Jim Corbett y su legado: caza de tigres y leopardos en la India

Historias, armas y aventuras del célebre cazador de tigres devoradores de hombres

Cuando comencé la caza y safaris en Kenia, en 1958, había estado siempre soñando con la posibilidad de conocer a Jim Corbett que, cuando La India alcanzó su independencia en 1947, junto con su hermana Maggie se marcharon a Kenia, estableciéndose en la población de Nyeri, que es donde está el famoso hotel Tree Top, construido entre las ramas de un árbol gigantesco, desde donde se veía a los animales salvajes beber, bañarse, etc.

Lamentablemente, el destino me traicionó, pues adelantó la muerte de Corbett antes de mi llegada a Kenia, falleciendo a la edad de 75 años debido a un ataque al corazón el 19 de abril de 1955 y siendo enterrado en la iglesia anglicana de San Pedro de Nyeri, lo que fue un desengaño para mí, teniéndome que contentar con visitar su tumba, llevarle las flores y dedicarle algunas oraciones, que creo que no le vendrían mal en su eterna soledad. Estas visitas las repetí bastantes veces mientras viví en Kenia, consolándome con leer sus libros cazando los tigres y devoradores de hombres, que escribió cuando ya se había establecido en Kenia y que tuvieron un éxito mundial, siendo traducidos a varios idiomas, entre ellos, el español.

Tigre en Trofeo caza y conservacion

Edward James Corbett nació en la India en 1875 y murió en Kenia en 1955. Curiosamente, siempre se le conoció por Jim –que es como si en español le llamaran Jaimito. Su madre se casó extrañamente a la edad de 14 años, una verdadera niña aún, teniendo cuatro hijos. Lamentablemente, su marido fue asesinado durante un motín capitaneado por hindúes enemigos de la ocupación británica de La India, quedando viuda hasta que se volvió a casar a los 23 años, en octubre de 1859, con un inglés llamado Christopher William Corbett, también viudo y que tenía ya una hija y dos hijos. Entonces pasó a llamarse Maggie Corbett, al tomar el apellido de su marido, y trajo al mundo 6 hijos más y 3 hijas, con un total en su vida de 13 hijos.

Al señor Corbett le fue asignado el servicio de correos de una amplia zona en el norte de La India en 1882, al pie de los de los Himalayas, en el puesto de Naini Tal, a 2.100 metros de altitud. En un lugar cercano el Gobierno le regaló unas tierras, en Kaladhungi, donde construyeron una gran casa para a ver albergar a tan gran familia, pues, en total, el matrimonio tenía 16 hijos, marchando todo perfectamente cuando para el padre falleció, cuando Jim tenía seis años de edad. Su madre, viuda ya por dos veces, era una persona excepcional, encargándose del trabajo postal de su marido, manteniendo a la familia unidad, educando a los hijos, etcétera.

El joven Jim siempre demostró un gran interés por la naturaleza, fauna y flora, adquiriendo un gran conocimiento de todo ello, gracias a un jardinero hindú que tenía un gran afecto por él.

Poco a poco su interés por la caza fue en aumento, utilizando el principio un tirador con dos fuertes gomas con el que abatía pájaros y algún pequeño roedor. Después, con la ayuda del jardinero, aprendió a utilizar un arco y flechas, seguido por un viejo rifle de avancarga con el que ya pudo cobrar alguna pieza mayor, pero no comenzó a cazar grandes ejemplares hasta que consiguió un rifle militar del calibre .450 Martini.

Su primer leopardo

A los diez años entró voluntario en la asociación Naini Volunteer Rifles, haciendo una excepción con él, pues el mínimo de edad requerida era los doce. Allí se fue formando y destacando como uno de los mejores cadetes con sus uniformes de color azul oscuro. El sargento mayor de los Volunteers un día le hizo una proposición inesperada a Jim, y es que le dejaba un rifle del calibre de .450 Martini durante sus vacaciones con todas las municiones que quisiera, con la condición de que le devolviera los casquillos disparados para su control.

Con esta arma en las manos a Jim ya no le importaba el penetrar en aquellas densas selvas, recorrerlas y disfrutar de las soledades vírgenes, con un gran sentido de la orientación que le permitía moverse sin perderse. Un día, mientras estaba observando desde una roca un bando de gallina silvestres, de pronto comenzaron a revolotear armando un gran escándalo. Esto sorprendió al joven Jim y, al mirar, vio a un leopardo que venía directamente hacia él, parándose a escasa distancia, un poco por encima de su nivel. Sin dudarlo, rápidamente le hizo un disparo que le ocultó un momento al leopardo –debido a la nube de humo producida por aquellas viejas municiones, aún cargadas con la vieja pólvora negra–, que dio un gran salto por encima de la cabeza de Jim, cayendo detrás de él y huyendo. Jim estaba seguro de haberle impactado bien, pero ahora se veía en la difícil situación de tener que seguir a un leopardo herido, el primero de su vida, sin ayuda. Con todo el valor que hacía falta y el rifle a punto de hacer fuego, comenzó a seguir el rastro lentamente, hasta que, a veintitantos metros, descubrió al leopardo muerto, lo que fue una gran satisfacción al abatir su primera pieza de caza mayor, ¡a los diez años!

El tiempo fue pasando y entró en la American Methodist School, de donde ya salió para trabajar en el ferrocarril, siendo el manager del centro ferroviario de Mokamet Gaht a los 20 años de edad, donde el tren combinaba con el ferry que atravesaba el río Ganges para llevar a pasajeros e innumerables mercancías.

Leopardo en Trofeo caza y conservacion

Devoradores de hombres

Hacia principios de 1900, Jim ya se había creado una buena reputación como cazador y experto en armas, además de por su habilidad para moverse en aquellas selvas. En aquellas fechas había en La India 200 millones de personas y un cálculo de unos 100.000 tigres, tan lejos de la actualidad, donde ya hay 1.200 millones de habitantes y menos de 2.000 tigres, el 95 % en parques nacionales y reservas, quedando en estado libres y salvajes tan solo en la zona de los Sunderbans, en el delta del Ganges, donde cada año suelen matar entre 25 – 30 personas, mayoritariamente leñadores que se aventuran por allí, a pesar de las prohibiciones y medidas del Gobierno.

En aquellos tiempos los problemas entre animales salvajes y personas eran muy frecuentes, dándose numerosos casos de tigres y leopardos devoradores de seres humano, que es cuando Jim Corbett comenzó sus actividades para intentar eliminar a algunas de estas fieras antropófagas que aterrorizaron a grandes zonas del norte de La India, sobre todo por la de Kumaon.

La tigresa de Champawat: 463 víctimas

Utilizando numerosos cebos, paciencia y constancia, además de grandes esfuerzos físicos por su parte, moviéndose de unos lugares a otros continuamente, consiguió abatir al tigre de Pipal Pani, que se había convertido en un notorio asesino de ganado doméstico, lo cual era un drama para los nativos. Esto fue en 1900.

Anteriormente había cobrado su primer tigre a la edad de 19 años, un ejemplar normal que no había causado ningún problema.

Hacia finales del siglo XIX apareció una tigresa devoradora de seres humanos especializada en matar peregrinos, que en cierta época del año iban a Champawat, con un total de 463 víctimas a su crédito, siendo el devorador de hombres más notorio conocido en la historia de La India. El abatir a esa tigresa le dio fama y renombre universal, pues estuvo varios años, arriba y abajo, intentando cazarla hasta que pudo abatirla en 1907. A principios de 1910 cazó otra tigresa en Muktesar que ya había causado 24 víctimas humanas.

Jim Corbett con el leopardo Rudra Prayag en Trofeo caza y conservacion

Jim Corbett con el leopardo Rudra Prayag, que había matado y devorado unas 400 personas.

La ‘Bestia de Panar’

Cuando en 1907 estaba con el problema de la tigresa de Champawat, le llegó la noticia de que había un leopardo devorador de hombres en el límite oriental del distrito de Almora, al que había bautizado con el nombre de la Bestia de Panar, y que había matado y devorado sobre cuatro centenares de personas, principalmente ancianos y niños que no podían ofrecer mucha resistencia.

Después de cazar a la tigresa de Champawat, al regresar a su hogar en Naini Tal, recibió la petición del Gobierno de que intentara abatir a este leopardo. Como tenía mucho trabajo atrasado no pudo dedicarle tiempo al leopardo, que seguía aumentando el número de víctimas. El tiempo fue pasando hasta que, en septiembre de 1910, pudo centrase plenamente en la persecución del leopardo, con la suerte de acabar con él después de muchas peripecias, y corriendo gran riesgo, con una escopeta del calibre 12 y postas, en lo que tuvo mucha suerte, pues es un arma efectiva a muy corta distancia, pero a más de unos veinte metros de la boca del arma las postas se van esparciendo, perdiendo energía y su teórico poder mortífero.

Ese año de 1910 fue un gran éxito para Jim Corbett, al eliminar a la tigresa de Muktesar y al leopardo de Panar.

Once tigres y dos leopardos

En 1912 cazó otro leopardo devorador de hombres y después de esto vino un largo periodo sin actividades cinegéticas con el comienzo de la Gran Guerra, cuando en 1917 alcanzó el grado de capitán, encargándose de adiestrar a 500 hombres del distrito de Kumaon para mandarlos al frente de Francia, con el resultado de que 499 de ellos regresaron a La India después del cese de las actividades, lo que fue un verdadero récord para Corbett y sus gurkas, que es como se les conocía.

Leopardo en Trofeo caza y conservacion

En 1926 cazó un leopardo en la zona de Rudraprayag, que ya había causado la muerte de 125 personas. En 1929 cobró la tigresa de Talla Des que, junto con dos crías casi adultas, mataron y devoraron a 150 campesinos. En 1930, que es precisamente el año en que nació el que esto escribe, en la zona de Chowgarh otra tigresa, junto con su cría, ya habían devorado 79 seres humanos. También en 1930 tuvo que eliminar un gigantesco tigre especializado en devorar ganado doméstico con el consiguiente desastre para sus propietarios, al que se le conocía con el mote del Soltero de Powelgarh, pues nunca se le vio en compañía de una tigresa. En 1930 cazó el tigre de Kanday. En 1933, el tigre de Mohan, en 1937, el de Chuke y en 1938, la tigresa de Thak, pero, lamentablemente, nunca se hicieron públicas las cifras de las víctimas causadas por estos últimos animales.

Corbett con el gigantesto tigre llamado `El soltero de Powalgarth´ pues nunca se le vio en compañía de ninguna hembra.

Corbett con el gigantesto tigre llamado `El soltero de Powalgarth´ pues nunca se le vio en compañía de ninguna hembra.

En 1946, un año antes de la independencia de La India, Jim Corbett cazó su último tigre en el Ladya Valley, un devorador de ganado, poniendo esto punto final a sus actividades cinegéticas en La India, durante las cuales cobró un total de once tigres devoradores de hombres y dos leopardos, siendo curioso que fueron más las tigresas que los machos las autoras de las grandes matanzas de seres humanos.

El maharajá Ganga Singh de Bikaner junto al maharajá Bhupal Singh, amigos de Jim Corbett en Trofeo caza y conservacion

El maharajá Ganga Singh de Bikaner junto al maharajá Bhupal Singh, amigos de Jim Corbett, aficionados a la caza del tigre a la tradicional usanza india, disparando desde el lomo de elefantes amaestrados.

Llegada a Kenia

Durante la Segunda Guerra Mundial fue ascendido a teniente coronel encargado nuevamente de adiestrar a 1.400 hombres de Kumaon para saberse manejar y sobrevivir en las grandes selvas de Birmania en su lucha contra los japoneses.

Jim Corbett fue ascendido a teniente coronel durante la guerra. Fotografía tomada en 1945.

Jim Corbett fue ascendido a teniente coronel durante la guerra. Fotografía tomada en 1945.

Como antes se refirió, al alcanzar La India su independencia en 1947 Corbett decidió marcharse del país y, junto a su hermana Maggie, eligieron Kenia como su nuevo hogar, donde escribió seis libros sobre sus recuerdos y la caza de los devoradores de hombres, todos ellos sumamente interesantes, en los cuales daba también una descripción de La India en aquellos lejanos tiempos de su juventud.

Las armas de Jim Corbett

Jim Corbett utilizó diversas armas a lo largo de su vida, como fue un .275 de repetición fabricado por Westley Richards, que es el 7×57 Mauser en medidas del sistema métrico decimal. También una escopeta del 12, con la que pudo matar a el leopardo de Panar, además del un express del .500 de pólvora negra y otro del .450/.400 Nitro, fabricado por Jeffery en acción Anson & Daley, con expulsores automáticos, con el que cazó cinco o seis tigres devoradores de hombres.

Este último rifle fue a parar a las manos de un conocido cazador profesional norteamericano, llamado Elmer Keith, residente en un rancho en Idaho, desde donde operaba por los Estados Unidos centrado en la fauna local, quien durante la década de 1960 hizo dos safaris en África como cliente deportivo. Keith tuvo una gran afición por los rifles express, o de dos cañones, además de ser un experto en armas cortas, habiendo colaborado en la creación de revólveres en los calibres .357 Magnum, .41 y .44 Magnum. Durante años fue adquiriendo todos los rifles express que pudo encontrar, consiguiendo una colección de ellos muy importante.

Después de sus dos safaris en Kenia, conducido por mi amigo y cazador profesional John Lawrence –donde cobró los cinco grandes, elefante, rinoceronte negro, búfalo, león y leopardo–, escribió un libro titulado Safari, publicado en 1968, en el que habla de todo en plan dogmático, explicando y dando consejos, como si ya fuera la reencarnación de John Hunter o Philip Percival, que se pasaron toda la vida cazando en África

tigre y su cria en Trofeo caza y conservacion

Todos estos comentarios sobre Keith indirectamente sí que tienen relación con Jim Corbett por ciertas disparatadas afirmaciones que hace en el referido libro: en la página 94, donde hay varias fotografías de rifles express, en la superior, donde figuran cuatro rifles, dice, de izquierda a derecha, «.400 Jeffery de pletina entera (side lock), con expulsores automáticos, que perteneció al famoso cazador de La India Jim Corbett. Esta arma mató a más de mil tigres devoradores de hombres». Esta afirmación fue un magnífico disparate y, me temo, que al señor Keith, en su entusiasmo por Jim Corbett, se le fue de la mano «un poquito» el sentido de la proporción, pues de los cinco o seis devoradores de seres humanos que abatió con el .400 Nitro oficialmente, a los «más de mil», existe una pequeña diferencia.

La familia de Elmer Keith, fallecido en 1984 a los 85 años de edad, subastó su colección de armas a través de la compañía James D. Julia, pagando por el rifle «de los mil devoradores de hombres» la fantástica cantidad de 264.000 dólares. Al comprador le conozco muy bien, un americano millonario que colecciona armas de famosos cazadores, esperando que no le dé un infarto si llega a enterarse de que los abatidos por ese rifle se redujeron a tan sólo cinco o seis ejemplares. Indudablemente, la compañía subastadora no sabía la realidad y se fiaron siempre de lo que decía y se fanfarroneaba Keith al respecto. Supongo que el espíritu de Jim Corbett, desde las selvas de Kumaon, debe de estar sonriendo ente semejante historia a su costa…

La anécdota londinense

Jim Corbett fue un gran y valiente cazador que no dudó en arriesgar su vida cazando los peligrosísimos tigres y leopardos en beneficio de los que sufrían el terror de los devoradores de hombres. Fue un eterno solterón, pues decía que tenía tanto que hacer que nunca encontró tiempo para casarse, viviendo con su hermana Maggie que cuidó de él hasta el último día de su vida en Kenia, y quien comentó que su hermano escribió todos sus libros y artículos utilizando solo un dedo con la máquina de escribir.

Jim Corbett en sus últimos años en Kenia, donde consiguió amaestrar a unos pajaritos que venían a comer en sus manos.

Jim Corbett en sus últimos años en Kenia, donde consiguió amaestrar a unos pajaritos que venían a comer en sus manos.

Corbett fue el perfecto caballero victoriano, honesto y buena persona que perseguía a los devoradores de seres humanos sin olvidar tomar su taza de té cuando correspondía, vestido con chaqueta, camisa, corbata y pantalón corto.

Dejando ya tranquilo a Corbett, referiré una anécdota de la que participé, más o menos conectada con los tigres, pero esta vez en Londres.

Yo fui un gran amigo de Malcolm Lyell, director de la famosa firma Holland and Holland, y digo fui porque, lamentablemente, ya falleció hace unos años. Durante mis viajes a Londres me quedaba en su casa, donde su esposa Rosamunda me trataba como uno más de la familia y yo disponía siempre de una habitación con baño privado, etcétera, en el domicilio situado en Addison Road.

Siempre que regresaba a España después de una temporada de safaris en Kenia, Sudán o Tanzania lo hacía vía Londres para que los talleres de Holland & Holland les dieran un buen repaso en los mecanismos de las armas, ver cómo estaban los percutores junto con una limpieza y engrase general, todo ello muy importante para la seguridad del usuario.

En aquellos tiempos no era como ahora, que si te ven con un arma en la mano se organiza un lío de mil demonios; entonces se le explicaba a la policía la razón de llevar el arma y, sin más problemas, daban un permiso temporal por tres meses para poder tener el rifle en Inglaterra, dando la dirección de dónde estaría uno durante el tiempo de la estancia en el país.

Sin saberlo, llegué en dos días antes de la boda del príncipe de Gales, actual rey del Reino Unido con Lady Di. Me encontré con Londres hasta los topes con reyes, aristócratas y los miembros más destacados de la Commonwealth para asistir a la ceremonia. Precisamente, aquella noche Malcolm había invitado a cenar en su casa a los maharajás de Jaipur y de Indore, con sus respectivas esposas o maharanís, pues, después de la independencia de La India y posterior prohibición de la caza, muchos de los maharajás vendieron sus costosas armas deportivas, mayoritariamente fabricadas por Holland & Holland, por lo que Malcolm realizó numerosos viajes a La India para ir adquiriéndolas, lo que dio lugar a que hicieran buena amistad con algunos maharajás, como los invitados a la cena de aquella noche, que fue para mí una inesperada y agradable sorpresa, pues los cuatro eran personas muy amables y afectuosas.

Rosamunda había preparado un buffet sin protocolos ni servicio, en plan casero. Las dos maharanís, con su correspondiente rubí incrustado a un lado de la nariz, insistieron en que me sentara entre ellas y no me dejaron ir al buffet, trayéndome ellas lo que me apetecía, siempre sonriendo y amabilísimas, diciéndoles al final de la cena que me sentía como en un feliz sueño al haber sido «servido» por dos encantadoras maharanís que colmaron de simpatía y afecto a mi persona, pues, como dice el refrán, más vale caer en gracia que ser gracioso, que es lo que me debió ocurrir aquella noche y dudo, sin presunción, que sean muchos los españoles a quienes dos maharanís o altezas reales en La India, les sirvieran la cena ante sonrisas, como si fuera uno más de ellos…

La situación actual de los tigres

Tigre en Trofeo caza y conservacion

Naturalmente, Malcolm, los maharajás y yo hablamos sobre la preocupante situación de los tigres en La India y resto de su antiguo hábitat en Asia, debido al constante aumento de la población humana, la terrible disminución de los animales salvajes que eran su alimento principal, y a un feroz furtivismo, pues en China se pagan altos precios por los despojos de los tigres empleados en la absurda farmacopea del país, pues, en ese sentido, los chinos son mayoritariamente fanáticos y, de seguir las cosas así, el futuro de los tigres es más negro que el carbón.

Desde aquella conversación, hace ya muchos años, si aún vivieran los maharajás, viendo el panorama actual, mucho me temo que les daría un infarto, pues la situación no puedo estar peor o «más que peor» en el presente año 2025.

Los dos maharajás habían conocido a Jim Corbett cuando eran jóvenes, sintiendo una gran admiración por él, más que merecida, por su valentía y constancia eliminando a los peligrosísimos tigres y leopardos asesinos, devoradores de seres humanos, en realidad a cambio de nada, tan solo de ayudar a los pobres campesinos hindúes cuando necesitaban ayuda, jugándose la vida Jim Corbett sin dudarlo cuando hizo falta, como un verdadero ángel de la guarda en las selvas de Kumaon

En la vida hay recuerdos que perduran más o menos, pero en este caso «veo» perfectamente en mi mente aquella magnífica cena servido y atendido por las dos encantadoras maharanís de los estados hindúes de Jaipur e Indore, a pesar de mis 95 años de edad actuales…

Texto de : Tony Sánchez Ariño