Lo cierto es que son raros los lances fáciles. Bien por distancia, bien por sorpresa o bien por velocidad, casi siempre entrañan dificultad. Y, aun así, hay veces que nos sale una res o un jabalí a distancia corta o al paso y no acertamos en el disparo. Aunque den rabia, podemos transformarlos en una lección aprendida y, por tanto, que no se sean un simple mal recuerdo, sino una oportunidad para no repetir el mismo fallo.
Fallo por falta de experiencia
Casi todos los errores o fallos que vamos a comentar en este artículo tienen un elemento de falta de «canas» monteras y de lances fallidos y acertados; pero, quizás, el fallo más básico y que se repite muy a menudo es la horrible «ansia» de disparo. Esto se manifiesta en un nerviosismo exacerbado que a algunos les hace hasta temblar y realizar disparos prácticamente imposibles o, incluso, temerarios, por no hablar de las incontables repeticiones de disparo que habitualmente dibujan una sonrisa en la boca de los cazadores veteranos. Esto se corrige a base de días de caza, experiencia y todo el temple que podamos hacer acopio. A todos se nos acelera el pulso, pero hay que tratar de mantener la calma, pues eso nos dará bastantes más oportunidades de éxito.
Fallos en la valoración de lance
Estos son aquellos que se producen casi siempre porque no valoramos bien la distancia al objetivo y esto implica que muchos tiros quedan traseros o bajos. Esto es algo que algunos aprenden con la experiencia, pero, sobre todo, se arregla fácilmente con un medidor de distancia. Los hay de mano y no necesariamente carísimos y nos ayudan a medir previamente las distancias a diferentes puntos de nuestro tiradero y con eso saber qué distancia aproximada manejamos. Esto nos sirve para no disparar a animales demasiado lejanos y a valorar el adelanto o, incluso, la caída de la bala en lances largos.
Relacionado con esto también tenemos el no dejar cumplir la caza. Los animales tienden a seguir una ruta de escape o de paso y debemos esperar a que se encuentren en la zona óptima de tiro. Dispararlos según los vemos puede resultar en muchos fallos por distancia, habiendo podido disfrutar de un lance más cercano, más fácil y, seguramente, más certero.

Fallos en la mecánica de disparo
Lo repetiré las veces que haga falta: siempre tendremos el arma con el seguro activado hasta justo el momento de disparo, para volver a activarlo inmediatamente tras bajar el rifle. De verdad, no es ser purista, no es de flojos, es de gente inteligente. Se nos puede colar una rama, una correa o un dedo en el gatillo y tener una desgracia. Nunca se es demasiado prudente.
Se producen muchos fallos, sobre todo provocados por el retraso en el encare del arma, es decir, hasta que estamos alienados en el visor o miras con el objetivo. Tenemos que practicar en vacío todas las veces que sean necesarias hasta que esta maniobra sea casi automática y fluida. Aunque ganemos medio segundo, esa es la diferencia entre poder tirar un animal cruzando un cortadero o perderlo.
Otro posible fallo con visor es por tener demasiados aumentos seleccionados. Esto nos hace tardar en localizar el objetivo o, incluso, no llegar a alinearlo. Si el tiradero es demasiado largo, es mejor centrar el objetivo con menos aumentos y si la distancia de visibilidad y posibilidad de disparo lo permiten, subir aumentos.
En ocasiones de días soleados, pero en puestos de umbría, al tirar con miras abiertas puede suceder que no veamos el punto de mira del rifle. Los rifles modernos suelen equipar un elemento luminoso que ayuda mucho, pero en rifles más antiguos, una pequeña gota de pintura blanca en el punto de mira puede ayudar bastante.
El gatillazo… habitual, muy habitual. Sobre todo, en lances largos y calibres con mucho retroceso. De manera involuntaria, tendemos a prepararnos para el retroceso al «tirar del gatillo», subiendo o bajando el disparo y desplazándonos a la derecha (los diestros, a la inversa). Se arregla bajando de calibre. El calibre que más mata no es el más potente, sino aquel con el que disparamos con mayor precisión.

Mala preparación previa
Esto viene provocado porque el rifle no está en correctas condiciones o bien porque tiene un funcionamiento incorrecto (se encasquilla, por ejemplo) o porque no está centrado. Esto último puede ser debido a usar munición diferente a la usada en el centrado (gramaje, fabricante o ambas) o a que el rifle ya no está centrado. Esto último me ha pasado hace unos días en la preciosa finca de Casarente. Apareció un precioso gamo que, tras pasar lejano y no haberlo disparado, se volvió hacia nuestra postura. Dejando cumplir durante varios segundos de carrera en la que el animal fue aminorando la carrera, se nos acercó a unos asequibles 60 o 70 metros y emprendió una carrera perpendicular a la postura.
Tras llevarlo en el visor varios segundos mientras se acercaba, coloqué la cruz levemente adelantada, justo en el borde delantero de la silueta a la altura del hombro… Disparo… Nada… Rápidamente recargo, vuelvo a colocar la cruz en la misma posición, esta vez dentro de la silueta… Disparo… Nada… Tercer disparo, levemente por delante y, de nuevo, nada. Enorme frustración y comienza mi análisis del lance.
En mi caso, que ya peino muchas canas, casi siempre sé si ha sido fallo mío o no entiendo el fallo (en cuyo caso suele se cosa del centrado del rifle o de la ejecución del disparo, posible gatillazo). Un gatillazo le pasa a cualquiera, pero tres… Aunque tuve la suerte de tener alguien conmigo que había grabado el lance. Tras verlo, se observa claramente que los tres disparos iban colocados correctamente en adelanto, sin embargo, los tres altos. Tras comprobación en el campo de tiro, efectivamente, el rifle iba unos 25 centímetros alto a 50 metros…. Fallo mío por no verificar el centrado antes del día de la montería.

Los fallos son frustrantes, pero, sobre todo, de los fallos se aprende.
Texto y fotos: Joaquín de Lapatza

