El Conde de Yebes y el origen del estudio del corzo en España

Un visionario en la sombra, el legado del Conde de Yebes y su idilio con el corzo.

Miro atrás, recordando los mejores momentos de una vida que normalmente transcurren en una infancia despreocupada, donde la mayor de las desazones radica en cómo burlar el castigo que te coloca al otro lado de aquellos vidrios que dibujaban, a veces, extraños contornos, privándote de volver al río a lanzarse como Tarzán, de la soga que cuelga del centenario tilo que sumerge sus raíces en el Deva.

El Conde de Yebes y el origen del estudio del corzo en España en Trofeo caza y conservacion

Tardes de holganza en agosto, donde la siesta no era una elección. Y que, por supuesto, burlaba sacando a hurtadillas de la biblioteca de la casa de San Roque otros compañeros de juego: al Guerrero del Antifaz, a Tarzán, a Sandokán, al Jinete Enmascarado o al Príncipe Valiente y, por supuesto, los domingos, a Pinín (o quizás Pinín fuera algunos años más tarde).

¿Qué hubiera ocurrido si a la dulce abuela María, en vez de a Scott, Salgari, Dickens o Kipling se le hubiera ocurrido poner en mis manos a Chapman, Corbet o Yebes? Supongo que la abuela sabía lo que se hacía y que a cada edad le corresponde un autor o, quizás, no quería ni pensar de lo que podría ser capaz la incontenible imaginación de un enano más movido que un rabo de lagartija, cuyos compañeros inseparables eran una mantis, un esculibierto y, huelga decirlo, una plomera del cuatro y medio.

Llegó algo más tarde, pero llegó. Primero, Veinte años de caza mayor, después De la sierra bravía, Caza en Angola, La hora del lubricán o Una puerta color verde hoja… y llegó para quedarse, para convertirse en un referente, en un espejo en el que mirarse antes de salir al monte.

El cazador por excelencia

Ni Roosevelt, Leopold, Delibes ni Rodríguez de la Fuente. Si alguien merece ser recordado como un cazador –conservacionista, sportsman, naturalista, gestor, o todas esas trampas dialécticas que utilizamos para redundar en algo que la caza ya lleva implícito– ese no es otro que don Eduardo de Figueroa y Alonso-Martínez, conde de Yebes.

Grupo de corzos en Trofeo caza y conservacion

La conferencia de 1952: punto de inflexión en el estudio del corzo en España

El 5 de noviembre de 1952, el Conde de Yebes pronunció una conferencia que, lejos de ser un simple discurso cinegético, representa una de las primeras investigaciones profundas sobre el corzo en España. Con una combinación de rigor científico, observación empírica y devoción venatoria, su intervención marcó un punto de inflexión en el conocimiento de la especie. Hasta entonces, el corzo apenas figuraba en los registros cinegéticos y su estudio era prácticamente inexistente.

El Conde de Yebes no solo describe su biología, distribución geográfica y hábitos reproductivos, sino que analiza su papel dentro del contexto de la caza y la gestión de fauna silvestre. Sus palabras no son un ejercicio de exaltación cinegética, sino una reivindicación de la importancia del corzo como especie clave en la caza mayor española, un reconocimiento que hasta entonces le había sido negado.

El origen del estudio del corzo en España en Trofeo caza y conservacion

Naturalismo cinegético: la caza como fuente de conocimiento

El discurso del Conde de Yebes se inscribe en una corriente que podemos denominar naturalismo cinegético, representada por figuras que entendieron la caza como un medio de conocimiento sobre la fauna silvestre. Su enfoque recuerda a autores como Charles St. John, cuyos estudios sobre el corzo en Escocia sentaron bases metodológicas, o Richard Lydekker, quien abordó con detalle las diferencias morfológicas y ecológicas entre especies como el ciervo y el corzo.

Además, el Conde de Yebes poseía un conocimiento exhaustivo sobre la bibliografía cinegética europea. Durante su intervención, menciona los estudios de Tegner, autoridad británica quien describió con precisión el fenómeno de la implantación diferida, un mecanismo único entre los cérvidos que permite pausar el desarrollo embrionario hasta que las condiciones ambientales sean óptimas.

Trofeo de caza menor de un rececho de corzo en Trofeo caza y conservacion

En el ámbito francés, destaca los trabajos de Bellecroix, quien investigó el comportamiento del corzo en semicautividad en Rambouillet. Sus observaciones generan un debate aún vigente: ¿hasta qué punto el corzo es monógamo? Yebes se inclinaba por considerarlo «casi monógamo», con fuertes lazos entre machos y hembras, pero con posibilidad de ruptura dependiendo de la competencia intraespecífica en la época de celo.

Un espectro en la historia venatoria española

Más allá de la biología, el Conde de Yebes aborda una carencia que aún resuena en la historia escrita de la caza en España: el desconocimiento generalizado sobre el corzo.

Yebes señala su ausencia en los tratados de montería clásicos como los de Argote de Molina o Mateos, lo que reflejaba el desinterés histórico por una especie que no gozaba del prestigio venatorio de otros cérvidos. O su omisión en los textos de los naturalistas de la antigüedad. Incluso Plinio el Viejo, en su monumental Historia Natural, no menciona al corzo, a pesar de que su distribución se extendía por el continente.

El origen del estudio del corzo en España en Trofeo caza y conservacion

Este vacío en los registros históricos no parece casual, sino consecuencia de la naturaleza esquiva del corzo. Su pequeño tamaño, comportamiento solitario y capacidad para camuflarse, probablemente lo mantuvieron alejado del interés de las civilizaciones cinegéticas de la antigüedad. Mientras que el ciervo y el gamo fueron protagonistas de la caza real, el corzo permaneció oculto, fuera del radar de los estudiosos.

Hasta que figuras como el Conde de Yebes decidieron sacarlo a la luz, el corzo había sido un espectro en la historia venatoria española. Su intervención de 1952 no solo reivindicó su importancia cinegética, sino que anticipó la necesidad de gestionarlo con inteligencia.

El corzo en la España de los años cincuenta: un trofeo olvidado

Para comprender la importancia del legado del Conde de Yebes es imprescindible situarnos en la España de los años cincuenta. El corzo distaba mucho de la imagen que hoy tenemos de él. Se trataba de una especie escasa, fragmentada en poblaciones aisladas y restringida a enclaves como los Montes de Toledo, Sierra Morena, Asturias y el Pirineo navarro.

En un país donde la montería era la modalidad cinegética por excelencia y donde el ciervo monopolizaba la caza mayor, el corzo apenas despertaba interés. Su reducido tamaño y su escasa presencia hicieron que, durante siglos, no se le otorgara el estatus de gran trofeo.

Corzo en Trofeo caza y conservacion

Mientras que en Centroeuropa el corzo ya era objeto de una caza organizada y selectiva, en España su caza era más un hecho fortuito. Yebes, sin embargo, lo observó con otros ojos: fue el primero en comprender su singularidad biológica y ecológica.

El conocimiento del corzo: una visión adelantada a su tiempo

En su conferencia de 1952, el Conde de Yebes describe con asombrosa precisión aspectos clave de la biología del corzo, muchos de los cuales hoy consideramos fundamentales en su gestión.

Su sedentarismo extremo fue uno de los puntos más destacados: «Donde nace, muere», afirmaba Yebes, resaltando su apego al territorio y su alta fidelidad espacial, un factor determinante en la planificación de su gestión cinegética.

Fue también uno de los primeros en explicar el mecanismo reproductivo del corzo, que permite que el parto coincida con la primavera, asegurando mejores condiciones para la supervivencia del corcino. Destacó la agresividad de los machos en el celo, subrayando la importancia de mantener un equilibrio entre sexos en la gestión de poblaciones. También observó con gran detalle el cierto grado de monogamia de la especie, una idea innovadora en su tiempo.

Mecanismo reproductivo del corzo en Trofeo caza y conservacion

Estos aspectos fueron abordados por Yebes con un nivel de detalle que adelantó en décadas el conocimiento de la especie en España.

El rececho como única forma legítima de caza

El Conde de Yebes no solo analizó la biología del corzo, sino que también reflexionó sobre su caza, reivindicando su valor como pieza cinegética en un momento en el que la especie aún era vista como un trofeo menor.

Su visión contradecía la percepción dominante de la época, en la que la caza del corzo se realizaba de forma marginal, sin criterios de selección ni regulación específica. Para Yebes, el rececho no solo era una prueba de habilidad y conocimiento del medio, sino la única forma legítima de caza del corzo.

En una época en la que la montería era la modalidad predominante, su apuesta por el rececho fue revolucionaria, alineándose con las prácticas más selectivas que ya se aplicaban en Europa.

Hacia una gestión racional del corzo

Más allá de la práctica cinegética, fue el primero en señalar la necesidad de regular la caza del corzo, en un momento en el que no existía una planificación poblacional específica.

En España, el corzo no era objeto de un manejo racional. Mientras que en Francia, Alemania y Austria ya se aplicaban modelos de control de densidades, en España la especie no figuraba en ninguna estrategia de gestión cinegética.

Yebes se anticipó a lo que hoy consideramos principios fundamentales: la caza de individuos selectivos, el control de poblaciones y el establecimiento de cupos y vedas. Estos criterios hoy son la base de la caza racional del corzo en España.

Si Yebes paseara hoy por nuestros montes, encontraría un escenario distinto: hoy el esfuerzo radica en evitar que su sobreabundancia altere el equilibrio natural. Si en 1952 su objetivo era estudiar la especie para comprenderla; hoy la clave es estudiarla para gestionarla correctamente.

El origen del estudio del corzo en España en Trofeo caza y conservacion

Un legado que perdura

El Conde de Yebes supo anticipar la importancia del corzo en España. No solo rescató a la especie del olvido cinegético, sino que adelantó muchos de los desafíos que hoy enfrenta su gestión.

Su conferencia de 1952 fue el primer gran paso en la revalorización del corzo en España, sentando las bases para su estudio, regulación y aprovechamiento racional. Hoy, el corzo ha evolucionado hasta convertirse en una de las especies más emblemáticas dentro de la caza mayor.

Setenta y tres años después, el legado del Conde de Yebes resuena con más fuerza que nunca. Eduardo de Figueroa y Alonso-Martínez entendía la caza como la única forma de regular y preservar la fauna salvaje de la sierra bravía.

Texto: Laureano de Las Cuevas