Ecología, conservación y caza: reflexiones sobre la naturaleza y sus desafíos

Del declive de la vida animal al papel de proyectos como Life Iberlince y la conservación del águila imperial ibérica.

 

Permítaseme, antes de nada, el hacer una brevísima presentación de mi persona. Nací en el año 1941 y mi vida profesional se ha desenvuelto durante casi medio siglo entre la investigación y la enseñanza universitaria sobre temas zoológicos. Desde que tuve uso de razón, seguí los pasos de mi padre y hermanos en la afición a la caza. Y, ya jubilado, me dedico, en lo que permiten mis condiciones físicas y mentales, a recorrer el campo y a escribir artículos, en el primer caso al objeto de encontrarme cara a cara con los animales que lo habitan y, en el segundo caso, a fin de plasmar en un papel mis experiencias y mis humildes conocimientos.

Bien, puede comprender el lector que desde la fecha de mi natalicio a la actualidad he tenido la ocasión de ver, oír y constatar muchas cosas y acciones acerca de lo relacionado con la Naturaleza, unas muy buenas, otras buenas, otras regulares y más de una deficiente o francamente pésima.

No cabe la menor duda de que la vida animal y vegetal inició un importante declive en ciertas regiones del planeta hace tiempo, pongamos a principios del siglo pasado. El hombre tomó conciencia de la situación por lo que mentes, unas privilegiadas y otras no tanto, emitieron razonamientos y aventuraron teorías e hipótesis, fruto de lo cual aparecieron nuevas corrientes de pensamiento y acción.

Una de ellas, quizá la más importante, fue el nacimiento de la ciencia que en 1869 el zoólogo alemán Ernst Haeckel bautizó como Ecología. Y otra, no menos importante, fue el surgimiento del «movimiento ecologista» (ecologismo, movimiento verde) entre los años sesenta y setenta del siglo pasado con unas intenciones, sobre el papel, francamente aceptables, en primera instancia centradas en la reducción de la contaminación y protección de las reservas de recursos naturales, tales como agua y aire, seguidas más tarde de la preservación de territorios únicos y hábitats de vida salvaje para proteger a las especies en peligro de extinción.

Pero este movimiento se impregnó, o ya desde el principio nació impregnado, de un acusado matiz político, por lo que sus actuaciones llevaban un sello que no encajaba con la realidad científica. Y así continuó hasta nuestros días, situándose en los primeros puestos del ranking tanto de captación de subvenciones por parte de los gobiernos (centrales y autonómicos) como de dirección o coordinación de proyectos. Ciertamente, no discuto la valía de algunos de sus integrantes, sería estúpido hacerlo, pero sí expreso mi disconformidad con la metodología que usan en muchos de los trabajos, basada a veces en simples y dudosos supuestos sin apenas contrastar.

Ejemplos, hay muchos, pero, claro, cada uno lo ve de la manera que lo quiere ver. Aplausos no faltan, premios, tampoco, subvenciones jugosas, aún menos; pero, desde mi punto de vista (y lo que hasta ahora he visto), las soluciones obtenidas han sido más bien pobres.

Sesgo anticaza

El singular proyecto Guardianes de la Naturaleza, financiado por el Ministerio para la Transición Ecológica, el Gobierno de Canarias y la Generalitat Valenciana (y, por supuesto, por el Proyecto Life de la Comunidad Europea) y coordinado por la asociación ecologista SEO (en sus orígenes, asociación científica), se desarrolló de 2018 a 2023 con varios objetivos, todos ellos dirigidos hacia la búsqueda de una lucha efectiva contra el crimen ambiental. Pues bien, el informe final sobre las causas de mortalidad no natural de la avifauna española relata once, tres de ellas relacionadas íntimamente con la caza: veneno e intoxicación, disparo y captura ilegal.

Según este informe el envenenamiento intencionado se origina fundamentalmente por el uso indebido de productos químicos letales para eliminar especies potencialmente depredadoras de especies cinegéticas o de ganado; el disparo ilegal está destinado, sobre todo, a eliminar las especies que depredan sobre las especies consideradas cinegéticas; y la captura ilícita es la que se realiza con métodos distintos a los de las armas de fuego: parany, redes, cepos, ballestas, jaulas-trampa, lazos, liga, etc. Es decir, más de lo mismo, se trata de hacer todo lo posible de eliminar, de una vez por todas, la caza. Por supuesto, que hay personas irresponsables que matan animales, pero eso no es óbice para atacar una actividad que, por cierto, permitió que la especie humana sobreviviera y que todos nosotros estemos ahora aquí.

Afortunadamente, aunque habría que probar su benignidad según juicio de evaluadores externos capacitados, este proyecto ha logrado, según sus autores, entre otros objetivos, formar a más de 1500 agentes de la autoridad y contribuir a que haya un 110 % de detecciones de delitos e infracciones ambientales. Sinceramente, aplaudo este último logro esperando y deseando que con él se tenga la oportunidad de denunciar y corregir los aerogeneradores, una de las once causas de mortalidad de aves, si bien lo dudo, porque, si mal no recuerdo, esta forma de generar electricidad está considerada como prioritaria en nuestro país.

Life Iberlince

Pero no son sólo los ecologistas están a cargo de los quehaceres para salvar a los animales y plantas en peligro de desaparición de una zona geográfica o de extinción en la Tierra. Funcionarios y contratados por las administraciones públicas dedican su tiempo a intentar alcanzar idénticos fines.

Caso paradigmático es el del lince ibérico del que muchos especialistas en la materia apostaban por una extinción casi segura. Vino a rescatarlo allá por el año 2011 el llamado proyecto Life Iberlince cofinanciado por la Comunidad Europea en el que participaba el Gobierno de España y distintas comunidades autónomas.

Los resultados, al día de la fecha, han sido positivos, hasta tal punto que este animal ha pasado recientemente de la categoría ‘En Peligro Crítico’ a ‘En Peligro’ (según la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza). Ahora bien: ¿qué metodología se aplicó para alcanzar este tan benévolo resultado? Conozco algo de ella, por lo que puedo decir que su aplicación, aparte de beneficiar al lince, ha permitido poner en práctica, en algunos lugares, un negocio basado en la fotografía o simple avistamiento de tan singular animal desde observatorios (hides) cercanos a sus lugares de alimentación.

El caso del águila imperial

Otro ejemplo, tan paradigmático como el del lince, es el del águila imperial ibérica. Desde los inicios del siglo XXI se llevan a cabo programas y proyectos, financiados tanto por la Comunidad Europea como por varias comunidades autónomas españolas, destinados a la protección y conservación de la especie.

¿Método usado? Fundamentalmente, detección de los nidos, prohibición de acercamiento a determinadas distancias (como un kilómetro), empleo de drones para certificar la puesta y número de pollos, en su caso aportar alimentación suplementaria y, por último, dejar en el nido a un solo pollo llevando al resto a centros especializados para su mantenimiento hasta que pueda ser liberado en la naturaleza.

En definitiva, lince y águila salvados del desastre. Pero, ¿a qué costo? Costo que podemos conjeturar entre líneas en una idea emanada hace 83 años (en 1941) por Aldo Leopold, ingeniero forestal, consumado cazador y bastión de los ecologistas: «el ser humano debe reconocer y no interferir en el equilibrio de la naturaleza».

 

 

Podría continuar cuestionando (siempre bajo mi leal saber y entender) algún que otro caso actualmente de moda, por poner algún ejemplo, la aplicación de la genética para la clonación de animales desaparecidos. Pero, al margen de todo ello, estoy convencido que sería muy loable, por un lado, concienciar a niños y jóvenes, sin falsas e inadecuadas sensiblerías, del verdadero papel que le corresponde interpretar a cada uno de los seres que habitan la naturaleza, y, por otro, conseguir que el ánimo de cuidar y salvar a esos seres, sin romper el equilibrio natural, se extienda a todos los gobernantes del globo terráqueo.

 

Un dato y un deseo

Finalizo con un dato y un deseo.

El dato: dicen los expertos que en nuestro mundo actualmente conviven ocho mil millones de personas con cincuenta mil millones de ejemplares de aves.

El deseo: procuremos que esta proporción continúe siendo una constante y procurémoslo no sólo con las aves, sino con el resto de animales y plantas.

 

Texto y fotos: Antonio Notario Montes

Dr. Ingeniero de Montes