La verdad contra el poder en el juicio sobre la existencia del C. e. hispanicus

El Dr. Tomás Landete responde a las críticas de la Asociación del Ciervo Ibérico y explica cómo la verdad científica impidió que varios inocentes fueran condenados por un delito inexistente.

 

Respuesta (a título personal) a las críticas de la Asociación del Ciervo Ibérico al científico del IREC que fue el perito que impidió que unos propietarios de cotos fueran a la cárcel por un delito que no existe: introducir subespecies europeas que no son el Cervus elaphus hispanicus.

Hace unos días se publicó un artículo en esta web escrito por la Asociación del Ciervo Ibérico. En el artículo, lleno de incorrecciones y varias falsedades, se criticaba al IREC en las siguientes frases:

“Entre las personas y entidades interesadas en la conservación de nuestra subespecie de ciervo (Cervus elaphus hispanicus) acabamos de ver con extrañeza y una cierta preocupación (…) en la absolución de los diez acusados de traficar ilegalmente con ciervos centroeuropeos que introducían ilegalmente en España. (…) lo más llamativo es que haya sido la intervención de los peritos del IREC que participaron como testigos en el juicio lo que haya influido en el juzgador para evitar una sentencia condenatoria. Estos expertos negaron la existencia de la subespecie ibérica”.

Ese experto del IREC fui yo. Además, en este artículo explicaré más extensamente que hubo otro grupo del IREC que no solo estaba en la acusación, sino que hizo las pruebas genéticas que dictaminaban quien tenía genética “de poblaciones no ibéricas” (ya que ya por entonces sabían que no existía el ciervo ibérico Cervus elaphus hispanicus). Es decir, apuntaban quien había cometido el crimen.

Pero antes de entrar en materia, indicaré que el IREC ha publicado una nota aclaratoria para la que no me consultaron en un principio, y que se puede ver en su pagina web.

Como el IREC dijo en esa nota que los científicos del IREC actuaron a título personal en ese juicio, por eso he empezado con esta aclaración en el título de este artículo. En principio, la nota de prensa tenía una incorrección que yo indiqué en cuanto la leí: “La justicia falló a favor de la absolución de los acusados. Posiblemente, porque no se sustanciaron efectos negativos graves sobre la especie Cervus elaphus ni sobre su sanidad”, y les indiqué que no había un “posiblemente”, que yo sí había leído el fallo judicial y la clave del juicio era que no existía la subespecie ibérica, Cervus elaphus hispanicus. La nota está ahora corregida y el IREC, aunque defiende que hay diferencias genéticas en los ciervos ibéricos, aclara que no es una subespecie. Por cierto, ese “posiblemente” referido a la sanidad parece apuntar a que quien convenció al juez fue el experto en sanidad, que como verán más abajo, era en realidad quien había elaborado el informe para decir quien no tenía “genética de las poblaciones ibéricas”, y perito fundamental de la acusación.

El artículo de la Asociación del Ciervo, cuya primera mentira es seguir defendiendo la existencia del C. e. hispanicus (intolerable en una asociación con ese nombre que no sepa que no existe “nuestra subespecie”), termina recordando a todo el mundo la legislación (como si el juez, la fiscal y los abogados no la conocieran, lo cual es una falta de respeto a todos ellos), en este párrafo: “También recordamos que sigue siendo de aplicación a este tráfico y suelta de ciervos no autóctonos el delito del artículo 333 de Código penal, así como que sigue siendo infracción administrativa, tanto en las normativas regionales como estatales. Así la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad prohíbe la introducción de subespecies distintas de fauna silvestre.” Les ha faltado indicar que el artículo en cuestión es el artículo 52.2. Pueden preguntarle al juez, o a mí, que lo conocía perfectamente.

Por cierto, sí tengo autoridad para todo lo que indico en este artículo y también para pedirle al IREC que cambiase la frase: en la web estadounidense que clasifica a los expertos científicos en cualquier área, yo ocupo el quinto puesto a nivel internacional en estudios de cuerna de ciervo (https://expertscape.com/ex/antlers), y en ciervos, el decimotercero (https://expertscape.com/ex/deer), soy el primero no asiático en el primer ranking y el primer español en el segundo, y por tanto, por encima en ese ranking de los grupos científicos que servían como peritos en el juicio (lo que no obsta para decir que tienen también un gran prestigio internacional). Esto es importante porque aporta la autoridad para que el juez creyera que sabía lo que decía. No estoy en ellas por investigar las diferencias genéticas de nuestros ciervos, sino por algo menos controvertido y más útil: hemos demostrado que la cuerna en crecimiento del ciervo es un anticancerígeno general y que, en  ratones, reduce un 60% un tipo de tumor cerebral, pero eso es otra historia para otro momento (y lo pueden encontrar fácilmente en Google).

Dado que en la propia nota del IREC recogen una de las frases de los artículos contra el IREC que aparentemente, critican mi actitud (“la facilidad que en ocasiones tiene el mundo académico para trabajar al servicio de grupos de presión o de intereses particulares, olvidando la necesaria independencia y neutralidad”) he decidido modificar un artículo que publiqué a finales de octubre en el boletín de la asociación internacional del ciervo (IDUBA, por cierto, en 14 idiomas, porque tiene una dimensión de interés transnacional) para explicar la situación en detalle. Para quienes han llegado hasta aquí, les diré que la pregunta clave es: “si está claro que no existe el Cervus elaphus hispanicus, que es la razón por la que se inició el juicio en 2014 y tuvo su vista el 14 de noviembre de 2024, ¿Cómo es posible que se llegara al punto de tener una vista oral, con posible prisión para unos dueños de cotos que no podían cometer el delito de introducir subespecies alóctonas de ciervo, porque no existen?

Bien, pues esta es la explicación, y mi defensa es exactamente la contraria a la de un científico sin principios “trabajado al servicio de grupos de presión olvidando la independencia y neutralidad”. No hay neutralidad posible entre la verdad y la mentira. Por eso titulé el artículo como se indica abajo:

 La verdad contra el poder: la historia de cómo la mentira sobre una subespecie de ciervo inexistente podría llevar a la cárcel a varios propietarios de fincas de caza.

la Asociación del Ciervo Ibérico

La razón de que este artículo se publicase en un boletín internacional sobre ciervos se debe a un par de razones: 1) no existe ninguna subespecie del ciervo común, esto es una verdad científica, pero los dos equipos científicos que apoyan la acusación venden certificados para esta subespecie de ciervo inexistente. 2) La segunda razón que hace que esto sea interesante para un público general, es que es un ejemplo de la lucha entre la verdad y el poder. En palabras de Marco Aurelio (emperador romano que también fue filósofo, conocido popularmente por ser el viejo emperador al comienzo de la película «Gladiator»): «la verdad lucha sola, pero las mentiras tienen cómplices». La lucha entre la verdad y el poder (necesario para difundir mentiras) se ha repetido una y otra vez en la historia de la humanidad, y en muchos países. Como normalmente gana el poder, los pocos casos en los que triunfa la verdad se convierten en una historia interesante para el público general. En este caso, yo puedo decir que interesó fuera de España porque varias personas del mundo del ciervo me escribieron para decirme que les había gustado mucho el artículo.

Resumamos el caso. En 2014, el SEPRONA, realizó una redada en varias fincas de caza en busca de ciervos con genética perteneciente a subespecies no ibéricas de ciervo (Cervus elaphus hispanicus). En delitos como el asesinato, el robo, etc., las pruebas de ADN están muy bien establecidas y se conocen como análisis forenses. En los delitos contra la naturaleza, esto no está tan claro, ya que las especies varían mucho (no son humanos, como en el 99,99 % de las pruebas forenses de ADN). Por lo tanto, dado que el caso no está claro en los casos relacionados con la naturaleza, la policía pidió ayuda a dos de los tres grupos de investigación de ciervos de España. Uno de ellos era el investigador más conocido que realizó todas las pruebas de ADN desde principios de la década de 2000 para certificar que un ciervo era Cervus elaphus hispanicus. En el artículo, por motivos legales, ya que aunque sea verdad, no estoy para más juicios, indiqué “llamémosle Dr. C”. Todavía no sé si la policía acudió primero a él y él no pudo realizar la prueba genética, y luego acudió al segundo grupo. La cuestión es que él ha realizado todas las pruebas en España desde principios de la década de 2000, y desde 2009 estaba claro que no existe el Cervus elaphus hispanicus. Certificar quién había cazado un C. e. hispanicus posiblemente fuera un negocio rentable (no solo en términos económicos, sino también en reputación), porque este científico intentó demostrar siempre la existencia de la subespecie ibérica incluso más allá de 2009 (cuando estaba claro que no existía). De modo que, en 2014, probablemente intentó proteger su negocio (y su estatus social), pero probablemente porque al saber que no existía el C. e. hispanicus y la consiguiente duda de acabar en la cárcel por realizar una prueba falsa que demostrara que alguien tenía ciervos diferentes a C. e. hispanicus, fue suficiente para que se negara a realizar la prueba genética. No puedo afirmarlo porque no lo sé. Entonces, ¿qué hizo? Tampoco pudo evitar ayudar a la policía, ya que era la autoridad en pruebas genéticas para distinguir C. e. hispanicus de otras subespecies inexistentes de ciervo común. Elaboró un informe (que leí, al igual que el otro del segundo grupo del IREC para la fiscalía y que incluía las pruebas genéticas) en el que indicaba que está absolutamente claro que España tiene su propia subespecie de ciervo común (C. e. hispanicus), por lo que, si alguien tiene genética de otros países, se trata de un delito contra el artículo 52.2 de la ley 42 del Patrimonio Natural. Sin embargo, no realizó la prueba genética. No señaló quién debía ir a la cárcel, por lo que evitó el riesgo de ir él mismo a prisión por una acusación falsa.

La policía no podía presentar cargos basándose en un informe científico: necesitaban una prueba genética que acusara al individuo X, Y, etc. Por lo tanto, acudieron a un grupo de investigación del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) de España, que gozaba de gran prestigio en el ámbito de la investigación sobre ciervos (nosotros, como he dicho, también pertenecemos al mismo instituto). Este grupo no había realizado pruebas genéticas en ciervos hasta ese momento. Como aprendí cuando elaboré un informe para este juicio, hay dos niveles de calidad en las pruebas de ADN, o en cualquier otro tipo de prueba (mecánica, composición química, lo que sea): científico y forense. Contrariamente a lo que mucha gente puede pensar, el nivel científico es el de peor calidad. La razón es que estamos a la vanguardia de la investigación, a menudo utilizando técnicas de reciente desarrollo, por lo que es bastante probable que cometamos errores. Sin embargo, las pruebas forenses no pueden permitir eso: no podemos hacer una prueba con un margen de error grande y enviar a alguien a la cárcel. Sin embargo, parece que el grupo científico del IREC que realizó la prueba genética apenas había empezado a realizar estudios genéticos. No era ciencia forense. Un aspecto importante es que, en el informe de este grupo, “dirigido por el Dr. G.” (como lo describía en el artículo de octubre), así como en el del Dr. C, todos mencionaban los mismos artículos científicos internacionales publicados en 2004, 2008 y 2009 que demostraban que no hay subespecies de ciervo común en Europa. Es decir, sabían que no existía el C. e. hispanicus en el momento de realizar las pruebas y, por lo tanto, sabían que se arriesgaban a ir a la cárcel por señalar a alguien que había introducido una subespecie exótica (un delito que no existía). ¿Qué hicieron en sus pruebas de ADN? Hablan de «genética de otros países europeos». El efecto final (quizá no planificado, pero fue como resultó) es el de una tenaza: uno dijo que estaba absolutamente claro que en España hay una subespecie de ciervo, y el otro dijo que la genética es de fuera de España y Portugal. La conclusión obvia del juez sería que los propietarios de los cotos de caza estaban trayendo subespecies de otras partes de Europa: los propietarios de los cotos de caza estaban condenados a ir a la cárcel.

¿Qué hicieron los propietarios de los cotos de caza? Mencioné que había tres grupos de investigación sobre ciervos con reputación internacional. Dos estaban ayudando al fiscal, por lo que pidieron ayuda al tercero: ¡a nosotros! ¿Por qué precisamente estos dos grupos habían trabajado tanto las relaciones públicas, institucionales, con el SEPRONA (que creía que existía el C. e. hispanicus), la administración, juntas de homologación de trofeos, etc.? Como dije en el juicio, probablemente porque ambos vendían certificados de pruebas de ADN para demostrar que un ciervo de una finca cinegética que pagaba la prueba era C. e. hispanicus. Como mencioné en el artículo, el Dr. G es uno de los fundadores de la empresa tecnológica Sabiotec, que emana y está asociada al grupo científico Sabio del IREC. La figura 1.1. muestra que venden certificados para detectar «genes exóticos» en la subespecie que vive en la península ibérica: C. e. hispanicus. Es decir, en el momento de escribir este artículo (06/11/2025) aún indica que el C. e. hispanicus es la subespecie ibérica del ciervo.

 Nuestro grupo no vende ningún certificado, por lo que no hizo el esfuerzo de establecer una narrativa falsa que apoye un negocio basado en una mentira (desde luego, aunque la verdad de la inexistencia del ciervo ibérico la cuento en el master de ingeniería agronómica de la UCLM todos los años, nunca me han llamado para darle una charla al SEPRONA sobre esto, y repito, soy del IREC).

El juicio tuvo lugar diez años después de la toma de muestras (2014), el 14 de noviembre de 2024. ¿Por qué tanto tiempo? El juicio se retrasó una y otra vez y los peritos que tenían que testificar fueron cambiados en numerosas ocasiones (fui expulsado varias veces de la lista de peritos y seguí pidiendo a los propietarios de la finca de caza que solicitaran que se me volviera a incluir en la lista o se arriesgaban a acabar en la cárcel). Yo nunca vi en esas listas variables ni al Dr. C ni al Dr. G, hasta la lista de 2024. Cuando llegó el día final de la verdad contra el poder, el Dr. C siguió testificando que C. e. hispanicus existía (¡¡¡en 2024!!!: los mentirosos no pueden admitir su pecado). Yo hablé después de él y, después de mí, testificó el Dr. G, que me pareció muy incómodo al verme con actitud fría y distante antes de testificar, con un ordenador y un grueso conjunto de diapositivas impresas listas para mostrar al juez: yo no estaba allí para tener un “pacto entre caballeros”. Seguramente eso explica, como indico al final, que pasase del informe acusatorio a poco menos que darles las gracias a los dueños de cotos por aumentar la variabilidad genética de los ciervos españoles (según el texto de la sentencia).

Lo primero que te dice el juez cuando eres testigo o perito es: «Le recuerdo que está obligado a decir la verdad y que podría tomar medidas para procesarle si considero que está mintiendo». En política, en las noticias, no hay que pagar ningún precio por mentir, pero en un tribunal puedes pagar con tu libertad si mientes. Tuve que decidir entre ser políticamente correcto, no perjudicar a mis colegas científicos, evitar su posible venganza (en ciencia, los informes para financiar proyectos son juzgados anónimamente por otros científicos, lo que garantiza impunidad de posibles sesgos, y contradice el artículo 24 de la constitución), o decir la verdad, de la que no iba a obtener ninguna recompensa más que la paz de conciencia. Así que, cuando uno de los abogados defensores me preguntó: «Un experto científico y varias personas han testificado que existe una subespecie de ciervo en España: el ciervo ibérico o Cervus elaphus hispanicus. ¿Existe esta subespecie de ciervo?», llegó el momento de demostrar qué principios iba a seguir y respondí: «No existe ninguna subespecie ibérica de ciervo, ni Cervus elaphus hispanicus, ni ninguna otra subespecie en Europa. Los dos grupos que presentaron las pruebas para la acusación mienten y saben que mienten. Puedo decir ésto porque incluyen en sus informes los mismos artículos que yo incluí en el mío, y estos artículos demuestran que no hay subespecies de ciervo en Europa, y desde luego no el Cervus elaphus hispanicus».

La segunda pregunta fue igualmente directa: «¿Por qué mienten y por qué el tribunal debería confiar en su palabra?». Mi respuesta fue: «Lo hacen porque venden certificados falsos de genética de Cervus elaphus hispanicus, una subespecie que no existe. Estos grupos tienen interés en mantener una narrativa falsa de que la subespecie existe para poder vender este servicio. Yo no vendo nada. El Dr. C lleva vendiendo este servicio desde principios de la década de 2000, y acabo de consultar la página web del otro grupo del IREC, Sabio (acrónimo de Sanidad y Biotecnología, Sabio = sabio en español), y su empresa tecnológica, Sabiotec, ofrece un servicio que dice “En la Península Ibérica, el ciervo ibérico (Cervus elaphus hispanicus) es la única subespecie autóctona de ciervo”. Ésto es mentira».  Seguramente me gané dos enemigos para siempre: no solo luchaba «solo por la verdad», sino que también exponía las mentiras que «tienen cómplices» (necesario para cancelar la verdad y evitar que la mentira llegue al público general).

Por cierto, con fecha de hoy, como se puede ver en la captura de pantalla adjunta (Imagen 1.1), Sabiotec sigue indicando que existe el Cervus elaphus hispanicus. Hasta donde yo sé, esto no es un fraude local: los certificados se han hecho por toda España.

 La siguiente pregunta demostró por qué se trataba de un caso judicial sobre ciencia y sus argumentos: «¿Puede explicar al tribunal por qué no existe la subespecie ibérica de ciervo y desde cuándo se sabe?».

artículo de Polziehm y Strobek en trofeo caza y conservación

Imagen 1.1. Captura de pantalla de la empresa Sabiotec con un servicio que certifica “la pureza ibérica del ADN del ciervo”, y lo aclara con algo que es falso: el Cervus elaphus hispanicus es la única especie autóctona de la península ibérica. Captura de pantalla con fecha 6 de noviembre de 2025 en: https://sabiotec.es/es/servicios/berodeer-certificamos-la-pureza-genetica-iberica-del-ciervo. La empresa emana de un grupo del IREC, cuya postura oficial es que no existe esta subespecie. Una gran coherencia.

Mapa de Europa hace 12 000 años

Imagen 1.2. Mapa de Europa hace 12 000 años, en la última glaciación. Al sur de la capa glacial, que era un desierto con una capa de hielo de 4 km de espesor, había una estepa ártica. De hecho, en la cueva de Las Monedas (Cantabria, norte de España) se encontró el dibujo de un reno, un ciervo ártico, y la fauna típica se refugió al sur de esta línea. 12 000 años no son suficientes para que se desarrollen subespecies.

Resumiré los argumentos que expuse en la sala, pero pueden ver todo el razonamiento y la información en el boletín de otoño de 2024 y otoño de 2025 de la web de la asociación que mencioné al principio:

En 2002, un artículo de Polziehm y Strobek demostró que se necesitan entre 80 000 y 90 000 años de aislamiento genético para producir una subespecie en ciervos (humanos, jabalíes, conejos, etc.). En 2004, Ludt et al. publicaron otro artículo en el que explicaban que no podían diferenciar entre subespecies europeas con pruebas genéticas en el lugar correcto del ADN mitocondrial (la fábrica de energía de la célula) donde deben hacerse estos análisis. En 2008 y 2009 se publicaron dos artículos que mostraban por qué ocurría ésto: hace 15 000 años, en la última glaciación, había una capa de hielo que cubría la mayor parte de Europa occidental [véase la imagen 1.2]: se puede ver en una fotografía de la cueva de Las Monedas (norte de España) donde hace 12 000 años un humano dibujó un ciervo con cuernos en forma de C, que es claramente el reno ártico. Si el norte de España era el Ártico, entonces la fauna de clima templado se encontraba al sur de éste, es decir, en España-Portugal, probablemente Italia y los Balcanes. Repito, al norte de esta zona se encontraba el Ártico. Si todos los ciervos se mezclaron en estos refugios y solo quedaron aislados (y esto es solo una hipótesis) durante los últimos 12 000 años, no tuvieron tiempo de convertirse en subespecies diferentes.

Segundo argumento. Si existe un Cervus elaphus hispanicus (o C. e. hippelaphus, o C. e. scoticus), ¡entonces existen subespecies de humanos! Este es un argumento muy sólido y, probablemente, si el juez y el fiscal no estaban convencidos antes, esto les hizo cambiar de opinión: hace entre 12 000 y 15 000 años, toda Europa y Asia, Estados Unidos y Canadá estaban cubiertos por una capa de hielo de 4 km de espesor (les ahorro leer artículos científicos, hay vídeos maravillosos en Youtube). La cantidad de agua era tan enorme que el nivel del mar estaba 120 m por debajo del nivel actual. En aquella época, el estrecho de Bering no era un estrecho, sino un puente (llamado Beringia) que se podía cruzar a pie. Los humanos cruzaron de Eurasia a América. Cuando el hielo se derritió, los ciervos pudieron ir al norte de Europa, pero probablemente también pudieron ir al sur (es decir, no hubo aislamiento). Los que no pudieron cruzar el estrecho de Bering cuando se inundó de nuevo fueron los humanos, y realmente han estado aislados durante los últimos 15 000 años en América. Este argumento, fundamental para mí, lo escribí en la introducción del artículo científico (publicado en la revista Animals) sobre genética que hice en colaboración con el brillante genetista Dr. Radovan Kasarda y el Dr. Jaroslav Pokoradi, en 2023, y lo hice porque quería que llegase a la comunidad científica y no solo se expusiese en mis clases o en un juicio.

 ¿Por qué creo que este argumento fue tan definitivo para un juez y un fiscal? Nadie en la administración de justicia de ningún país aceptaría un argumento tan denigrante como el de que existen subespecies humanas, excepto en la Alemania nazi de los años 30 (o en países con regímenes similares en aquella época). Antes de testificar, el abogado de los acusados me advirtió que la fiscal era muy dura al hacer preguntas: no me preguntó nada después de escuchar este argumento: nadie quiere alinearse con Hitler.

Por cierto, llegados a este punto, la próxima vez que les digan que hay que defender la subespecie ibérica, Cervus elaphus hispanicus, quizá puedan preguntarle a su interlocutor: “¿Y tú que opinas, también hay una subespecie del ser humano, el Homo sapiens americanus, y, en palabras de la Asociación del Ciervo Ibérico, la inmigración de esa subespecie en España produce una grave erosión genética en la pureza de nuestra raza ibérica de Homo sapiens?” Solo este argumento explica por qué yo tenía que acudir al juicio a explicar la barbaridad intelectual que significaría aceptar que puedan existir subespecies en ambos tipos de mamíferos. El argumento de la imposibilidad de subespecies, por cierto, es de aplicación para jabalíes, corzos, conejos y cualquier especie de fauna templada que acabó hace 15.000 años en el mismo refugio ibérico que el ciervo.

 -Tercer argumento. Las diferencias genéticas que parecen indicar una mezcla artificial pueden ser fruto de un proceso natural. Antes de eso, me preguntaron sobre la importancia del aspecto del ciervo para discernir si es ibérico o no. Le dije que el aspecto no es importante: lo importante y el método preciso es la prueba genética. Por ejemplo, los lobos y los malamutes de Alaska parecen similares, pero son subespecies diferentes (Canis lupus lupus, el lobo, y Canis lupus familiaris, el perro). Sin embargo, un chihuahua y un malamute de Alaska tienen un aspecto muy diferente, pero ambos son Canis lupus familiaris. Puse otro ejemplo con los ciervos de Woburn, seleccionados para tener muchas puntas, pero ahorraré poner varias fotografías y un párrafo de explicación.

 En cuanto a las diferencias genéticas y lo que significan, mencioné en este punto dos estudios: en uno (Rey-Iglesia et al., 2017), incluido en el informe que redacté en 2018 para el tribunal (más completo que otro que elaboré en 2014), 15 ciervos murieron cuando se derrumbó una cueva en Liñán (Galicia). De ellos, la mitad eran del linaje genético ibérico (no una subespecie) que se refugió en España hace 15 000 años. ¿Y la otra mitad? ¡Eran de la línea balcánica! El suceso tuvo lugar hace 32 000 años, y no sé qué hacían los ciervos húngaros en España, pero lo cierto es que no habían sido introducidos de contrabando por los neandertales, aunque la Asociación del Ciervo Ibérico los tildaría de “traficantes de ciervos”. Sin embargo, la prueba más impresionante procedía de un artículo de 2022, publicado después de que yo redactara el informe. De todos modos, lo mencioné en la sala del tribunal:

 Los autores, Plis et al. (2022; véase la figura 1.3), al comprobar en el lugar correcto para realizar el análisis, las mitocondrias, descubrieron que algunos corzos tenían genes, no de otra subespecie, sino de otra especie: Capreolus pigargus, el corzo siberiano (el europeo es Capreolus capreolus). Si alguien me hubiera preguntado hace varios años cómo había llegado esa genética a esos animales, habría dicho que los animales se habían mezclado en una granja (lo que constituye un delito según la ley). El problema es que los corzos son pequeños, solitarios y, si se les pone en grupo, se matan entre ellos. No se pueden criar en granjas, por lo que se trata de un patrón natural. Por lo tanto, si se encontrara esta mezcla en ciervos comunes de España y descubriéramos en ellos genes del maral de Rusia (Cervus canadensis sibiricus), ¿cómo se sabe que esto no es también un patrón natural? La situación de esta ciencia en este momento no está clara y, por lo tanto, no se trata de genética forense».

Hay otros argumentos en el informe que presenté, pero no todos pude explicarlos en el juicio ni caben en este artículo, como por ejemplo el estudio de Frank et al. (2017) que encontraron genética ibérica en ciervos de Hungría ¡en libertad! ¿Metemos también en la cárcel al ministro de medio ambiente de Hungría o al representante del organismo de parques nacionales de ese país?

Frecuencias de haplotipos de grupos de ADN mitocondrial de corzos en las poblaciones definidas de corzos europeos.

Figura 1.3 Figura 4a de Plis et al. (2022). Como dice: «Fig. 4 Frecuencias de haplotipos de grupos de ADN mitocondrial de corzos en las poblaciones definidas de corzos europeos. El panel superior (a) muestra las contribuciones del linaje siberiano y los tres clados principales (central, oriental y occidental) del linaje europeo en las 14 poblaciones». El corzo europeo (Capreolus capreolus) y el siberiano (C. pigargus) son dos especies diferentes y, por lo tanto, mezclarlos en una granja sería un delito contra la naturaleza, pero el corzo es un animal solitario y no se puede criar en granjas: éste es un patrón natural.

¿Cómo es posible que la policía defendiera una mentira ante los tribunales? ¿Cómo fue posible enseñar una mentira al SEPRONA, a la administración pública, a las personas que elaboran las leyes y los reglamentos (solicitando un certificado falso para homologar trofeos, o para mostrar a la policía que los ciervos que uno transporta son de una subespecie que no existe)? Una vez que se comprende que una mentira necesita poder para protegerla, y que una gran mentira que influye en la policía y los políticos necesita mucho poder, entonces entran en acción las leyes del poder (reglas seguidas por los mentirosos y sus cómplices). Hay libros sobre el poder (el de Maquiavelo, y otro titulado las 48 reglas del poder), pero básicamente, el mensaje alternativo de la afirmación de Marco Aurelio lo explica: «Luchas solo, tus enemigos se benefician de una mentira y forman un equipo. Un equipo de personas poderosas». No voy a explicar aquí las diferentes formas en que estas personas podrían vengarse, pero soy consciente de ellas. Es decir, que no soy el científico sin principios del que habla la Asociación del Ciervo Ibérico y que me he plegado a intereses de personas que, según Maquiavelo, no te lo van a agradecer demasiado (decía que lo que es fuerte no es la gratitud, sino el miedo y el odio, y me expongo a estas dos últimas por defender la verdad).

 ¿Por qué entonces arriesgarme a ayudar a un grupo de propietarios de cotos de caza que no son mis amigos? Nunca intentaría llevar la existencia de estos certificados fraudulentos a los tribunales para intentar limpiar la práctica científica. Como dice el proverbio chino: si quieres venganza (que no es este caso, por cierto), cava dos tumbas (y se refieren a una para ti). Ya tengo canas y sé que el mundo no se puede arreglar. Sin embargo, recuerden que la situación era ésta: solo había tres grupos científicos que trabajaban con ciervos y que gozaban de reputación internacional. Dos de ellos presentaban pruebas (probablemente en un único movimiento coordinado) para llevar a prisión a un grupo de personas que, si no hay C. e. hispanicus, eran inocentes. Aquí se me planteaba un dilema moral: nadie más que yo podía defender con autoridad a estas personas. La razón para hacer el esfuerzo de decir la verdad ante un juez, es el respeto a uno mismo. Podría haberme mentido a mí mismo y pensar: «esta no es mi guerra», «no puedo arriesgarme a sufrir represalias y daños futuros por defender a personas que no conozco», pero siempre sabría que estas personas fueron a la cárcel por ser yo un cobarde. El filósofo chino Confucio dijo una vez: «Saber lo que es correcto y no hacerlo es la peor cobardía».  También es importante lo que escribió el escritor ruso Dostoievski en la novela Los hermanos Karamázov: «Por encima de todo, no te mientas a ti mismo. El hombre que se miente a sí mismo y escucha su propia mentira llega a un punto en el que no puede distinguir la verdad dentro de sí mismo o a su alrededor y, por lo tanto, pierde todo el respeto por sí mismo y por los demás». Esto es lo que le ocurrió al Dr. C y al Dr. G.: cambiaron el dinero por el respeto a sí mismos. Mintieron por dinero, a la policía, a la administración pública, en sus charlas, en su página web… todo mentiras. Pero tarde o temprano las mentiras se descubren y a la gente no le gustan. Y menos aún a un juez.

 Finalmente, llegó la conclusión de toda esta historia. El 23 de agosto de este año, el juez absolvió a los propietarios de la finca de caza. Yo he leído la sentencia y es interesante la información que contiene. La primera es que el Dr. C. confirmara su informe de 2014 en la sala del tribunal y continuara mintiendo al seguir defendiendo la existencia del C. e. hispanicus. Sin embargo, cuando escribe un artículo científico, se ve obligado a reconocer la verdad y nunca menciona al C. e. hispanicus (de lo contrario, no podría publicar dichos artículos científicos).

Sin embargo, la parte más impresionante del documento de la sentencia judicial fue la declaración del Dr. G. que figura en él. Recuerden que él firmó el informe en el que se acusaba a los propietarios de cotos de caza de traer animales con «genética europea», y fue clave para acusarlos de un delito, aunque se protegió a sí mismo al no afirmar explícitamente que «los ciervos analizados no eran de la subespecie C. e. hispanicus». El texto de la sentencia judicial, corregida para facilitar su lectura, es el siguiente: El Dr. G «dijo que la subespecie en el mundo genético es controvertida y que, según su trabajo (…), no hay razones para concluir que el ciervo en España sea una subespecie denominada Cervus elaphus hispanicus. Dijo que en las muestras analizadas había rastros de ciervos europeos, pero que esto es algo que ha estado ocurriendo durante siglos, (…), que si los ciervos introducidos proceden de poblaciones europeas, eso sería positivo desde el punto de vista genético, ya que aumenta la variabilidad genética y reduce los riesgos para la salud. Afirmó que no tiene conocimiento de ninguna normativa [error de la persona que transcribió, ya que probablemente dijo «publicación científica»] que demuestre la existencia de la subespecie C. e. hispanicus». Impresionante. Me pregunto por qué no lo dijo en su informe de 2014 al SEPRONA antes de realizar las pruebas genéticas, para que el caso nunca se llevara a cabo. En cambio, podría haber dicho a la policía (o en el informe científico) lo buenos que eran los propietarios de los cotos de caza al traer genética europea para mejorar la variabilidad genética de las poblaciones españolas de ciervos. También podría ser coherente y eliminar en 2014 o en 2024 la mención en su empresa científico-tecnológica Sabiotec que, a día de hoy, aún dice: C. e. hispanicus es la «única subespecie autóctona» en España.

Contrariamente al científico sin principios que pinta la Asociación del Ciervo Ibérico, los tengo, y muy fuertes. Recuerdo que un amigo mío me dijo una vez: «A veces la vida te pone un espejo para mostrarte quién eres en realidad, y a mucha gente no le gusta lo que ve». Dije la verdad ante el tribunal y salvé de la cárcel a un grupo bastante numeroso de propietarios de cotos de caza inocentes. Quizá los otros científicos de esta historia no aguanten la imagen que en estos momentos les devuelve el espejo de la vida, pero yo, la verdad, estoy muy orgulloso de lo que hice.

Dr. Tomás Landete Castillejos

Catedrático de Producción Animal en la ETSIAMB

Científico del grupo de Ciencia Animal del IREC

Investigador del Instituto de Desarrollo Regional de Albacete.

Universidad de Castilla-La Mancha