La caza de la perdiz con reclamo: arte, técnica y tradición

Descubre la esencia del perdigón, el reclamo selecto y la pasión del perdigonero en esta ancestral modalidad de caza.

 

José Cuenca, famoso diplomático español, nos dejó en herencia la mejor definición de la caza de la perdiz con reclamo habida hasta el momento: «La caza del perdigón no tiene aficionados, sino devotos, y, al igual que el flamenco, encierra ese oculto pellizco de misterio que sólo pega a los que han tenido la fortuna de sentir su escalofrío».

Para una mayor compresión de la doctrina, es el momento en el que el campo, el reclamo y el perdigonero se funden entre sí para dar sentido a unos de los principales pilares de este arte.

¡Y es que la perdiz da para eso y para mucho más!

El reclamo de perdiz selecto en trofeo caza y conservación

El perdigón

Y aquí comienza todo. A picotazos y empujones la vida se abre paso en un ciclo sin solución de continuidad. Así, tras unos minutos de sacrificio por querer escapar del cascarón que le ha servido de protección, pero que oprime durante los 23 días que dura la puesta, exhausto por el esfuerzo y con el resuello perdido se presenta la principal cusa de nuestra locura.

Luego, quede claro que un reclamo de bandera sale de un huevo ¡Así de obvio!

El reclamo de perdiz selecto

Son dieciséis más las calladas a tiempo los tipos de cantos que utilizan las perdices para comunicarse entre sí, usados la mayoría como recursos, aunque no todos, y según decisión y conveniencia del reclamo, de forma que pueden con sus intentos introducir las campesinas en plaza.

El perdigón en trofeo caza y conservación

Tipos de cantos

Reclamo por alto o canto de cañón/reclamos de buche o embuchadas/dar de pie o curicheos/piñones/guarreo, berrido o mandadas a callar/ piolío o rebote/ guteo/ ajeo o berreo/ revuelo o chirrido/ rinrineo o rinreo/ grifa/ saludo, indicación o señal/ claqueo/ sonido del águila o carraca/ maullido o suspiro.

En un reclamo de bandera el canto de reclamo es serio, con autoridad y sin miedo, bien diferenciado del siguiente golpe, siendo al menos de ocho o diez jácaras cada vez que utilice el canto de cañón (se han roto reclamos emitiendo más de una veintena de golpes, capaces de mover hasta las piedras), a lo que le seguirán algunas pasaditas de piñones que intercalará debidamente con un curicheo pausado y meloso, sin síntomas de nerviosismo: una cosa es el cuchichí… cuchichí… y otra muy distinta el cuchichicuchichi. Este segundo es capaz de volver loco a cualquiera.

Utilizarán para mover campo, caso de cantar las campesinas, el revuelo o chirrido para continuar con el repertorio clásico; también lo emplearán para hacerlas andar, sobre todo cuando permanecen estáticas sobre piedras o montículos, obligándolas a bajarse. El reclamo que grillee digamos que juega con ventaja en las distancias cortas, pues fija al macho al campo de forma concluyente; recurso de los que suben nota.

El sonido del águila a veces es utilizado como una engañifa por el reclamo, caso de percatarse este de que intentan abandonar la plaza; muy frecuente después de tirarle el macho. El recibo, en todo momento apenas audible, puede intercalar reclamadas de buche, así como titear en el caso de hembras que guarden resistencia. Si, además, nuestro reclamo es capaz de titearle a los machos, estaremos ante un pájaro de capricho y muy talentoso.

El perdigón a flora de piel en trofeo caza y conservación

Ni que decir tiene que la belleza y nobleza es una condición indispensable del animal, siendo una virtud no alterarse ni tocar los alambres. La posición dentro de la jaula es altiva y erguida–la de una botella–, señalando con su postura al pájaro del campo al que esta está trabajando, permaneciendo siempre atento a cualquier eco provocador. Las salidas, caso de no cantar el campo, deberán sucederse cada 10 a 15 minutos hasta detectarlas e incitarlas a que le respondan. La perdiz que entra en plaza viene solo en defensa de su territorio.

No se asustarán si algo las interrumpiese, guardando unos minutos de silencio para volver a salir con prontitud. Al tiro se dormirán al humo aumentando paulatinamente el tono del curicheo aun habiéndose errado el disparo, no demostrando nunca cansancio o apatía, ni manifestando alegría o desacuerdo por el terreno elegido, caso de algunos reclamos que no gustan de cantar en plazas cerradas de monte.

Estas son en síntesis las condiciones, símbolo de su clase, que han de adornar a los reclamos que aspiren al decoroso dictado de selectos.

La funcion del perdigonero en trofeo caza y conservación

La función del perdigonero

El perdigonero, pues, es aquel que permaneciendo asomado a orillas de la plaza, vislumbra por la tronera el escenario en todo su esplendor –como si se tratara de un mero espectador sentado en el anfiteatro de la vida–, sólo que esta vez, mientras el reclamo lleva el peso de la contienda tirando y aflojando las riendas del combate, a nosotros nos toca ser juez y árbitro a la vez, esperando acertar con la culminación del lance, el cual nos vendrá indicado en el preciso instante en el que la jaula nos ponga a prueba, exigiéndonos ser el dedo ejecutor del disparo, inclinando la balanza a su favor.

En el perdigón acertar con la elección de la plaza, la orientación del puesto y la ubicación del pulpitillo es una praxis muy importante; todo lo demás vendrá solo. El farolillo es el santuario del puesto, el altar o tribuna en el que se sitúa el reclamo para cazarse, mucho más relevante que el aguardo en sí. Es primordial que sean naturales, pero, sobre todo, que no desentonen, dado que las perdices son muy vivas y basta una ramita vuelta o un pitón blanquecino de una rama mal cortada en las cercanías del tanganillo para alertarlas.

Por norma, los posteros que levanto son siempre naturales una buena parte de la afición me señala como el artista de los reposteros . Sabed, que el farol o mono es el chivato del puesto. He levantado infinidad de aguardos de monte que, al ser tan pequeños y disimulados, al taparles la tronera, no había ser humano que los descubriese. Ahora bien, te fijabas en las ramas secas del arbolillo y rápidamente identificabas la ubicación del puesto.

El recibo en trofeo caza y conservación

El recibo

En la doctrina del perdigón, el recibo es la suerte suprema, como en el toro. Sólo un lance preciso, puntual e inevitable en el momento del disparo, justifica la captura cruenta del animal. Desde que asoma el par de perdices en la claridad de la plaza hasta que se produce la grandeza del llamaretazo, se esfuman los nubarrones del cartucho y se apodera del ambiente un penetrante olor a pólvora quemada logrando que la jaula se quede al humo, sucede toda una serie de ceremoniales. Rituales que, por sí mismos, no dicen nada, pero que, en su conjunto, hablan de la verdadera dimensión que alcanza este tipo de lances en el entorno social y educativo de nuestra cultura venatoria, capaces de albergar en nuestros corazones un sinfín de recuerdos y no por ello menos emociones, resultando, precisamente, en ese inagotable manantial de conocimientos donde descansa la doctrina y emanan las fuerzas con las que seguir a cuestas con la afición.

En la disciplina del recibo se señala la línea roja que separa a un perdigón del éxito o del fracaso, de ahí la importancia que tiene la lidia en las distancias cortas, que es cuando con más sinceridad se palpan el valor y el miedo, lo que incita a una jaula a quebrarse con fijeza, derrochando clase y regalando alegrías, ganándose, merced a la grandeza de sus variados cantos, el respeto de propios y extraños; consideración esta que hay que ganársela a pulso.

Estando próximo el momento de la verdad, en la que obligatoriamente la jaula tuvo que quebrarse viniéndose abajo, sentiremos la sangre más que nunca, enloquecida, fluir bulliciosa por las venas y arterias de nuestros cuerpos, quedando recogida la esencia del perdigón en el último tercio, merced a la adrenalina acumulada en el momento de entrar a matar, el cual nos vendrá precedido por un curicheo espacioso en el tiempo, un grilleo casi imperceptible, unos piñones algo exquisitos, un titeo de lo más sublime y, puestos a pedir, unas embuchadas cautivadoras como máximo galardón del reclamo superior o selecto.

Resumiendo, en la escenografía del recibo es donde más se agudiza el lenguaje, entendido este como la perfeta armonía en la conjugación de unos cantos de celo, logrando, gracias a las numerosas batallas libradas y por librar, que algunos reclamos consagrados puedan llegar a marcar época, quedando su nombre inscrito en el escalafón para los anales de la historia, lo que supone un antes y un después en la obra de un perdigonero, con el respeto por las más arraigadas tradiciones.

Tema del mes en trofeo caza y conservación

Perspectivas ante una nueva temporada

A diferencia de otros ejercicios, estamos de enhorabuena. La abundancia de lluvias del temprano otoño y la llegada de los fríos en diciembre, tan necesarios para que no se adelante el campo y sigan en bandos, hacen indicar que disfrutaremos de una buena temporada pajaritera; de hecho, hacía muchos años que no nos acompañaba la climatología.

A ello, tendríamos que sumarle que la perdiz, en líneas generales, ha criado bastante bien y que todo apunta a que en unos días tendrán lugar las picadillas, dando lugar a que se disgreguen los bandos y se legalicen las primeras colleras. Para cuando, en definitiva, se temple la atmósfera y veamos a los gorriones regañar buscando el apareamiento por las calles y tejados de nuestro pueblo, ansiosos de que se corra la voz por bares y tabernas de que ya hay celo en el campo.

Perdiz con reclamo en trofeo caza y conservación

El disparo

El único momento de la suerte suprema en que se le pierde la jaula a la cara es el instante más arraigado y, por tanto, de mayor misterio, capaz de albergar grandes éxitos o los más temibles fracasos. Dice el refrán que, si quieres ser buen cuquillero, lleva al puesto nervios de acero. Luego está en mi deseo dejar constancia de que, en el perdigón, matar no forma parte del objetivo final, sino que se trata de una inevitable por obligada y fatal consecuencia.

Para finalizar, un párrafo de profundo lirismo entresacado de mi libro Memorias del Melena, en la que es el propio jabalí quien narra de la manera que se acollera un pájaro de perdiz: «Se aproxima una nueva estación. Pronto la más preciada de las aves romperá sus lazos familiares que, mantenidos durante ocho largos meses, iba a quedar olvidados para siempre. Todo porque un día cualquiera de la última quincena de enero, un macho que de pronto se ve a sí mismo arrogante, majestuoso y altanero, se rinde ante la coquetería de esa pajarilla que, ahora orgullosa y enormemente pedante, obliga a todos sus congéneres a que demuestren su valer en continuas refriegas para que el afortunado vencedor, algo ‘despeluchado’ y ‘sudoroso’, se acerque rebosante de felicidad, con la cabeza un poco torcida, meciéndose y con un ala que se le antoja tirar por los suelos , a recoger a lo más preciado, incluso más que su propia vida».

el disparo en trofeo caza y conservación

Museo Público Nacional del Arte de la Perdiz con Reclamo

El pasado 29,30 y 1 de diciembre tuvo lugar la undécima edición de la Feria de la Perdiz con Reclamo Ciudad de Cabra, la cual estuvo plagada de numerosas actividades gracias a la pasión y el esfuerzo del comité organizador de la Sociedad de Cazadores y Peña El Pulpitillo en colaboración con la Delegación de la Conserjería de Agricultura de Córdoba, Ayuntamiento de Cabra y la Excma. Diputación Provincial de Córdoba a través de IPRODECO.

Durante el acto, ANACPER (Asociación Nacional del Arte de la Caza de la Perdiz con Reclamo) hizo entrega a Paco Casas, en representación de la corporación de Gobierno del municipio cordobés, de la primera piedra para el Museo Público Nacional del Arte de la Perdiz con Reclamo.

cuadro en trofeo caza y conservación

Mediante la charla El perdigón a flor de piel, a cargo de Álvaro Heras, José Alguacil y Pepe Ramos, quedó inaugurado el evento de mayor repercusión a nivel nacional de esta ancestral modalidad de caza (27 a.C.), declarada en Andalucía un Bien de Interés Cultural, tal y como se consiguió años atrás con la cetrería, la montería y la rehala.

Texto y fotos: José Ramos Zarallo