Es cierto que hoy la mayoría de los safaris que se realizan son de antílopes, llamados en África plains game, pero, desde que publiqué ese artículo, varios lectores me han dicho que han tenido la suerte de incluir un búfalo en su paquete.
Indudablemente, los búfalos son muy grandes y heridos pueden ser muy peligrosos. El lector será consciente de que con sus preciosos y conocidos .30-06, 7 mm Remington o .300 Winchester no estará adecuadamente armado. Y, además, no está permitido por ley en muchos países. Más aun, debe ser consciente del lío en que se puede meter y lo caro que le va a salir si, a la hora del disparo, no cuenta con un rifle de potencia suficiente para abatir rápido y bien cualquiera de esos atractivos, pero respondones, trofeos de caza. Por ello, es obvio que el lector de esta revista que pueda cazar uno de esos interesantes búfalos estará convencido de que, para afrontar su próximo safari, debe comprar un nuevo rifle de calibre y potencia suficiente para su ansiada aventura cinegética. Y, además, dominarlo y conocerlo, antes de irse a África.
No estoy seguro de que ese afortunado lector tenga muy claro por cuál de los grandes calibres populares que existen debe decidirse para que su elección sea la adecuada, que cubra el mayor campo posible para futuras ocasiones y le pueda servir para el resto de su vida.
Indudablemente, se habrá documentado todo lo posible leyendo libros, habrá consultado con armeros e, incluso, si ha tenido la suficiente paciencia y amabilidad, habrá leído algunos de los artículos que yo mismo he publicado en esta revista, sobre armas para osos, alces, búfalos, etcétera.
Habrá consultado los famosos rifles exprés o los stoppers que usan los cazadores profesionales. Pero, rápidamente, habrá visto que le van a costar varias veces más que su safari y los habrá descartado.

Mi primera pieza en África, hace muchos años, fue un búfalo. Así lo exigía el programa y los desplazamientos. Sin embargo, el intenso entrenamiento que hice en España, antes de salir, de quitar más de cien conejos mixomatosos descastados en verano, me familiarizó con mi nuevo .375H&H. Obviamente, no hubo ningún problema con el búfalo.
Por ello, tras estas conversaciones con armeros, organizadores de cacerías, lecturas e, incluso, mis propios artículos, se dará cuenta de que lo más inteligente, barato y racional será comprar un rifle de cerrojo de precio razonable de calibre .375 H&H o .416 Rigby. No voy a tocar el .416 Remington, porque apenas he tirado con él. Y aquellos lectores que sigan esta sesión habrán leído la importancia que doy a que su calibre lleve décadas de éxito en el mercado, no vaya a ser que no triunfe y dentro de diez años no encontremos una sola bala.
Creo que su rifle para búfalo, además, debe equiparlo con un pequeño anteojo. Será duro, resistente, de monturas desmontables y de no demasiados aumentos, tipo 1 a 4 o 1 a 6.
Aunque lo ideal es tirar un búfalo entre 30 y 60 metros, a veces es imposible acercarse más. Pero ningún profesional se lo va a dejar tirar a más de 100 o 120 metros, y eso es el límite máximo razonable para uno de estos gigantes.
El .416 Rigby es un viejísimo cartucho, incluso más anciano que el 375H&H, pues fue introducido en el mercado en al año 1911 por la casa Rigby. Sin embargo, Rigby lo mantuvo durante muchísimos años como cartucho de su propiedad, es decir, que sólo se podía cargar en maravillosos y carísimos rifles hechos por la prestigiosa casa británica.
Esto frenó su popularidad al principio, pues no pudo ser adaptado por ningún departamento de caza africano, como se hizo con el popular .404 Jeffery o el .425 Westley Richard.
Tampoco eran las armas que podían permitirse colonos, granjeros o cazadores de carne para su trabajo diario en las colonias. A pesar de esta escasez en sus primeros tiempos, alcanzó una gran popularidad, en parte porque está divinamente diseñado y también porque demostró que funcionaba.
Su bala original de 410 grains tiene una gran densidad seccional, una buena velocidad de 2.370 pies por segundo, una magnífica energía en boca y un gran Momento, lo cual le dio una gran penetración, que es la clave en grandes animales. Además, hacía todo esto con una presión en recámara moderada, lo cual aumentó su popularidad entre cazadores profesionales que se jugaban la vida en los cálidos climas tropicales, en caso de cualquier fallo de alimentación.

Un precioso .416 Rigby. Sin duda, más potente, más peso de bala y más energía que el .375H&H. Pero también tiene algunas desventajas respecto al .375 H&H.
Indudablemente, contribuyó a su fama el hecho de ser el cartucho elegido por famosísimos cazadores profesionales africanos.
Sin embargo, como casi toda la munición metálica de origen británico, sufrió un periodo de tinieblas cuando, a mediados de los años sesenta, la casa británica Kynoch suspendió la producción de toda su munición metálica. Parecía que los viejos rifles de calibres británicos, entre ellos el .416 Rigby, estaban condenados a desaparecer y ser vendidos por precios ridículos a coleccionistas.
Pero a finales de los años ochenta algo increíble sucedió. Entre 1988 y 1989 Remington presentó su .416 Remington y Weatherby también introdujo su .416 y una especie de pasión se despertó por este diámetro de bala. Pero fue el fabricante americano Bill Ruger el que resucitó y popularizó el .416 Rigby, al presentar su rifle M77 Mark II Magnum con acción similar a la Mauser-98, para este calibre. Además, a un precio realmente asequible.
Pero, indudablemente, fue la producción en serie de su munición por la casa Federal la que impulsó finalmente este resucitar del viejo calibre inglés. En los años noventa nuevas marcas populares fabricaron rifles para el .416 Rigby, como el CZ-BRNO 550 Safari Magnum, a precios asequibles. A la vez nuevos fabricantes de munición cargaron sus balas, como Norma en su serie PH, pero cargándolas con las magníficas balas australianas Woodleigh.
El .416 Rigby había vuelto a todos los escenarios de caza en que se pudiese necesitar un calibre pesado, contundente y de eficacia probada.
Este otro veterano se presentó en 1912, o sea, casi es otro centenario abuelete, sólo un año más joven que el .416 Rigby, pero goza, incluso, de mejor salud. Le costó algo arrancar fuera de las colonias británicas, principalmente por la competencia que le hacía el 9,3×62, mucho más barato, asequible y popular entre granjeros y agricultores de las entonces colonias alemanas y francesas. Pronto cruzó el charco y en el popular Winchester modelo 70 con sus acciones tipo Mauser 98 de los modelos conocidos como pre-64, lo hizo mundialmente famoso entre los cazadores americanos.

Este búfalo de Mozambique lo tuve que tirar en los pantanos de Marromeu. Esas llanuras peladas son uno de los pocos sitios que puedes tirar un búfalo a, tal vez, 120 metros. Por eso, contar con un anteojo de 1,5 a 6 aumentos fue una gran ventaja.
Su máxima popularidad la alcanzó cuando, a partir de los años sesenta, cuando el fabricante británico Lynch dejó de cargar munición metálica para gruesos calibres. Entonces el .375 H&H ya se cargaba por varias marcas populares de munición, con lo cual, aparte del controvertido .458 Winchester, poco más quedó disponible para cualquier cazador que buscase un calibre suficiente para caza pesada.
Pero sobre el .375 H&H su historia y sus virtudes he escrito varias veces en diversas revistas, por lo que no vamos a repetir mucho de lo que allí dijimos. Por ello, nos vamos a centrar en el tema que hoy tenemos entre manos, que es la elección entre uno u otro, a la hora de buscar un primer y tal vez su único rifle pesado, pero a la vez polivalente, para animales si hay suerte aguan que otro animal pesados.
El .375 H&H es un maravilloso calibre que está considerado como el mínimo para caza peligrosa, con razón. Pero está en el lado bueno de la ley.
Si acudimos a las tablas de tiro y con todas las restricciones con las que éstas deben tomarse, veremos que ambos calibres no están tan lejanos, al menos, en frías cifras matemáticas.
El .375 H&H con balas de 300 grains, nos da: energía de 4.330 libras/pies en boca, con un Momento de 109 y un valor K.O. de 41.
El .416 Rigby con balas de 400 grains, nos da: energía de 4.900 libras/ pies en boca, con un Momento de 130 y un valor K.O. de 56.
Pero hemos de ver que el .375 H&H con las estupendas balas Woodleigh de 350 grains que carga Norma PH, mejora su Momento a 115 y su valor de K.O. sube 43.
Vemos que con estas magníficas balas australianas de 350 grains, las diferencias se acortan. Es decir, si nos fijamos en el poder de parada, que es lo que principalmente muestran el Valor Momento y, especialmente. el Valor K.O., hay menos diferencia. Pero, indudablemente, la hay.
Además, el 416 Rigby tiene la insuperable ventaja de una mayor área frontal, mayor diámetro y mayor peso de bala.
Tomando las cifras anteriores con las precauciones debidas, podemos darnos cuenta de que, si lo que buscamos es un rifle destinado a caza de un búfalo y si la vida quiere alguno más y, especialmente, si vamos a cazar en terreno de bush muy cerrado, el .416 Rigby es indudablemente mejor que el .375H&H. Además, será el calibre ideal para un cazador profesional, que suele hacer disparos difíciles a animales heridos.

Un gran safari de tres búfalos. Afortunadamente, conocía muy bien mi rifle y pude hacer ‘mi parte del guion’ y coloqué las balas ‘en su sitio’. Ninguno dio el menor problema.
¿Cuál sería mi elección? Hemos visto que el .375 H&H, manejado con habilidad y bien cubierto por un buen profesional, puede ser suficiente para los escasos safaris que incluyan elefante o búfalo que pueda hacer un cazador medio actual en su vida.
Pero, no le quepa duda, que un .416 Rigby será mucho más efectivo en ese campo. Hemos visto que un .416 Rigby tiene una trayectoria aceptable hasta 200 metros, pero que el .375 H&H lo supera en ese campo. Este último tendrá un retroceso más suave y manejable que permita colocar con mayor precisión los disparos, lo cual es vital para matar y cobrar limpiamente un animal.
Puede construirse en .375 H&H un rifle más compacto y ligero y fácil de transportar en un día duro y caluroso. Su munición es mucho más fácil de conseguir y más barata, hay mucha más variedad de pesos durezas y cargas y, además, es mucho más barata. Y, también, hoy en cualquier safari de búfalo irá cubierto por un cazador profesional que le resolverá la papeleta si las cosas se ponen feas.
Pero seguro que, como yo siempre digo, el secreto no esté en la elección del calibre. El secreto estará en la práctica realizada en el correcto dominio, el frecuente manejo, incluso en monterías, para familiarizarse con su arma.
Ya lo he dicho muchas veces: el secreto no está en las cifras matemáticas teóricas, menos aún en las charlas de salón. O, peor aún, en los estúpidos foros de Internet, escritos por personas que ni siquiera ponen su nombre.
El secreto será su familiaridad y la habilidad en el manejo de su rifle. Cualquiera de los dos que elija, debe usarlo con frecuencia, tirar al blanco con él, conocer su trayectoria, saber elegir las balas que use, dominar su encare, su gatillo y su retroceso.

Sólo he cobrado un búfalo con el nuevo .416 Remington, por tanto, no tengo experiencia para hablar de él. Pero, si tengo que elegir, siempre prefiero calibres que lleven décadas de éxitos consolidados en el mercado.
Todos estos factores combinados, le harán colocar los tiros ‘en el sitio’ correcto con confianza, precisión, y regularidad.
Entonces, querido lector, sea su elección la que sea, aunque intercambie sus papeles principales en alguna ocasión, no se sentirá decepcionado por ninguno de estos dos veteranos. No olvide que su tremendo éxito, su fama y su enorme popularidad se deben a que si el tirador o sea usted sabe hacer su parte del guion, ninguno de los dos le defraudará.
Y su parte del guion es tener la habilidad de colocar una bala bien elegida, en el sitio correcto. Y, si no está seguro del tiro, levantar el rifle y no tirar, o entrar de otro modo y más cerca a su búfalo. Le aseguro que, si usted hace esa parte, cualquiera de estos dos fenómenos hará la de suya.
Un abrazo y buena caza.
Autor: Roque Armada

