El seguimiento por primera vez de codornices con transmisores vía satélite arroja datos asombrosos

Los autores debemos confesar que, tras cuarenta años dedicados al estudio de la codorniz común, el poder efectuar su seguimiento con transmisores vía satélite era una quimera, convertida en realidad en 2020. Pero, ¿por qué una quimera? ¿Por qué hasta ahora, casi a un cuarto del siglo XXI, no se había podido realizar? ¿Son estos transmisores eficaces para el seguimiento de los movimientos de la codorniz común? ¿Son interesantes los resultados que se obtienen?

El seguimiento directo de la codorniz vía satélite era largamente esperado por nosotros porque el estudio de estos cuarenta años mediante informaciones indirectas (anillamiento y radioseguimiento), vislumbraba una compleja ecología de movimientos.

A la conocida migración transahariana se unían movimientos nómadas en la época de cría, relacionados con la búsqueda de un hábitat efímero cuya existencia está asociada a la latitud y la altitud: cuanta mayor latitud y altitud, más tarde madura el cereal, generando una especie de frente verde que avanza hacia al norte y en altitud.

A todo ello deben sumarse movimientos de los machos, que hemos llamado «donjuanescos», buscando hembras durante la época reproductora. Sin embargo, ni el anillamiento ni radioseguimientos permiten conocer detalles de estos movimientos (distancia, orientación, tipo de prospección…). Por tanto, todavía hay muchas incógnitas que pueden resolverse con seguimientos vía satélite: el sueño de cualquier investigador dedicado a estudiar la estrategia de movimientos de una especie.

¿Por qué era una quimera?

¿Por qué hasta ahora no se han realizado estos seguimientos vía satélite en la codorniz? Por un problema puramente técnico: hasta hace muy poco, los transmisores tenían un peso demasiado grande, que excedía con mucho el límite del 5 % del peso corporal del individuo. Sin embargo, la miniaturización lograda en los últimos años ha permitido que actualmente haya transmisores vía satélite con un peso entre 2 a 3,9 gramos, que ya pueden colocarse a la codorniz. Ahora bien, no todos los transmisores son iguales ni tienen la misma utilidad: todos tienen algunas ventajas y algunos inconvenientes.

Así, hay transmisores de 3,5 g equipados con GPS y batería convencional que efectúan localizaciones muy precisas (menos de un metro de error); por contra, tienen una vida media estimada en unas escasas 60 localizaciones, programables por el usuario. Por otra parte, hay otros transmisores de 2,6 g equipados con batería solar, con una vida media de unos dos años, pero que no tienen GPS, por lo que la transmisión y la localización de los individuos, menos precisa, se efectúa mediante triangulación de satélites (o mediante uno de ellos, aplicando el efecto Doppler), comportando que la calidad de la localización sea muy variable, con errores que oscilan entre menos de 250 m a varios km (Figura 1). Sin embargo, transmiten localizaciones continuamente, con lo que el número de datos obtenido es elevado. Finalmente, existe un tercer tipo de transmisores de 3,8 g que tienen GPS y batería solar, aunando las ventajas de los dos tipos anteriores (larga vida y una gran precisión en las localizaciones); no obstante, presenta un inconveniente importante para la codorniz, como veremos a continuación.

¿Son eficaces estos transmisores para la codorniz común?

Para saberlo, hay que efectuar pruebas con los tres tipos anteriormente descritos. Ello se pudo hacer gracias a la financiación del Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalidad de Cataluña en 2020 y 2021.

En 2020 iniciamos un estudio en el que, por primera vez en esta especie, se equipó a siete machos de codorniz común con transmisores con GPS y batería solar. Desgraciadamente, los resultados no alcanzaron nuestras expectativas: debido a que el ciclo biológico de la codorniz transcurre dentro de densos cultivos de cereales de invierno o cultivos herbáceos, en la mayoría de los casos la energía solar captada por los transmisores quedaba por debajo de los 3,7 voltios y, consecuentemente, quedaban hibernados, sin transmitir información a los satélites. Este problema provocó que en cuatro de los siete individuos el número de días de los que se dispuso de alguna localización fue de un 2,4 – 4,2 % del total de días de estudio. De los tres individuos restantes, en dos de ellos el porcentaje subió al 13 – 17 % y en el tercero, que fue depredado por un zorro, el transmisor envió localizaciones el 75 % de los días que el macho estuvo vivo. Estas diferencias en los porcentajes parecen deberse a que el rendimiento de las baterías solares es variable, y a ese individuo le tocó una batería más eficiente.

A la vista de los resultados, en 2021 hemos equipado a cinco individuos con transmisores con GPS y batería convencional, así como a dos sin GPS y con batería solar; además, se ha reciclado el emisor del individuo que fue depredado en 2020.

Los resultados obtenidos en el momento de redactar estas líneas (primeros de julio) son muy interesantes para el transmisor reciclado del año pasado, así como para los dos transmisores sin GPS y con baterías solares; sin embargo, los transmisores con GPS y batería convencional están dando unos pobres resultados, muy posiblemente debido a que la densa cobertura vegetal les dificulta efectuar localizaciones, lo que no ocurre a cielo abierto.

¿Son interesantes los resultados que se obtienen?

Rotundamente, sí. Así, se ha podido confirmar y caracterizar, con un elevado grado de detalle, la singularidad de los movimientos nómadas de los machos de codorniz. En la Figura 2 se puede apreciar cómo el macho equipado con el transmisor reciclado del año pasado y capturado el 10 de mayo en Pla de Santa María (381 m de altitud, Tarragona) se mantuvo en la zona hasta el 27 de mayo.

Durante estos 17 días debió aparearse una vez, ya que los datos obtenidos con emisores de radiofrecuencia mostraron que los machos no apareados abandonaban el área donde se capturaban en menos de 7 días, mientras que los que lo hacían en una ocasión, desaparecían del área a los 14 días en promedio; además, en 7 días (11/5 – 17/5) su desplazamiento medio diario fue el de un macho apareado (48,53 m, DT=39,6 m).

Al día siguiente, 28 de mayo, se localizó cerca de Vimbodí (496 m de altitud), a 20 km de distancia del Pla, siguiendo una dirección noroeste. Un día más tarde, se desplazó a Rocallaura (682 m de altitud), a 11,6 km de Vimbodí, en dirección noreste, donde permaneció dos días y el 31 de mayo se desplaza a Conesa (729 m), a 10,4 km de Rocallaura. De nuevo, después de dos días, abandona esa localidad para desplazarse a Les Piles (764 m de altitud), situado a 3 km. Estos dos últimos desplazamientos los hizo en dirección este. En esta última localidad permanece hasta la fecha de redacción de estas líneas (2021), es decir, que lleva 29 días; probablemente se ha apareado sucesivamente dos veces, ya que sabemos por seguimientos de radiofrecuencia que en estos casos los machos permanecían en el área un promedio de 29 días. El seguimiento vía satélite muestra, asimismo, dos concentraciones de actividad, una de 8 días (2/6 – 9/6) en la que se desplaza diariamente 56,6 m (DT= 51,7 m) y otra de 5 días (22/6 – 26/6) con un desplazamiento medio de 79,6 m (DT= 4,7 m), siendo la distancia entre ambas de 619 m. Aunque las direcciones de vuelo han ido variando, la última zona visitada se encuentra a una mayor altitud y, como consecuencia, el cereal todavía se encontraba en crecimiento, cuando el cereal de la primera zona (Pla de Santa María) ya estaba muy maduro.

Otro caso menos llamativo fue el de un macho del año pasado, que efectuó durante la época de cría un desplazamiento de 11,1 km (Figura 3).

Por tanto, estos datos refuerzan la tesis de que los machos de codorniz efectúan movimientos nómadas a la búsqueda de hembras con las que aparearse y de hábitats adecuados para ello. Asimismo, indican que los movimientos nómadas no están claramente orientados en una dirección determinada y que son movimientos cortos, en promedio de 11,3 km (DT: 7.0). Por otra parte, el dominio vital en Pla de Santa María fue de 3,87 ha (Figura 4), es decir, relativamente reducido. Sin embargo, en Las Pilas, donde tuvo dos apareamientos sucesivos, el dominio vital fue de 5,36 ha (Figura 5); muy probablemente, esta superficie corresponde a la suma de los dos dominios vitales de las hembras, la del primer y la del segundo apareamiento, con alguna zona de intersección entre ambos.

Asimismo, y a pesar de la escasez de datos obtenidos el año pasado, se puede apreciar claramente que no hay territorialidad entre los machos, al solaparse en muchos casos sus dominios vitales (Figura 6).

Por tanto, y a la espera de la información que pueda dar este seguimiento vía satélite en los movimientos migratorios y las áreas de invernada, puede afirmarse que va a aportar muchísima luz en el conocimiento de esta enigmática especie.

Manel Puigcerver y José Domingo Rodríguez-Teijeiro | Universidad de Barcelona

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