Cría y manejo del conejo silvestre en semilibertad: experiencia de más de 30 años

José Luis Carrascal nos da a conocer su testimonio técnico-divulgativo basado en más de treinta años de experiencia práctica en la cría y manejo del conejo silvestre en semilibertad.

 

Basándose en la observación directa, la experiencia desarrollada desde 1992 en cercados de gran superficie, el autor aborda aspectos como genética del Oryctolagus cuniculus algirus, manejo del hábitat, vacunaciones, métodos de captura, repoblaciones y, finalmente, las causas que han llevado al cierre de su proyecto.

No se trata de un artículo científico, sino de un testimonio de campo a largo plazo, que incluye tanto aciertos como fracasos, pensado para gestores cinegéticos, técnicos y personas interesadas en la conservación del conejo silvestre y de las especies que dependen de él.

1. Inicio del proyecto

El inicio de la experiencia se remonta al año 1992. Coincide de forma casi anecdótica con la Exposición Universal de Sevilla, ya que mientras mi esposa decidió viajar para visitarla, yo opté por quedarme y destinar ese tiempo y recursos a cercar una parcela de unos 6.000 metros cuadrados, donde tenía el huerto y algunos frutales, con la intención de criar conejos silvestres en régimen de semilibertad.

El primer cercado se realizó sobre una cerca de piedra existente, de aproximadamente un metro de altura. Sobre ella se colocaron dos alambradas superpuestas: una de malla de rombo para aportar consistencia estructural y otra hexagonal, más tupida, con el objetivo de impedir tanto la salida de los conejos como la entrada de depredadores pequeños, especialmente culebras bastardas y comadrejas.

La estructura se fijó con cemento y se coronó con un pastor eléctrico y seis filas de alambre de espino, pensando en evitar la entrada de depredadores por escalada. En ese momento consideré que el sistema era suficiente.

valla de cerramiento del primer cercado en Trofeo caza y conservacion

Durante los primeros tiempos, la población fue aumentando hasta alcanzar una densidad considerable. Sin embargo, pasado un periodo, observé que, en lugar de seguir creciendo, la población comenzaba a disminuir.

Ante esta situación activé jaulas para depredadores y comprobé que estaban entrando garduñas y ginetas. Informé de estas capturas a Medio Ambiente, que me indicó los lugares donde debía soltarlas. Al tratarse de cotos de caza, opté por liberarlas de noche para evitar conflictos con los cazadores.

La única solución que encontré como “mal menor” fue reducir la densidad de conejos, con la idea de disminuir el efecto llamada que estaba atrayendo a los depredadores hacia el cercado.

Posteriormente se puso en marcha un segundo cercado, de unos 18.000 metros cuadrados, situado en otro pueblo. En este caso, y aprendiendo de la experiencia anterior, se intentó realizar un cerramiento claramente antidepredadores, aun asumiendo un mayor coste económico.

Valla de cerramiento del segundo cercado en trofeo caza y conservacion

Aunque la finca también contaba con una cerca de piedra perimetral, se decidió no utilizarla como base. A unos 70 centímetros hacia el interior se colocó una fila de bloques de hormigón semienterrados, sobre los que se instaló la alambrada: una malla de rombo de metro y medio de altura, superpuesta por una malla hexagonal de dos metros, rematada con una visera hacia el exterior de unos 50 centímetros.

Con el paso de los años surgieron nuevos factores no previstos. La mejora del suelo por el abonado continuo de los conejos favoreció la aparición de lombrices, lo que atrajo a los topos. Estos excavaban galerías por debajo de los bloques de hormigón y, persiguiendo a los topos, entraban culebras bastardas y comadrejas, que además de alimentarse de estos pequeños mamíferos, depredaban también sobre los conejos.

A todo ello se sumó la depredación aérea, con presencia habitual de búho real, águila calzada, ratonero y otras especies. Como consecuencia, los excedentes de población han sido en general escasos, pero el sistema ha permitido observar de forma muy realista la dinámica del conejo silvestre sometido a presiones similares a las del medio natural.

2. Genética y origen de los animales

Desde el inicio del proyecto se prestó especial atención al origen genético de los animales empleados, con el objetivo de trabajar exclusivamente con conejo silvestre autóctono. Los ejemplares fundadores procedían de la zona oeste de la provincia de Salamanca.

Para confirmar su adscripción genética, se enviaron muestras a la Universidad de Oporto, que en aquel momento era uno de los centros de referencia más fiables. Los análisis confirmaron que los animales correspondían a la subespecie Oryctolagus cuniculus algirus, que era la presente históricamente en esta zona.

Con el paso de los años, y para evitar la consanguinidad, se intentó introducir sangre nueva mediante la incorporación de machos adultos procedentes del exterior. Esta estrategia fracasó, ya que los machos introducidos fueron muertos o inutilizados por los residentes, evidenciando un fuerte comportamiento territorial.

Ante ello, se optó por introducir gazapos, que se mantenían inicialmente en jaulones junto a gazapos nacidos en el cercado, hasta que compartían olor y eran aceptados como propios. Posteriormente se supo que esta subespecie presenta un carácter más agreste y un manejo más complejo, lo que coincide con el hecho de que el conejo doméstico procede mayoritariamente de Oryctolagus cuniculus cuniculus.

Cuando ya se disponía de dos cercados, se estableció un sistema de intercambio de gazapos entre ambos, siguiendo el mismo método de adaptación previa, lo que permitió mantener la variabilidad genética sin conflictos sociales.

3. Vacunación y sanidad

Durante los primeros diez años se vacunó en ambos cercados frente a mixomatosis y enfermedad vírica hemorrágica, únicamente a los animales que se podían capturar, aproximadamente una cuarta parte de la población. La vacuna de mixomatosis tenía una efectividad estimada de seis meses y la de la vírica de un año. Para identificar a los vacunados se realizaba una perforación en cada oreja.

En los diez años siguientes se vacunó únicamente en uno de los cercados, sin apreciar diferencias claras con el cercado no vacunado. En la tercera década se optó por no vacunar en ninguno de los dos.

En 2012 apareció la nueva variante de la enfermedad vírica hemorrágica, para la que no existía vacuna en ese momento. Algunos veterinarios estimaban una efectividad de las vacunas en torno al 70 % en animales no estresados. Sin embargo, la dificultad de capturar a los conejos dentro de los plazos de eficacia y el estrés asociado a la captura llevaron a la conclusión de que, en estas condiciones, los perjuicios podían superar a los beneficios. Por ello se decidió abandonar definitivamente la vacunación.

 4. Métodos de captura

Los métodos de captura han estado siempre condicionados por la época del año, la climatología, la disponibilidad de alimento y el tipo de animal a capturar (adultos o gazapos).

Dado que uno de los objetivos principales era el desbroce natural, el aporte de alimento suplementario se mantuvo siempre al mínimo, no superando en general el 10 % de las necesidades totales, utilizándose básicamente como cebo.

Se emplearon jaulas de captura individual, similares a las utilizadas en descastes, y jaulas de captura múltiple de fabricación casera, con sistemas de activación por peso o empuje. En estas últimas era necesario un periodo previo de habituación.

jaula de captura individual y tubo basculante en Trofeo caza y conservacion

Los comederos no se colocaban cerca de las madrigueras en época de cría, ya que las hembras dominantes impedían el acceso al resto de animales. El tipo de alimento utilizado como cebo variaba según la época del año.

Comedero trampa de conejos en Trofeo caza y conservación

La experiencia demuestra que los dos factores más determinantes para el éxito de la captura son la densidad de animales y la abundancia o escasez de alimento disponible.

5. Repoblaciones

Antes de realizar cualquier repoblación debería estudiarse y corregirse previamente la causa que motivó la desaparición o el declive de la especie. Sin embargo, esto rara vez se hace.

De los conejos excedentes procedentes de los cercados, solo una mínima parte ha sobrevivido al primer año tras la suelta. En la mayoría de los casos han sido depredados a los pocos días, al no disponer de tiempo para conocer el terreno ni los refugios.

Solo en tres ocasiones se observó una supervivencia algo mayor. En una de ellas, la suelta se realizó junto a una viña con cañón de carburo, que ahuyentaba a los depredadores. En otra, la suelta se hizo junto a un río profundo con baja presión de depredación inicial. En la tercera, los conejos se introdujeron en madrigueras previamente comprobadas y cerradas durante dos días, dejándoles alimento, lo que les permitió reconocer el refugio.

Estas experiencias indican que el factor clave no es el número de conejos soltados, sino el tiempo y las condiciones que se les proporcionan para adaptarse y reducir la presión inicial de depredación.

Conclusión

La experiencia acumulada durante más de treinta años demuestra que la gestión del conejo silvestre no admite soluciones simples. Ni los cerramientos ni las vacunaciones ni las repoblaciones garantizan el éxito si no se comprenden los equilibrios naturales. En muchos casos, el conocimiento del terreno y del comportamiento del animal resulta más determinante que cualquier intervención externa.

Epílogo. Cierre del proyecto y nuevas líneas de trabajo

Por causas de fuerza mayor, el proyecto de cría de conejo silvestre en cercados de cierta superficie ha llegado a su fin. En los últimos años resultó cada vez más difícil mantener poblaciones estables en los cercados. Cuando la población desaparecía completamente en uno de ellos, se recurría al otro para su recuperación, pero llegó un momento en que ambos cercados quedaron totalmente agotados.

Se observó que durante el invierno se producía una ligera recuperación, coincidiendo con el periodo de inactividad de las culebras bastardas y la migración del águila calzada. Sin embargo, con la llegada de la primavera, la presión de la depredación se intensificaba de nuevo. La impresión final es que las culebras bastardas han llegado a colonizar las madrigueras, y al eliminar sistemáticamente a los gazapos, terminan por hacer inviable la continuidad de la población.

Desde hace dos años se están realizando ensayos de cría en cercados de tamaño reducido, con el objetivo de poder blindarlos de forma más eficaz frente a los depredadores. Para estos ensayos se están utilizando conejos cruzados con domésticos, trabajando posteriormente para depurar la línea hasta obtener animales lo más próximos posible al silvestre. El manejo aplicado es similar al utilizado anteriormente en los grandes cercados, buscando siempre minimizar el estrés.

Se ha descartado definitivamente la cría en jaulas propias de conejo doméstico. Durante dos años se intentó este sistema sin éxito: en algunos casos las hembras no quedaban preñadas, en otros absorbían los fetos tras más de veinte días de gestación, y cuando llegaban a parir, las crías morían al poco tiempo por falta de cuidados maternos. Esta experiencia confirma la dificultad, e incluso la inviabilidad, de adaptar el conejo silvestre a sistemas de cría intensivos.

Texto y fotos: José Luis Carrascal