad en 1950.

Esto fue el 1 de septiembre de 1974, quedando Peter que volvería el próximo día 3 para llevarse la carne y unas botellas de agua mineral del gran refrigerador que tenía, y que aún funcionaba con parafina, sin poder pensar que un día todo sería más fácil y práctico con las bombonas de gas butano…

Por fin, Peter se fue y nosotros cada uno a su correspondiente casita hechas de troncos, ramas y hierba, muy cómodas, que se mimetizaban con el terreno circundante, sin romper la armonía del lugar, a su vez todo dentro de una empalizada sobre cuya amplia entrada había un gran dibujo indicando «Fort Spain».

El ataque nocturno

 

El día 2 de septiembre de 1974 nos levantamos a las cuatro y media de la mañana, como siempre, desayunamos y salimos del campamento, pues normalmente las mejores horas para cazar son entre las cinco y las diez de la mañana, y de las cinco a las siete de la tarde antes de que se ponga el sol por completo, más o menos, pues en África los horarios cinegéticos no son dos por dos cuatro, ni mucho menos. Por fin salimos y poco más de un kilómetro del campamento vimos un waterbuck enorme al lado de una charca, decidiendo cazarlo uno de mis amigos, lo que se realizó sin el menor problema. Al cargarlo en el Land Rover decidí volver al campamento para dejarlo allí y no tener que ir toda la mañana con él en el coche, puesto que estábamos a menos de diez minutos «de casa».

foto trofeo leones en revista trofeo caza

La historia se repite. Al derribar al macho atacó la leona, teniendo que matarla en defensa propia. El macho tenía una excepcional gran melena negra.

Al regresar vimos a todo el personal del safari en la pequeña pista que conducía a la entrada del campamento, junto con otro nativo, muy sudoroso, sujetando una bicicleta. Al vernos llegar, todos se vinieron hacia nosotros chillando, al tiempo que el de la bicicleta, que era el cocinero de Peter, me decía que durante la pasada noche un león se lo había llevado mientras dormía… Le contesté si estaba loco o borracho a las ocho de la mañana, pero insistiendo siempre en lo mismo sobre el león y Peter, hasta que me di cuenta de que me decía la verdad, lo que me dejó de piedra, diciéndome que había pasado un Land Rover hacia el campamento de Norman Carr y le habían indicado que viniera, en su bicicleta, rápidamente para avisarme del desastre, que gracias a la caza del waterbuck pude recibir varias horas antes de regresar al campamento, como de costumbre.

Les expliqué a mis amigos lo que sabía sobre lo ocurrido y salí a toda velocidad con el coche hacia Chanjuzi, donde teníamos en un punto central para todos lo que podíamos llamar el «Estado Mayor» de la compañía, con un minitaller para la reparación de los vehículos, último tratamiento de los trofeos y embalado para su envío, etc. y allí me encontré con todo el personal que trabajaba con Peter, quienes me contaron que fueron allí en busca de ayuda, pero ya demasiado tarde, por desgracia…, pues sólo había entre ambos campamentos, el de Peter y Chanjuzi, unos cuatro kilómetros, vecino al río Mwaleshi.

¿Qué pasó?

 

Según relataron, había sucedido lo siguiente: después de llegar Peter al campamento y dejarlo todo arreglado para el día siguiente, se fue a su tienda de campaña, situada a unos veinte o veinticinco metros del resto del campamento para los turistas, pues le gustaba la tranquilidad e independencia en su vida privada. El personal africano se acostó según la rutina establecida, haciendo lo mismo Peter en una tienda de campaña que le había regalado yo adquirida en la Armería y Deportes Altarriba, en Valencia, de la que yo era gran amigo y cliente de toda la vida.

Calculando más o menos a ojo, quizás entre las dos y las cuatro de la madrugada se armó un griterío impresionante, mezclando rugidos de león con gritos desgarradores de Peter pidiendo socorro. Por lo visto, la fiera tenía perfectamente localizado a Peter dentro de la tienda de campaña. Como la cremallera estaba completamente cerrada, el león se sitúo en el costado, donde estaba la cama, seguramente guiado por los posibles ronquidos de Peter, desgarró de un zarpazo aquel lado de la tienda, se coló dentro y agarró a Peter por un hombro, tirando de él hacia afuera.

En su espanto y desesperación, parece que Peter intentó agarrarse a lo que fuera, seguramente a la pata de su camastro, pues este apareció tirado al lado de un gran charco de sangre cuando el león lo consiguió sacar de la tienda. Peter no tenía ninguna arma con él, pues había dejado su .375 Magnum en Chanjuzi, pero, aunque lo hubiera tenido, tampoco lo habría podido utilizar, ya que el ataque del león, que luego resultó ser una vieja leona, fue la oscuridad más absoluta sin dar tiempo a nada…

cazador de leones en revista trofeo caza

El cazador profesional H. Malewsky con un león devorador de hombres, cazado por él en Kenia en 1935.

Al organizarse aquel clamor infernal en la tienda de Peter todo el personaje despertó, naturalmente, pero en lugar de encender luces y chillar para asustar al animal lanzándole ramas encendidas, etc., toda la ayuda fue, unos subirse a los árboles y otros pegarse a la hoguera, que se mantenía encendida por la noche, en teoría para asustar a los animales que se pudieran acercar al campamento que, en este caso, fue un total y horrible fracaso.

Una vez arrastrado fuera de su tienda, Peter continuó chillando, pidiendo socorro de la forma más desesperada y enloquecida, pues, con su gran experiencia, sabía lo que le esperaba. Por los rastros se pudo reconstruir, más o menos, lo sucedido al pobre Peter, que seguiría pidiendo socorro inútilmente…, lo cual parece que irritó a la leona, pues le dio un zarpazo en el cuello, destrozándole la garganta y fracturándole las vértebras cervicales que, por fuerza, debió causar a la muerte instantánea, que fueron la razón de aquel gran charco de sangre junto al camastro. Después, la leona arrastró el cuerpo de Peter hacia unos matorrales que rodeaban el campamento, para devorarlo.

El espanto y terror que debió pasar Peter desde que la leona lo cogió por el hombro matándolo luego, no creo que existan palabras para describirlo, y yo no entraré en más detalle aquí, pues, a pesar del tiempo transcurrido, cada vez que lo recuerdo, me pongo enfermo recordando lo que debió de sufrir el pobre Peter.

Leona andando por Namibia

Leona andando por Namibia

La búsqueda de Peter

 

Tan pronto como hubo luz del día todo el personal se fue a Chanjuzi para contar el desastre que había ocurrido, encontrando que estaba allí Adrián Carr, hijo de Norman, un jovencito de algo más de veinte años de edad, a quien yo había tenido de ayudante durante dos años, entrenándole para ser cazador profesional, de acuerdo con lo que me pidió su padre, teniendo la satisfacción de decir que Adrián se convirtió en uno de los mejores cazadores que conocí en mi vida.

Al llegar Adrián al campamento de Peter lo primero que vio fuera la tienda de campaña medio destrozada, lo mismo que el camastro y el enorme charco de sangre, seguido por un rastro marcado en la tierra de un cuerpo arrastrado junto con las huellas de un león dirección unos matorrales y árboles llenos de buitres, esperando, como es lo normal, a que el león terminara de comer para ellos abalanzarse sobre los restos que quedaran… Allí estaba aún la leona, comiendo en el cuerpo de Peter que, al darse cuenta de que se acercaban personas, abandonó el cadáver internándose en la maleza. Mientras el resto del grupo avanzaba lentamente intentando localizar a la leona, esta volvió de nuevo al cuerpo de Peter, pero al encontrarse de cara con Adrián lo atacó sin dudarlo, quien le hizo un disparo con su rifle .416 Rigby sin pararla, repitiendo rápidamente el tiro, abatiéndola cuando estaba a unos tres metros tan sólo de Adrián.

tumba de peter en namibia

Tony junto a la tumba de Peter Hankin en Chanjuzi, Valle del Luangwa (Zambia), mal conservada por culpa del clima.

Del cuerpo de Peter sólo quedaba la cabeza, parte del pecho y el brazo derecho, el resto había sido ya devorado por la leona. Esta no mostraba ninguna tara, pero estaba muy delgada, como si no hubiera comido durante mucho tiempo, y quizás fuera esta la razón del sobreponerse al miedo natural que les inspiran los seres humanos, quedando todo el referido «quizás» sin más aclaración…

Personalmente, el ver a un viejo y querido amigo en aquel estado, me afectó de tal manera que, durante dos días, todo lo que comía lo vomitaba al momento, uniendo a ello el pensamiento del horror que debió sufrir Peter, sabiendo lo que le esperaba al pobre, ¡cómo debieron de pasar todos los desdichados que perecieron en las garras y colmillos de los leones…!

 

Autor: Tony Sánchez Ariño