Creo que una de las preguntas que más me hacen los lectores es: ¿qué me recomiendas para montear, un punto rojo o un anteojo? Hoy vamos a reflexionar sobre ellos y cuál puede ser mi sugerencia.
Hoy, para el artículo del mes voy a reflexionar sobre una de las preguntas que más me hacen los lectores de Trofeo y de mis redes sociales. Y, por ello, debo darles las gracias a ustedes, pues, en vez de pensar el artículo del mes, me le dan hecho. Y una de las preguntas que más veces me formulan es qué les aconsejo: un punto rojo o un anteojo para montería.
Vamos a reflexionar y ver cuál sería mi elección.

En uno de nuestros seminarios de tiro en montería y adelanto al jabalí. Para un guarro a todo trapo a distancia razonable, el punto rojo puede ser lo mejor. La cuestión es cuánto es una distancia razonable.
Los llamados puntos rojos no buscan precisión. No ayudan a buscar buenas agrupaciones. El punto rojo es todo sobre velocidad, no sobre precisión. No es exactamente más rápido que un anteojo, pero lo ofrece un punto brillante que le permite adquirir su blanco y dirige más rápido su puntería.
Además, el punto rojo, al contrario que el punto y alza, permite el ojo operar en un solo plano focal. En malas situaciones de luz es inmensamente más rápido. Pero, sobre todo, en situaciones que exigen un tiro muy rápido siempre ayuda.

Una antigua imagen de una montería en Alemania, invitado por una casa de óptica, donde probamos en tres días todo tipo de ópticas para comparar.
También se denominan mira réflex, pues realmente el punto rojo que vemos no está ahí. En realidad, es un reflejo que se provecta en el centro del visor.
Su origen viene del mundo militar, desde que hace unos 40 años una marca sueca lo vendió a varios ejércitos del mundo. Se hizo tremendamente efectivo en lo que se denominó, en Estados Unidos, close quarter battle (CQB) que podemos traducir como combate a corta distancia. En medios militares también se conoce como «limpiar de enemigos o terroristas en un edificio hostil». Digamos, tiros entre 2 y 20 metros.
Y, de ahí, pasó al mundo de la caza, donde se popularizó muchísimo en Europa para los rápidos tiros en batidas de jabalíes. Y es cierto que en tiros cercanos y enmontados puede ser el sistema de puntería más rápido que hay.
Al no tener aumentos permite tirar con los dos ojos abiertos y el campo visual es enorme. Y, al carecer de paralaje, no es necesario dejar el punto rojo en el centro del objetivo. Esto es especialmente útil en situaciones militares de posturas forzadas y rarísimas: sólo colocar el punto encima de nuestro blanco y apretar el gatillo.

He hecho numerosas pruebas con el jabalí móvil. Si tiramos hasta 40 y 50 metros lo más rápido es el punto rojo. El problema empieza más allá.
Aunque hoy no nos metamos en ello, son tremendamente efectivos en caza peligrosa en África, si usted tiene la suerte de poder ir. Un búfalo se suele tirar entre 20 y 60 metros, raramente le van a dejar tirarlo a más. Pero raramente no es lo mismo que siempre. Recuerdo, cazando búfalos en la desembocadura del Zambeze, en Mozambique, que son llanuras litorales de hierba donde es casi imposible acercarse a menos de 100 o 120 metros de una manada. Y ahí un punto rojo, que sería ideal en el cerrado bush de Zimbabue, le puede poner en dificultades.

El punto rojo es muy útil en caza peligrosa en África, pues se suele tirar muy cerca. Pero hay casos, como este búfalo cobrado en las llanuras litorales Mozambique, donde es imposible acercarse a menos de 100 m de las manadas. Ahí un pequeño anteojo nos será mucho más útil.
Pues antes lo he dicho. Al no tener aumentos no es una mira ideal para tiros medios o medio/largos. El punto rojo medio cubre 2 o 3 MOAs a 100 metros. Cada MOA equivale a la altura del seno de un ángulo de un minuto, a esa distancia. Y son, exactamente, 2,908 centímetros. Pero, por motivos de sencillez y que sea más fácil de recordar, se redondea al «MOA de tirador», que se toma como 3 centímetros a 100 metros.
Es decir, un punto rojo de 3 MOAs nos tapa unos 9 cm de nuestro blanco a 100 metros y unos 20 a 200 metros. Además, como su luminosidad se puede regular, cuanto más brillante lo pongamos, más espacio de nuestra pieza va a tapar.
Es cierto que el tiro medio en montería yo lo pondría entre 20 y 120 metros. Además, es lo ideal. Pero también es cierto que, en ciertas dehesas abiertas o batidas en las montañas del norte, se nos puede presentar un tiro a 150 o 180 metros o, incluso, más. Y tapar 20 cm de nuestra presa a esa distancia, nos va a hacer difícil tener la precisión necesaria para colocar el tiro.
En medios militares ya hay dos soluciones a este problema. En los fusiles tipo Colt AR15, dotados de carril Picatiny, hay un pequeño anteojo que se voltea en un instante y coloca 3 aumentos delante del punto rojo. El nuevo Heckler & Koch HK36 es probablemente el fusil de asalto más moderno del mundo, que ya tienen muchas unidades de nuestro ejército. Simplemente, cuenta con un visor holográfico de punto rojo arriba y un pequeño anteojo de 3 aumentos, justo debajo.
Pero lo cierto es que estos puntos rojos que no tienen aumentos, puede ser una gran ventaja en tiro muy rápido entre 5 y 50 metros. Pero en un tiro a 80 o 120 metros, tal vez no sea la mejor opción.

Un gancho en montaña, donde se pueden presentar tiros de 100 o 120 metros, yo estoy más cómodo con un anteojo de 1 a 4 aumentos y mucho campo visual.
Es innegable que los anteojos con aumentos le ayudan a ver mejor. Y si usted ve mejor, probablemente tirará mejor. Desde un punto de vista de pura precisión, los anteojos con aumentos ganan, sin duda, a los visores de punto rojo.
Las miras telescópicas no es un invento nuevo. Tal vez sus primeros diseños se utilizaron en la Guerra de Secesión de EE. UU. sobre los años 1860. Durante la primera mitad del siglo XX importantísimos cazadores, como mi admirado Jack O´Connor, hizo una de las mejores colecciones de carneros de la historia con un anteojo fijo de 4 aumentos.
Yo mismo empecé cazando con un anteojo alemán de 1,5 a 6 aumentos. Y ser de origen asturiano y tener la suerte de que mi familia gestionara uno de los mejores cotos de rebecos de los años sesenta y setenta me permitió cazar muchos rebecos y corzos, siendo un chaval, con ese anteojo. Y no me hizo falta más.
Luego, se popularizaron los variables de 3 a 9 aumentos, que dominaron el mercado en los años ochenta y noventa. Ya en el siglo XXI se empezaron a ver anteojos de 15 aumentos. Vinieron las torretas y hoy se llegan a ver anteojos de 36 y hasta 50 aumentos.
En mi opinión, un descalabro para la caza a menos que usted sea un francotirador del SAS (Special Air Service) británico, luchando en Irak. Pues el que compra esos anteojos para cazar, no se da cuenta que el militar del SAS tira una media de 300 a 500 tiros al blanco cada semana, durante sus treinta años de servicio. Y el recechista que ha puesto ese anteojo, generalmente lleno de torretas de corrección, que no tiene ni idea de utilizar, con mucha suerte tira dos o tres cajas de balas al blanco al año. Si las tira. Y casi nunca a más de 200 o 300 metros de distancia. El resto lo hace basado en las tablas balísticas de un ordenador o de un iPhone. Pura teoría de salón. ¡¡Y, claro!! Con esa falta de práctica, dominio y conocimiento de su anteojo, así le va.
Pero en montería se debe usar otro tipo de visores. Buscamos, como prioridad, amplios o muy amplios campos de visión, pocos aumentos, crucetas o retículos fáciles de adquirir por el ojo. Cuando empecé hace cincuenta años, el modelo de cruz 4A era común. Y aún es una buena cruz para montería.
Hoy es más frecuente el modelo Plex. Utilizan unas cruces gruesas en los bordes del anteojo. Con un interior de la cruz muy fino que facilita mucho la puntería a distancias medias y largas.
Pero aumentos de 12, 15 o 18, ni esas cruces ultrafinas son ideales para un visor de montería. El visor de montería debe ser compacto, con un enorme campo de visión y con una cruz gruesa que permita una rápida adquisición de un guarro a todo trapo.
Yo elegiría un número de aumentos de 1 a 5 o 6, como suficiente. Tubos de pulgada o 30 milímetros y objetivos del mismo diámetro son lo correcto. No son necesarias grandes campanas, pues en monterías o batidas siempre hay luz de sobra. Esos pequeños anteojos son muy ligeros y hacen el rifle más manejable. Si le unimos los cañones cortos que tanto me gustan, el balance será insuperable y quedará entre sus brazos. Y el movimiento de brazos es swing, que es lo que permite enganchar un guarro a todo trapo, será mucho más fácil de realizar.

Lo más completo que he visto últimamente son los pequeños anteojos de 1 a 5 aumentos y con el centro de la cruz iluminado. Este modelo con 42 m de campo de visión a 100 m, me pareció casi la perfección.
Entonces, ¿cuál debe ser la elección?
Como en toda actividad en la vida, el éxito es cuestión de práctica y entrenamiento. Para quien practique mucho, con cualquiera de los dos sistemas, será muy efectivo. Mucho más que un cazador que compre el último modelo de punto rojo o el `megaanteojo´ de moda, incluso el más caro del mercado, si no pega un tiro al blanco con él.
Pero, para mí, la solución final, como en muchas otras cosas, puede estar en el término medio. Hoy tenemos en el mercado anteojos de montería que combinan pocos aumentos con un punto rojo iluminado, en el centro de la cruz. Además, con campos visuales increíbles con 1 o 1,5 aumentos, llegando hasta 40 a 100 metros.
Con su retículo o punto iluminado ayudarán a seguir su guarro y adelantar el tiro rapidísimo. Pero, si se le para un venado, en un repecho de enfrente, cogiendo aires, a 120 metros, sólo tiene que girar sus aumentos a 4 o 5. Y colocará su tiro con una precisión que nunca habría podido con su punto rojo sin aumentos.
¡Claro!, que también podrá seguir el entrenamiento del tirador de los SAS y disparar 300 balas a la semana al blanco, durante 20 o 30 años de su vida. Entonces, tire con lo que tire, seguro que cobrará su guarro.
O seguir el camino de mi gran amigo Tony Sánchez Ariño. Después de 62 años de cazador profesional en África, en una carrera admirable, a él no le hizo falta ni lo uno ni lo otro. Sólo con el punto y alza de sus .416 Rigby, cobró más de 4.000 animales peligrosos. Pero, sobre todo, sin que él ni nadie de sus clientes ni de sus ayudantes sufrieran jamás un solo rasguño. Pero para eso hay que ser un maestro, como lo es él.
Texto y fotos: Roque Armada
Director de la Escuela de Tiro Iberalia TV
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