Con la humedad de la noche, y los vientos, comienzan a caer las primeras bellotas «melosas» de robles, quejigos y chaparros, que tanto gustan a la caza y que hacen despertar el celo en nuestra fauna silvestre, pues de todos es sabido que, cuando los animales están bien alimentados, su metabolismo hace evocar su instinto maternal que, a su vez, es detectado por el rey del bosque, el venado.

Es entonces cuando nuestros venados se «mojan» el lomo: da comienzo uno de los espectáculos más impresionantes de nuestros montes y que, en el arte venatorio, abre una modalidad de auténtica caza de poder a poder y de lo que debe ser la gestión y conservación del futuro de nuestra finca, pero vayamos por partes.
La berrea, como todo en la naturaleza, depende de muchos factores externos que la hacen variar, en tiempo, forma y espacio, adelantándola, alargándola o intensificándola, en función de estos factores que intentaremos enumerar, y que pueden servirnos de utilidad a la hora de recechar en esta época del año.

La climatología
El primero y más importante, como es natural, es la climatología, y digo más importante, porque es algo que no podemos cambiar ni prever ni modificar ni, por lo tanto, gestionar. Por todos es sabido que con las primeras aguas o, en su defecto, bajadas bruscas de las temperaturas, el celo de los venados se adelanta o se atrasa; pero, además, no sólo influye el tiempo en esos días, sino que lo hace desde primavera, ya que el ciclo natural de cualquier especie, es una cadena biológica desde prácticamente su nacimiento. Cualquier ejemplar de cualquier especie, que nazca tardío, nunca desarrollará como aquel otro que nació a su debido tiempo.

Venado selectivo a 1.430 metros de altitud
Alimentación
Otro de los factores que influirá en nuestra berrea es la alimentación. Esta viene ligada a la meteorología, pero dicha circunstancia, al contrario del clima, sí que la podemos gestionar, aportando comida y agua en nuestra finca, y con ello, regularizar la alimentación de nuestras reses en épocas de escasez y, además, esto mermará los posibles efectos negativos de un mal año climatológico.
Si las ciervas están bien alimentadas, el celo llegará a su debido tiempo, aunque la temporada climatológicamente hablando no sea del todo beneficiosa. Ahora bien, si éstas no lo estuviesen o careciesen de alimentos esenciales, incluso, en muchas ocasiones, no saldrían ni en celo o, en el mejor de los casos, se irían a fincas linderas (y no tan linderas) en busca de ese aporte alimenticio que necesitan. El ejemplo más claro que tenemos de «trashumancia» natural en la caza la vemos en cómo, en la misma finca, con pastos de invierno y de verano, las mismas reses están en diferentes lugares del coto, dependiendo de la comida de cada estación del año.
La buena alimentación es sinónimo de celo en los animales. Lo vemos en los jabalíes: hace décadas prácticamente sólo existían una o máximo dos parideras al año, que se correspondían al celo de la montonera, o al de la siega; hoy en día, vemos en nuestros campos rayones durante todo el año y esto es debido a que en el 90 % del territorio nacional se les aporta alimentos en comederos durante toda la temporada, despertando el celo de las marranas que, si no están criando, salen «altas» todas las lunas gracias una buena alimentación. Con el resto de nuestra fauna pasa igual, lógicamente coincidiendo si son animales de uno o varios celos anuales. Esto nos devuelve a la importancia de suplementar con alimento las fincas ¡todo! el año.

Densidad poblacional
Otro de los elementos importantes que influye en este fenómeno natural es la densidad poblacional. Esto, que puede pasar desapercibido, es algo obvio y lógico, ya que, cuantos más animales haya en una finca, antes se suele producir la berrea, que por porcentaje de hembras que entren en celo será mayor, a la vez que la competencia por un harén y una mejor zona de la finca para los machos, también, y esto provoca los primeros berridos del año.
Muchas fincas de estas características, al estar sus animales más limitados en movilidad y si, además, su aporte alimenticio es bueno, la berrea puede comenzar a mediados de agosto, mientras que, en otra lindera, en abierto o cerrado, con menos comida y a escasos metros, lo hace un mes largo después.

El autor con uno de venado abatido en berrea
Presencia humana
Por último, y no por ello menos importante, si el acotado es finca cerrada, y la extensión de ésta permite a su cabaña cinegética ciertos desplazamientos en busca de sus necesidades alimenticias, de agua y sesteo o, por el contrario, si es campo abierto, donde haya muchas hectáreas de monte virgen, con apenas tránsito humano, berrearían plácidamente durante casi todo el día, ya que la tranquilidad de los animales es esencial para que éstos «abran su boca» con mayor o menor frecuencia. En montes o zonas donde la presencia del hombre es más asidua, los berridos de los cérvidos se escucharán poco y a deshoras.

Venado de Cabrahigos selectivo cazado con Gestión Cinegética La Trocha
Selección de ejemplares
Especificados estos factores que, bajo mi punto de vista, son los más importantes a la hora de que la berrea sea más o menos intensa, de mayor o menor duración, y sea más o menos temprana (hay otros, de menor importancia), trataremos de aprovechar este periodo para gestionar la calidad de los venados de la finca.
Si bien es cierto que la berrea viene ligada a la consecución de grandes trofeos, no debería ser sólo este el objetivo de su caza, y debemos aprovechar la oportunidad que esta época del año nos brinda para abatir aquellos venados que, lejos de otorgarnos una buena genética en nuestro coto, además menguan su calidad y entorpecen la de otros ejemplares válidos y con buena estirpe.
En todos los cotos, la berrea es parte primordial de la gestión de la finca en cuanto al cervuno se refiere, con el fin de obtener, como he dicho antes, una buena genética, lo que conlleva a mejorar la calidad de los venados en un futuro. Lógicamente, es muy diferente, hacerlo en fincas valladas que en monte abierto. En los cotos vallados nos da la posibilidad de hacer una mejor y más completa gestión, ya que la localización de nuestros ejemplares siempre será más certera y «fácil», aunque todo dependerá de la orografía y extensión del mismo.
Cada finca de caza es un mundo en cuanto a lo cinegético se refiere, ya que no es lo mismo buscar en septiembre un venado en una dehesa de Monfragüe a hacerlo en la sierra de La Culebra, además de que la temperatura va a condicionar, como he dicho anteriormente, el comienzo de nuestra berrea, como influye en otras etapas de nuestra fauna, llámese paridera, desmogue, etcétera.
En cualquier finca de caza el celo debe ser el punto de partida de nuestra gestión y del tipo de venado que queremos en ella a largo plazo y, sin ser yo trofeista ni buscar el venado perfecto, pues siempre he antepuesto el lance al trofeo, pienso que hay grandes venados fuera del estereotipo que muchos de los cazadores buscan (sin contraluchadera, o grandes palmas, por ejemplo). Es aconsejable quitar ciertos ejemplares que, lejos de tener una buena genética, además pueden acarrear un problema de epidemias, enfermedades o, simplemente, el hecho de quitar una «boca» de comer y que pueda hacerlo otro en su lugar, sin olvidarse de animales viejos que ya dejaron su semilla y lo único que hacen es entorpecer la copulación de ejemplares válidos.

Impresionante venado abatido por Roque Armada
De igual modo, si, paradójicamente, queremos hacernos con un gran venado, podemos hacerlo, pero a su debido tiempo. Ya sé que esto es complejo y complicado, pues tener delante un buen «pavo» y aguantar el tipo sin abatirlo, no es sencillo y hasta diría que hay que «tenerlos muy bien puestos» para no apretar el gatillo. Lo ideal sería dejarlo al menos 15 días a que haya cubierto sus necesidades sexuales para que nos deje su calidad genética en la finca, que es lo que vamos buscando, tratando de abatirlo días después; esto sería idóneo tanto para cazador como para la finca.
Es en esos días cuando debemos buscar ejemplares defectuosos, genéricamente malos o que, sencillamente, no queremos.
Sin olvidar que el verdadero reclamo de los venados en berrea son las hembras y que éstas van a asentarse con la comida, el agua y la tranquilidad (como la mayoría de las especies de caza). He ahí la importancia de gestionar el coto todo el año y tendremos que controlar mejor que nunca comederos y bebederos, ya sean naturales o adaptados, y aunque en comederos artificiales la afluencia de reses es muy segura, hay comida natural que, por «darse» sólo en esta época del año, como es el caso del «purrino» –que sale mayoritariamente en cuerdas, donde antaño hubo ganado–, que es una auténtica golosina para las reses o, en otros casos, la novedad, como son las primeras bellotas que caen maleadas por las tormentas de agosto o primeros de septiembre. En ambos casos, vuelve a influir la meteorología, punto a tener en cuenta.

‘Mil ojos’ nos observan
Otra de las dificultades con las que nos podemos encontrar –y que tienen muchas fincas– es un exceso de población que hará más difícil acercarnos y ponernos a tiro de ese venado viejo que queremos quitar o de ese gran trofeo que queremos abatir, ya que, al haber muchos animales, es más fácil que alguno de ellos detecte nuestra presencia, dando al traste con nuestra jornada de caza.
Lo mejor que podemos –y debemos– hacer para evitar esta situación es preparar, estudiar y conocer la zona a recechar, con bastante asiduidad y antelación, comprobando, como en cualquier modalidad de caza mayor, aires dominantes, querencias de los bichos, sesteo y horarios. Eso, como es normal, nos hará comenzar con menos desventaja de la que ya partimos de antemano con animales que están en su terreno y que tienen los sentidos alerta, y aunque «supuestamente» y con el celo, ciervas y venados bajan un poco su grado de atención en esta época, cabe recordar que no todos están encelados al mismo tiempo y los hay «de guardia». A la hora de recechar debemos cuidar todos los detalles para acercarnos lo más posible al animal –so pena que la situación geográfica o el aire no nos lo permita– para avalar un tiro con garantías. Hay fincas con mayor tránsito de personas donde las reses recelan menos de los rastros, que en las que la presencia de gente sea nula todo el año, y eso podemos aprovecharlo, como debemos aprovechar ciertos momentos en los que los venados están un poco más vulnerables, ya sea cuando está berreando o, mejor aún, rascando poderosamente la cuerna en una mata para marcar su terreno; esos instantes son cruciales para ir acercándonos poco a poco a nuestro objetivo.
Termino exponiendo que la berrea debe ser gestión de finca por encima de trofeo de caza y que, al final, y en esta pasión que nos envuelve a todos los cazadores, dos más dos no son cuatro: siempre puede haber algún factor que nos sorprenda, pero que, a su vez, nos enseñe, que es lo bonito, no es necesaria a la caza que esta sea conseguida para disfrutarla… ¡cuando la caza es caza!
Imágenes para el recuerdo

Pablo López padre en una foto que ya publicamos en Trofeo en el año 1988

Collera de venados abatidos por el autor de adolescente

El autor con su padre en una antigua fotografía tras el rececho de un ciervo

Pablo López, guarda mayor del Robledo de Montalbán, con un selectivo de los años noventa
Texto y fotos: Pablo López Lojo,´Cinegética La Trocha´