Este artículo está basado en el informe elaborado por Chris Dorsey, biólogo y conservacionista, para la U.S. Fish & Wildlife Service, organismo muy profesional, serio, que maneja siempre datos científicamente contrastados y en absoluto sospechoso de favorecer a cazadores o pescadores, más bien al contrario.
Pues bien, algunos países del sur del continente africano prohibieron, en su día, la caza del elefante esperando así incrementar la población de estos paquidermos en sus territorios. Sin embargo, son los países en los que se permite la caza regulada de estos animales, como de cualesquiera otros, los que poseen una mayor cantidad de fauna salvaje.
Los líderes de los países en los que se puede cazar lo tienen muy claro: «La caza de animales salvajes procura un gran beneficio a los nativos que viven en los lugares en los que lo hace la fauna, y son ellos -los que viven allí-, quienes deciden si los animales viven o mueren. No es biología básica, es economía básica».
Hay un axioma que el mencionado informe refleja como contundente: «La vida salvaje que genera beneficio económico, permanece», el original, en inglés: «Wildlife that pays, stays». Así de claro, sencillo y, por contrastado, evidente.
Ahora pueden venir los ecópatas de turno, junto con animalistas mentalmente obtusos, a rasgarse sus verdosas vestiduras, pueden clamar al cielo «de los animales» y pueden soltar toda la serie de incongruencias, aberraciones y estupideces a las que nos tienen acostumbrados; pueden, también, inventar informes tendenciosos, cuando no falsos, de supuestas universidades que nadie conoce, o pueden quedarse en sus cubículos de hipocresía y plástico, dedicándose a cualquier otro menester. Las cosas seguirán siendo las que son, por muy «verde» cinismo con el que ellos las quieran pintar.

Determina, con meridiana exactitud, el informe que nos sirve de fuente: de las treinta y siete naciones africanas que cuentan con el elefante entre la fauna salvaje que albergan, sólo siete de ellas permiten su caza: Botsuana, Zimbabue, Zambia, Namibia, Tanzania, Mozambique y Sudáfrica, hablando sólo del elefante de sabana, no del que habita las selvas ecuatoriales.
Entre estas siete naciones dan cobijo a más del 80 % del total de la población de estos majestuosos herbívoros que habitan el continente negro.
Vemos, sin lugar a dudas, cómo en los países en los que su caza está prohibida el número de elefantes disminuye, por las causas ya expuestas en anteriores entregas, en tanto que en los siete mencionados, en los que la actividad cinegética es una realidad, la población aumenta, más o menos, en un 5 % anual, de acuerdo con los conteos aéreos oficiales llevados a cabo por los Ministerios de Medio Ambiente y Vida Salvaje de cada una de las mencionadas naciones. (Continúa).
Texto: Alberto Núñez de Seoane

