Adquirir un arma nueva es para un cazador un magnífico regalo de Reyes Magos adelantado, y un capricho si uno ya es veterano y dispone de armas que cubran de sobra todas las contingencias venatorias, en todos los continentes.
A ver, voy a contarlas, tengo diecinueve armas rayadas entre España y África. Cinco son rifles express, uno .375 H&H, otro .416 Rigby, dos .470 NE, y un .500 NE. Cinco del calibre .300, y así hasta las diecinueve mencionadas.
Y me voy a comprar la número veinte. Es un capricho, repito, no la necesito, pero me hace ilusión tener un nuevo 7 milímetros Remington Magnum, después de más de cincuenta años desde que adquirí mi primera arma rayada de caza del mismo calibre.
Será de cerrojo tradicional, no tengo nada contra los rectilíneos, sólo que prefiero seguir con el modelo tipo Mauser, que tantos años llevo utilizando en tantas armas diferentes, y no quiero tener un nuevo aprendizaje que, al fin y a la postre, me dará en el manejo fallos míos no deseados. Ya escribió mi amigo Craig Bodington un artículo que titulaba 600.000 cazadores que han adquirido un Blaser, no están equivocados; estoy de acuerdo con el titular y con el texto, pero yo seguiré con el invento del alemán Mauser.
La culata será sintética y la carrilera móvil para adaptarla a mi modo individual de tirar; le pondré un cargador de mayor capacidad, siete balas, y llevará la punta del cañón roscada, lista para cuando, por fin, autoricen el anhelado silenciador. Como el arma llevará un Picantini de serie, le pondré una montura «quick release» lo más baja posible que me admita la mira. Pondría una montura fija, pero prefiero que sea desmontable por los frecuentes viajes en avión.
La óptica hasta 24 aumentos, con 50 de apertura, retícula iluminada (no importante), torreta y cruz del anteojo balísticas. ¡Ah, qué no se me olvide!, con gatillo al pelo, por evitar lo de los gatillazos… cinegéticos.

Para llegar a todo lo anterior, he disfrutado, averiguando las distintas ofertas de la mayoría de los fabricantes de armas deportivas europeos y americanos, también algunos asiáticos. Comparando características y precios de los distintos visores. También me entró la duda en variar de calibre, con los de tan de moda 6,5 Creedmor, 6.5 PCR o con el .270 Short Magnum, pero la relativa facilidad de encontrar munición de 150 grains para el 7 mm R. M. en casi todos los lados me quitó la idea de mis pretensiones.
Cuando me entreguen mi nueva arma, disfrutaré poniéndola en tiro, comprobando cómo agrupa, para luego irme de caza real. ¿Quizás un machete de rececho con unas hembras…, tal vez lo pasee en alguna montería…, por qué no en alguna espera?
Todo lo anterior sólo tendrá una excusa: ir de caza, disfrutar del campo, de los amigos y de la fauna. Y, para no arrepentirme, ya lo he pedido a la armería. Ya adelanté varias veces en este artículo que se trataba de un capricho…
Texto: José García Escorial