Tener los orígenes en el entorno rural y un largo recorrido, aunque no práctico si próximo, vivido en menesteres agrícolas y de pastoreo, bagaje suficiente para asegurar que las tormentas con sus componentes eléctricos de truenos y rayos no son los causantes de los incendios, salvo excepcionalmente en algún caso muy puntual.
No es novedoso ni es algo que no se pueda decir, lo que ha supuesto de actualidad en un corto espacio de tiempo. El empleo de moderna maquinaria en las tareas agrícolas, que han llegado para facilitar el trabajo al agricultor y qué como contrapartida, el tributo a pagar sea, el riesgo de provocar incendios.
Tampoco deben ser atribuibles a la causa/efecto del reflejo de los rayos del sol sobre un cristal, casco de botella o no, abandonado en la soledad del campo. En tiempos no muy lejanos todos los envases eran de cristal principalmente y en algún caso de hojalata y no había este desmán de incendios
Años y años distintos artilugios mecánicos como tractores, cosechadoras y si retrocedemos, podemos llegar a la segadora arrastrada por animales, que disponía de sistemas mecánicos capaces de provocar chispas o incluso una herramienta con tanta historia como la guadaña, que al choque con una piedra podía provocar una chispa. Nunca fueron causa de incendios en zonas de recolección de las cosechas en temporada estival y mucho menos; para que estas se pudiesen propagar a las zonas boscosas más próximas, hasta provocar un incendio forestal.
En la época actual, cuando los adelantos tecnológicos sobrepasan a todos y la disponibilidad de medios de todo tipo, es más avanzada que nunca. La llegada de la temporada de recolección de las cosechas, con sus días de calor y sus tormentas como siempre. Ahora parece que es la maldición divina, que debemos soportar los humanos transformada en forma lenguas de fuego.
¿No habría que empezar por poner las cosas en claro? en vez de preparar a la sociedad, para que soporte pavorosos incendios. Con espantosas llamas y pérdidas materiales incalculables, causados por supuestos agentes atmosféricos, llámense truenos relámpagos o rayos. Para que esté dispuesta a la caza de locos descerebrados, llamados pirómanos, que con mechero en mano son autores confesos de semejantes barbaridades.
Basta ya de que todo lo que pasa es que tenia que pasar, incluso los pavorosos incendios que arrasan vidas humanas, propiedades y ganados de particulares o que ocasionan cuantiosos daños irreparables a la naturaleza en su fauna y flora.
¿Qué clase de autoridades tenemos? o que irresponsables están al frente de los organismos oficiales con competencia en la materia o que leyes no tenemos para que nunca haya respuestas contundentes contra los Locos pirómanos.
¿Hasta dónde debe llegar la desertización de España o los daños materiales causados por los incendios? Para qué el responsable, llámese ministro/a de Medio Ambiente, Transición Ecológica y Reto Demográfico o como se llame, sea consciente que es el principal responsable de estos hechos, por no poner los medios para evitarlos.
Una vez más recalcar, que los incendios no se apagan con prohibiciones baladíes o ecologismos de causas perdidas. Si no, poniendo los medios adecuados y necesarios durante todo el año.
Texto: Demetrio Gordo