El inglés que le susurraba a las perdices: Tom Gullick

Recientemente y a la edad de 92 años, falleció Tom Gullick, ornitólogo, conservacionista y gestor inglés que se asentó en La Mancha hace más de 40 años y que llegó a gestionar más de treinta mil hectáreas para celebrar ojeos de perdiz. Fue el ejemplo vivo de que el binomio caza y conservación funciona. Únicamente se dedicó a la perdiz salvaje, gestionándola todo el año, y si comprobaba que la población de perdices no era suficiente, no cazaba o limitaba las capturas a  determinado número de perdices. Y siempre se negó a comerciar con perdices de granja.

Como ornitólogo viajó por todo el mundo buscando las aves más escasas y recónditas y logró el récord del mundo del mayor número de especies vistas por ser humano en la historia. Más de nueve mil.

Trofeo quiere dedicarle este merecido homenaje publicando unas breves notas biográficas y recordando cómo ayudó, junto con su propietaria Patricia Maldonado, a convertir una finca como Las Ensanchas, en un paraíso para la perdiz y en un santuario de biodiversidad.

Homenaje a Tom Gullick

Tom, el inglés de La Mancha.

El Galli”, llamado así por los lugareños.

El inglés alto, delgado, de ojos azules, con aspecto de explorador, pegado siempre a sus prismáticos y a su cigarro puro.

El mismo que enarbolando una bandera naranja y a la voz de: ¡Al ataque!,  comenzaba todos los ojeos de perdices durante más de 30 años con el mismo afán de niño ilusionado.  Con ese mismo aleteo de banderas  te despedimos hace unos días cuando tras el funeral iniciaste tu último viaje en este mundo. En esta tierra que tanto amaste por encima de todo: La Mancha. En tu pueblo de adopción: Villanueva de los Infantes. Donde vivías y contemplabas lo que para ti era una de las panorámicas más hermosas posibles. En la casa que elegiste hace más de cuarenta años y en la que diste tu último suspiro, tu último aliento de vida. A los 92 años, tras una existencia plena, coherente y elegida.

Toda una vida dedicada a la conservación de lugares y aves. Protegiste muchas de sus lagunas cuando en aquellos años esa actuación era de “marcianos” prácticamente. Despertaste inquietud en algunos poderes públicos de la Administración y del Ministerio, quienes recelaban de un inglés que buscaba pájaros y lugares constantemente.

Muchos de los que enviaban a “vigilarte” se unieron a tu pasión y te ayudaban y apoyaban. Todos ellos son actualmente la flor y nata de la Conservación en España, y con ellos pudiste salvar al pato Malvasía, en una suerte de operación rocambolesca para la que conseguiste fondos de tus múltiples contactos internacionales.

Perdices en trofeo caza conservacion

Como es natural, muchas de esas actuaciones en las que invertiste a fondo perdido recursos propios, te saltabas la burocracia y legalismos existentes. “No hay tiempo para eso”, decías.

¡Qué lejos de lo que ahora domina y manda sobre el campo y la Naturaleza, ahogados en normativas y  muchas veces llenos de una absoluta ignorancia (el peor de los males, decía Sócrates) e incluso de resentimientos opacos, pero que se acomodan y pertrechan detrás de  la bandera del ecologismo de oficina, “¡Chupatintas!”, decías.

Otro de tus objetivos fue el águila Imperial, nuestra rapaz endémica y magnífica, en peligro de extinción por aquellos años ya lejanos. Por ella recorriste zonas amplias y muchas sierras en las que no había habido censos ni búsquedas con tus amigos, jóvenes españoles que luego ayudaron en la formación de la Fundación de los Amigos del Águila Imperial.

Caza y Conservación, dos palabras que en tu caso dieron sentido y forma a tu vida. Llegaste a gestionar para tu querida perdiz roja más de 30 mil hectáreas de los términos vecinos de Villamanrique y la Puebla del Príncipe. Contrataste para su vigilancia y cuidados a 25 guardas jurados y te alejaste de comerciar con lo que tu llamabas “perdiz de plástico”, perdiz de granja que por aquel entonces nacía y llegaba para quedarse.

Tom en el campo en revista trofeo caza

Durante los años 70, 80 y algo de los 90, conseguiste mucho éxito con cazadores internacionales, siempre lo fueron (ingleses en su mayoría), alemanes, sudafricanos. Para ti los latinos eran muy ansiosos y exigentes.

Poco a poco y a pesar de tu trabajo y empeño, los comerciantes de la perdiz fueron ganando la guerra que finalmente diste por perdida en la primera decena de los años 2000. A ello contribuyeron los años de sequías de baja natalidad y escasa supervivencias de pollos, además de las exigencias de unos clientes nuevos y jóvenes que querían pegar muchos tiros. Todo ello fue un sumando.

Te quedaban tus viajes de pájaros, guiando clientes pajareros que viajaban a La Mancha a ver las especies más importantes que aquí habitan. Gracias a ello, cientos de birdwatchers europeos viajaron a esta tierra que por desconocida y “vaciada” presentaba lugares espléndidos de aves y paisajes.

Te sorprendía la fama que tenía Extremadura, tan conocida y difundida frente a la humildad y desconocimiento de esta tierra de “aljibes y vino”. La patria del Quijote…y Sancho. Nada menos.

También guiabas pajareros en Marruecos, por todo el país, de arriba abajo. Por las cordilleras del Atlas, los desiertos y la costa. Huías como alma que lleva el diablo de las ciudades y sus zocos, no se podía perder ni un minuto. ¡Había tanto que ver y buscar!

ensanchas en revista trofeo caza

La riqueza de sus lugares, la diversidad de hábitats, la fascinación de su exotismo y cultura, hacían de este viaje algo extraordinario. Tuve la suerte de compartirlo en más de trece ocasiones. Cada una de ellas resultaba nueva.

Llegabas, gracias a los que convertías en guías locales, a lugares únicos y desconocidos, incluso para los más avezados pajareros. Así pudimos ver la Hubara (avutarda del desierto) y sobre todo las gangas de Lichtenstein, un ave maravillosa que acude de noche a beber en las pequeñísimas charcas de una zona de Marruecos. Con linternas y en silencio absoluto. Y el chotacabras núbico, en medio de la dunas. De anochecida también. Todo era magia, envueltos estábamos en la cálida brisa del desierto.

Los Pirineos, otro de tus destinos en España. Cada mes de mayo, a finales y principios de Junio te instalabas allí en la querida Bielsa, tras pasar Aragón y sus Monegros y los cortados donde buitres y alimoches anidaban tras su regreso de su invernada africana. En esa época del año, Castilla ya aparecía con sus campos amarilleando, mientras que allí todo era explosión primaveral.

A veces nos acompañaba Rafael Heredia, el hombre que salvó al quebrantahuesos de la extinción y tu mejor amigo.

Y por último, tus viajes ornitológicos propios para ver aves y ampliar tu lista. Esta afición-pasión, nacida desde niño y nunca abandonada ni siquiera interrumpida durante los años al servicio de Su majestad la Reina, como marino de la Royal Navy en la Segunda Guerra Mundial.

Me contaste que lograste introducir en el submarino tu springer spaniel (algo prohibido) . En una de las paradas en una isla bajaste y te pusiste a cazar patos ayudado por tu perro. La tripulación almorzó carne fresca ese día y a ti casi te costó un consejo de guerra.perdiz andando en revista trofeo

Viajaste por todo el mundo, literalmente, en busca de especies de aves para lograr lo que al final obtuviste: el récord del mundo del mayor número de especies vistas por ser humano en la historia. Más de nueve mil. En 2012 en una isla de Indonesia, archipiélago de las Célebes.

Yo fuí testigo afortunada de ello. Así como de muchos viajes más en los últimos 22 años, desde Alaska a la Antártida, India, Vietnam, Camboya, Angola, Sudáfrica, Botswana, Namibia, China, Japón, Brasil, Perú, Nueva Zelanda, Indonesia, Taiwan, etc.

Nada comparable a tu propio recorrido  en un periodo de 60 años o incluso más.

De tí aprendí a ser pajarera, ello comenzó aquí en Las Ensanchas una mañana tras realizar el conteo de perdices previo a las cacerías, (se cazaban en número según hubiera sido el año de cría). Ese día, un pequeño pájaro estaba posado cerca capturando insectos y me dijiste: “¿sabes? es un papamoscas gris. Vienen del norte en su migración a África donde pasarán el invierno. Es un viaje largo de miles de Kilómetros para un ave tan pequeña.” Ese fue el momento y el inicio de una pasión compartida.

Un mundo nuevo y fascinante gracias a ti, ese y el amor y el aprendizaje del cuidado de la Naturaleza.

Desde lo profundo del corazón, siempre, eternamente, gracias Atila.

IN MEMORIAM.

Autora: Patricia Maldonado Vidal