Vivencias al calor de una lumbre, la esencia y tradición de la montería española

Por qué la lumbre es el verdadero corazón de la montería

La caza se compone de muchos momentos que no se circunscriben el mero hecho de disparar un arma. Cazar es algo que, para todo cazador, forma parte de su vida. Y esta actividad que se desarrolla en nuestros campos y sierras se compone de muchos momentos y vivencias que hacen que volvamos cada fin de semana o, si podemos, entre semana, para disfrutar de una afición, una manera de vida que forma parte de nuestra historia.

La tradicional lumbre está muy ligada a la actividad cinegética y podemos disfrutar de ella en diversos momentos de nuestra jornada cazadora. Podríamos catalogar las lumbres con diferentes nombres acordes con el momento en el que nos acompañan. Y, como bien sabe el lector que mes a mes lee mis humildes escritos, sabe que mi pasión y la caza que practico, casi al cien por cien, es la montería española.

La tradicional Lumbre de una jornada montera en Trofeo caza y conservacion

Por lo tanto, en base a mis vivencias de muchos años monteando me permito el atrevimiento de nombrar tres tipos de lumbres: la lumbre mañanera, la del atardecer y la nocturna. Cada una tiene sus particularidades, aunque su misión es siempre la misma y que no es otra que darnos calor en los fríos días de invierno después de unas cuantas horas en el puesto o tronchando jaras por nuestras benditas sierras monteras. Vamos a ver cómo es cada una….

La lumbre mañanera

Un fuego que marca el inicio de la jornada montera. De buena mañana en el lugar de la junta donde se va a realizar el sorteo, siempre hay una buena lumbre. Sea en el bar de pueblo correspondiente, en la casa de la finca o, simplemente, en un trozo de campo donde el organizador ha convocado a los monteros. Ese trozo de campo me trae recuerdos de un rincón muy famoso en el que se convocan muchas juntas de montería en Extremadura y que se conoce como el Cerro de la Pulmonía. Buenos recuerdos me traen ese nombre en el que he compartido muchos nervios ante el sorteo, deliciosas migas y algunos chascarrillos entre amigos monteros antes de partir hacia las armadas.

La tradicional Lumbre de una jornada montera en Trofeo caza y conservacion

La lumbre mañanera te templa el cuerpo después de un buen madrugón, al calor de sus llamas se comparten abrazos, el necesario desayuno hablando sobre el estado de la mancha y el sorteo que nos dará ese puesto tan soñado repleto de buenos lances. Al calor de ese fuego mañanero los monteros, perreros, postores y demás participantes en la montería, comparten tertulias llenas de recuerdos pasados e ilusiones futuras.

Tanto monteros como rehaleros preparan sus archiperres y, cuando el capitán de montería dé el pistoletazo de salida, sólo quedarán los perreros preparándose para, más tarde, dirigirse al lugar de la suelta y abrir portones. Entonces, durante unas horas, el monte se llenará de profundas voces de los perreros animando a sus valientes, interminables ladras, carreras, romper de monte, disparos y cuando ya toca el fin de la montería, los acordes de las caracolas retumbarán por las umbrías y solanas anunciando el final de la contienda.

La lumbre de atardecer

Ya terminada la montería, los postores recogen a los monteros; los arrieros, con paso firme, se dirigen a cada armada para recoger las reses; los perreros, con un caminar pausado, vuelven hacia el lugar donde unas horas antes soltaron y se adentraron en el monte junto a sus perros.

Jornada montera en Trofeo caza y conservacion

Las horas de sol son más cortas, el tiempo es frío y apetece una reconfortante lumbre mientras se alarga la sobremesa: unos, los monteros, contando los lances acaecidos con sus aciertos y fallos; otros, los perreros, esperando a los rezagados que faltan por volver. Pero a su lado hay algo que no puede faltar nunca y es el reconfortante calor de una lumbre que alumbrará el ambiente con su cálida luz mientras el sol se pone en el horizonte.

rehalero con los perros de caza en trofeo caza y conservacion

Durante esa sobremesa son muchas las tertulias que surgen, son muchos los recuerdos que se reviven reponiendo fuerzas con un taco bien asado al fuego, un trago de vino y unas ascuas que mitigan la bajada de temperatura en estos gélidos días de invierno. Para los perreros sigue el trabajo, este nunca termina hasta que el último valiente llega. A veces, la jornada se prolonga más de lo esperado y con esa sensación de incertidumbre y preocupación cuando algún perro falta por volver. Lumbres de atardecer que alumbran la oscuridad que va llegando. Puestas de sol mágicas en la sierra que te envuelve con su silencio después de la montería.

Taco a la lumbre en Trofeo caza y conservacion

La lumbre y la noche

Y ya me queda la última… Una lumbre mucho más cómoda, más tranquila y que cualquier montero, perrero o persona que haya participado en una montería ha disfrutado en algún momento de su vida cazadora. Ahora voy a hablar de esa lumbre junto a amigos, ya sean monteros, rehaleros, orgánicos, etcétera.

Esas lumbres junto a una mesa, en el salón del cortijo de una finca o en aquella casa rural que todas las temporadas frecuentamos cuando vamos de montería. Son lugares que nos traen recuerdos, lugares donde hemos compartido todo lo vivido durante la montería, ensalzando con vehemencia cómo se ha culminado exitosamente el lance o, por el contrario, comentando de tapadillo e intentando justificar aquel fallo en el cortadero de ese tremendo macareno que se llevó dos taponazos sin cortar pelo.

Y si hablamos del buen yantar, esas deliciosas viandas regadas de un buen vino que nos deleitan y hacen mucho más disfrutona la velada, que terminará con una buena partida de mus acompañada de algún espirituoso. Por supuesto, sin olvidar que no podemos trasnochar mucho –aunque normalmente se olvida–, que al día siguiente hay que madrugar, ya que monteamos de nuevo.

Furgoneta de rehalas tras una jornada montera en Trofeo caza y conservacion

Las lumbres forman parte de esta maravillosa parafernalia montera. Son momentos que nunca pueden faltar y representan la sal de esta modalidad de caza tan arraigada en nuestra cultura cinegética. Si únicamente la montería se basara en llegar, colocarte en un puesto, disparar y, cuando termina la montería, comer rápido, coger el coche y volver a casa… perdería toda su esencia. Ellas forman parte de la cultura cinegética, del mundo rural y representan una parte muy importante de nuestra vida montera.

Ahora que estamos en el mes de mayo, que se aproxima el verano y con él los dichosos calores, no está de más recordar con añoranza todas las vivencias acaecidas al calor de una buena lumbre. Pronto llegará una nueva temporada y volveremos a disfrutar de ellas.

Texto: Carlos Muñoz de @miradasmonteras