La caza como arma arrojadiza en el debate social y político actual

La caza como arma arrojadiza en el debate social y político actual.

Desde hace algún tiempo por motivos que interfieren con alguna incidencia, en el buen estado físico para practicar la caza, me ha situado en el camino de vuelta a casa.

A pesar de todo, como en la música se suele decir, los viejos roqueros nunca mueren. En la caza el buen cazador, debe morir con las botas de patear el campo puestas y el morral al hombro.

De todos es sabido, que hoy las redes sociales invaden todo y la caza, no iba a ser una excepción. Raro es el día, qué rastreando por los vericuetos y rinconadas de Facebook, Twitter-(X) u otras redes, se pueden encontrar comentarios punzantes a veces insultantes, contra todo aquello que suene a caza, cazador y escopeta. Sin otros argumentos, que el desconocimiento de lo que sucede en los barbechos, sembrados o montes, de una España rural, que los políticos les ha dado por llamar plural.

Dentro de una sociedad mayoritariamente disconforme, han surgido una serie de asociaciones que a veces pueden carecer de fines concretos o como mínimo confusos. Pero que sus proclamas van calando en la apatía de las gentes y que tienen como fin, introducirse en algún organismo oficial, donde les permita vivir de la sopa boba llamada subvención.

Estas agrupaciones o asociaciones que como lugar de asentamiento tienen por habitad el asfalto. Ellos muy cuidadosos de evitar esguinces, son los que pretenden establecer las normas de lo que tienen que hacer sus conciudadanos. Eso sí, tienen una ventaja, que su desconocimiento de lo que es la regulación de las poblaciones de las especies cinegéticas, no les causa ningún rubor, ni la menor preocupación.

Tampoco les incomoda a esta jarca con estrechez de luces, que quieren imponer las reglas por la que se tienen que regir los cazadores o incluso, se atreven a plantear la abolición de la caza. Si la fauna silvestre a la que ellos dicen proteger, a base de echar toda la mierda posible contra los cazadores. Cuentan con los suficientes recursos naturales para la supervivencia, en las épocas de hastío con escasez de protecciones o en las condiciones adversas de la climatología.

Su incapacidad no les permite reconocer que mientras ellos están en periodos de ausencia permanente, alejados totalmente de la realidad. Entretenidos en el montaje de esa especie de chirigotas callejeras para llamar la atención. Los cazadores siempre están ahí, en auxilio de esa fauna silvestre, poniendo los medios para que su habitad reúna las mínimas condiciones de supervivencia y puedan tener a su disposición agua, comida y refugios de protección.

Durante algún periodo de tiempo pasado, han surgido partidos políticos que no encontraban el espacio adecuado en la sociedad para hacerse sitio. Parece que el sistema del hueco a codazos, era su única receta y empezaron a remeter contra todo lo que se movía, como modo de subsistencia política.

Entre sus procedimientos virulentos optaron por la caza, que vivía sus quehaceres en un estado de pacifismo voluntario. No dudo que pensaron que los cazadores y la caza era una presa fácil de vencer. Posiblemente eran desconocedores de la estadística de cazadores, que votan en unas elecciones.

Desconocían la fuerza con que han surgido en defensa del mundo de la cinegética, de la caza y los cazadores, determinados medios de comunicación escritos. Principalmente revistas especializadas y espacios hablados en radio y televisión, que han sido y son fundamentales.

Esta situación qué a la vista de los resultados, han servido para moderar determinados planteamientos políticos. Son muestra del desconocimiento que estos partidos, tipo refugio de desahuciados sociales tienen, de lo que requiere el cuidado de la fauna silvestre.       

Hay que lamentar, qué de las actuaciones iniciales de la imprudencia política, hoy tengamos estos lodos. De los inicios erróneos de partido y de su nuevo estado de moderación, se han desgajado aquellas facciones más radicales. Dando lugar a un sinfín de asociaciones de tintes políticos extremos, cuya actividad es la verdadera enemiga de todo lo que suene a campo   y fauna.  No está exento de sus arrebatos como queda demostrado, la caza y el cazador.

Texto y fotos: Demetrio Gordo Diez