El leopardo africano: el fantasma de la noche

62 años de experiencias en África para descubrir los hábitos, la fuerza y los secretos de uno de los grandes felinos más fascinantes del continente.

Científicamente el leopardo se designa “Panthera pardus” al cual, por la razón que sea los franceses lo denominan “Pantera” y los ingleses “leopardo”, por los españoles, por lo visto, para no ser menos, utilizamos esas dos designaciones, como si fueran dos especies distintas, a la que añadimos también la de “pantera negra” como tercera… Siento decir que todo esto es producto de una supina ignorancia, pues solo existe UNA, que es el leopardo normal o “Panthera pardus” y que luego cada cual que le llame como quiera de acuerdo con sus gustos.

Referente a la famosa “Pantera Negra” esta no es más que un vulgar leopardo donde la melanina predomina de forma excepcional, dando aquel color al animal, que mirándola de cerca se ven perfectamente las manchas del moteado normal negro sobre negro.

Curiosamente en la Península Malaya, por la razón que sea y yo desconozco, los leopardos negros son más comunes que el normal, como pude comprobar personalmente durante mi estancia allí al ver varias pieles y un ejemplar vivo dentro de una jaula capturado en una trampa muy cerca de la capital del Estado Malayo de Johore, el cual tenían preparado para llevarlo a un Parque Nacional y soltarlo allí para que siquiera perpetuando la especie, pues había un gran movimiento en la protección de la fauna salvaje, estando prohibida toda su caza.

Leopardo tumbado en revista trofeo

 

Distribución y tamaños

 

Menos en los desiertos absolutos y zonas pantanosas, los leopardos se encuentran repartidos por toda África al sur de Sahara, o al menos lo estaban hasta fechas recientes, desde lugares áridos de escasas lluvias hasta las grandes selvas ecuatoriales de la parte central del continente, pues tienen una adaptación al medio ambiente realmente increíble, lo que les hace tener grandes diferencias en el tamaño y peso según los lugares donde se encuentren y la disponibilidad de alimentación, esto es básico, lo mismo que entre los seres humanos, pues hay lugares donde los leopardos raramente sobrepasan los 50 kilos y otros en los que pueden llegar a pesar entre 70 y 80, y excepcionalmente algo más.

La zona donde vi, en general, los mayores leopardos fue en el territorio Maasai del norte de Tanzania y sur de Kenya, magníficos animales con los que no se podía “jugar” con ellos pues, heridos, eran peligrosísimos y agresivos, como más de un cazador profesional, amigos míos, pudieron comprobar a su costa terminando en el hospital de Nairobi, Kenya…, entre ellos el famoso Robin Hurt, escapándome yo por los pelos en dos ocasiones gracias a mi eterno protector San Huberto!

Los leopardos son animales de hábitos totalmente nocturnos, “los fantasmas de la noche” como solemos llamarlos, que raramente su encuentro es de día, excepto en algunos parques nacionales donde a fuerza de ver “manadas de turistas fotográficos” les han hecho cambiar algo sus costumbres y se dejan ver de vez en cuando sin hacerles demasiado caso, pues allí el “Homo Sapiens” se convierte en “Homo Coñazus” incordiando todo lo que pueden para que los pobres animales “posen” como ellos quieren para sacarles fotos, saltándose las normas y reglamentaciones vigentes, como he podido comprobar infinidad de veces por desgracia…

leopardo en un arbol en revista trofeo caza

Por el contrario de lo que referí antes, sobre el tamaño de los mayores leopardos que tuve la oportunidad de ver, ahora señalaré como curiosidad, los lugares donde encontré los más pequeños, como regla general, que fue en el antigua Somalia Italiana, si bien eran preciosos de pelaje, en el desierto Danakil de Etiopia, y el extremo noreste de Kenya, pesando normalmente entre 40 y 50 kilos como máximo, si bien hay que tener siempre presente que no hay reglas absolutas y que estas pueden variar por defecto o por exceso…, pues en la naturaleza dos por dos no son siempre cuatro!!

Hábitos de alimentación

 

Después de 62 años de cazador profesional en África y de haber participado en la caza de 167 leopardos, contando los que cobré en mis licencias, los conseguidos en safaris deportivos con clientes y en batidas oficiales para eliminar ocasionalmente animales que se dedicaban a matar ganado doméstico y, súper ocasionalmente atacar a seres humanos, pude comprobar que los leopardos se ponían “en marcha” poco antes de atardecer en busca de su alimentación, normalmente animales de tamaño medio y pequeño que podían dominar bien de acuerdo con sus posibilidades, jamás se les ocurriría meterse contra un búfalo, pues seria como David contra Goliat pero sin la honda…, terminando la cosa en “funeral leopardístico” sin la menor solución.

Normalmente la dieta de los leopardos es muy variada, pues si una les falla pueden encontrat otra, normalmente compuesta por las numerosas especies de duikers, reedbucks, impalas, facocheros, potamocheros, monos, etc., así como toda clase de las crías de antílopes mayores, y curiosamente las llamadas gallinas de Guinea que tienen mucha carne del gusto de los leopardos por lo visto.

Una vez han comido lo que les apetezca entonces, lo que aún quede, suelen subir los restos de la presa y encajarle entre las ramas de los árboles para evitar que, las hienas y otros depredadores, acaben con ellas, asegurándose el disponer de alimentación durante unos días más, hasta que se termine y tengan que volver a cazar. Siendo un animal que puede pesar entre 50 y 80 kilos, según las diversas zonas de su hábitat, demuestran tener una fortaleza increíble, al poder poner los restos de su presa a varios metros de altura, algunas veces pesando tanto como ellos o más, habiendo encontrado en varias ocasiones jóvenes ñus ya con cuernos y, una vez, un lesser kudu adulto casi completo…

Leopardo comiendo en revista trofeo

 

Esta operación de asegurarse “la despensa” la hacen aguantando el animal correspondiente con la boca y cargándoselo sobre la espalda, realizando la labor de trepar en el árbol clavando las uñas en el tronco hasta llegar al sitio que hayan seleccionado con un esfuerzo extraordinario, pues sus músculos parecen cables de acero.

Desgraciadamente para el pobre leopardo, esta forma de asegurarse la comida es su perdición, pues si un cazador encuentra una de esas “despensas” en un árbol, con bastante carne aún en buen estado, sabe que el animal volverá para seguir comiendo, teniéndolo ya localizado para hacerle una espera. De acuerdo con mi experiencia vi que los leopardos que tenían su comida asegurada allí no esperaban a la oscuridad, haciéndolo a media tarde aún con el sol alto, lo contrario del que tenía que cazar de nuevo de forma totalmente nocturna.

Tamaños

 

Según las diferentes zonas los leopardos suelen tener una alzada hasta la cruz variando entre 70 y 80 centímetros, siendo los más robustos los habitantes de las zonas montañosas, con un sistema muscular muy desarrollado, sin duda por los ejercicios de subir y bajar laderas de los montes en busca de su alimento cotidiano, donde estos no suelen abundar demasiado.

Durante mis 62 años de cazador y “mini-explorador” en África, tuve la oportunidad de ver sus rastros hasta 2.500 metros de altura en los montes Ruwenzori, Camerún, Maru y la Cordillera de los Volcanes Virunga, que comienzan en el ex Congo Belga, atraviesan el norte de Ruanda y terminan un Uganda, sobre todo en la zona de los volcanes Sabinio, Mikeno y Karisimbi, que es también “la patria” de los Gorilas de Montaña, o era, si es que los malditos furtivos han dejado alguno…

Furtivismo

 

Dentro de mis modestos conocimientos, basados en experiencias tangibles durante muchísimos años, si que puedo asegurar que los leopardos son aún bastante abundantes en la mayoría de los países de África Central, Oriental y Meridional, pero en crítica situación por toda África Occidental debido a la fuerte presión humana, siempre en aumento constante, y la falta de animales salvajes para su necesaria alimentación en descenso ahora constante…, que como no se hagan “vegetarianos” se les puede predecir un futuro más que negro a las pobres…

En el furtivismo no se ha centrado mucho en los leopardos por las siguientes razones:

Porque su caza es difícil e insegura, pero sí con mucho riesgo si se cazan con armas, pues con lazos, etc., lo normal es que lamentablemente al revisar estos al cabo de cierto tiempo se encuentran el leopardo muerto y ya putrefacto, sin el menor valor.

leopardo en revista trofeo

Las pieles que no han sido tratadas correctamente inmediatamente después de cobrarlos, como es quitar todo vestigio de grasa, lavarlas poniéndoles luego toda la sal necesaria y mantenerlas lo más protegidas del sol, que es precisamente lo que hacen al revés los furtivos, que es ponerlas al sol para que se sequen sin más, pero cuando se intentan curtirlas por los clandestinos compradores se les cae el pelo, quedando totalmente inservibles.

En general los furtivos se centraron principalmente en los elefantes por el marfil y los rinocerontes por sus cuernos, con un menor interés por el leopardo por las razones antes expuestas. Además, hubo, o hay, un gran sector del furtivismo centrado en el negocio de la carne, mucho más rentable, pues todo vale en ella cualquier especie de animales salvajes, desde los más comunes a los más raros una vez ahumada, denominada generalmente como “Bush Meat”, o sea “carne de bosque”, sin hacer distinción entre animales jóvenes o viejos, machos o hembras, que es más destructiva…

En Ruanda vi una partida de carne ahumada, confiscada por la policía, procedente de Tanzania Occidental, compuesta de carne de hiena ofrecida y pretendida que era de antílope…, demostrando la falta de todos los principios de esa carroña humana!!

cara de leopardo en revista trofeo caza

 

Interacción ¿o convivencia? con los humanos

 

Como ya mencioné el leopardo consiguió una notable convivencia con el ser humano, y como ejemplo anecdótico, referiré dos de ellas sucedidas hace unos años:

Un miembro del cuerpo diplomático de los Estados Unidos, residente en las afueras de Nairobi, Kenya, al entrar en el cuarto de baño se encontró allí un leopardo, que nadie supo cómo pudo entrar. Naturalmente aquella persona salió a toda velocidad cerrando la puerta y luego, desde fuera terminaron de abrir la ventana, que daba al jardín, viendo como el leopardo saltaba por ella desaparecieron entre otros jardines de la zona residencial, terminando todo en un doble susto, que no se sabe quien lo tuvo más, si el leopardo a la persona… que aquel día no pudo tomarse el baño habitual !!

La otra anécdota sucedió también en la zona residencial de Johannesburgo en África del Sur, donde una mañana apareció un leopardo paseando por los jardines que separaban unas casas de otras muy tranquilamente. A la vista de esa más que inesperada visita los vecinos intentaron cazar al leopardo pero, por lo visto su instinto debió prevenirle de algo poco “saludable”, y cuando llegó al grupo de cazadores el animal había desaparecido sin dejar rastro, afortunadamente para él…, pues son animales muy astutos y de costumbres imprevisibles.