Algunos de los lectores que pasen de cuarenta años tal vez recordarán la serie de televisión –de enorme éxito hará unos quince años– Aquí no hay quien viva, que lanzó al estrellato al portero del inmueble, un actor en este momento desconocido que resultó un genio por lo gracioso y lo cómico de su personaje. Cuando las situaciones entre vecinos llegaban a situaciones absurdas o insostenibles, él hizo famosa una frase que hoy se sigue usando para pedir calma y tranquilidad: «Un poquito de por favor».
En qué me baso para este artículo
Veamos qué tiene que ver esta serie televisiva con esta sección. Ya habrán leído sobre los seminarios tiro y caza o jornadas compartidas de tiro que llevo impartiendo desde hace más de cinco años. Empecé mucho antes, pero sólo llevo registros escritos de estos últimos cinco, donde he realizado unos cien seminarios con cazadores españoles, con registro de todos los rifles, calibres y anteojos utilizados. Como el número de tiradores diarios era de unos siete, me da una cifra de unos 700 cazadores que han tirado delante «de mis narices» una media de 50 balas por cazador/día. Si multiplicamos estas 50 balas por los cazadores, nos sale que «sólo» en los últimos cinco años he visto tirar delante de mí unas 35.000 balas a cazadores españoles.
Principalmente, mis seminarios intentan mejorar su eficacia de tiro en montaña y rececho o bien en montería y adelanto al jabalí, aunque también hago, por encargo, unos muy especializados de selección y optimización de munición, regulado de torretas de corrección o tiro a distancias medias y largas.
La importancia de la puesta en tiro
Una cifra de 35.000 balas tiradas delante de mis narices me da una pequeña base para tener una opinión sobre el nivel de tiro, puntería, conocimiento y dominio de su arma por el cazador español. Pero también veo cómo vienen puestos en tiro esos rifles al empezar a disparar, rifles con los que se supone que llevan varias temporadas cazando –y, además, tan tranquilos– y siento decir que esta puesta en tiro con que llegan esos rifles es el mayor drama de todos los disparates balísticos que he visto.
Recientemente, hice una reflexión personal sobre los calibres que he visto usar en estos miles de horas compartiendo jornadas de tiro con clientes, cazadores y amigos, y las conclusiones a las que llegué sobre calibres para caza en España eran totalmente atípicas, sorprendentes y diferentes de lo que un cazador español lee habitualmente o espera leer. Jocosamente escribí que me tuve que poner una armadura porque algunos me lanzaron flechas envenenadas. Pues con lo que viene hoy, me voy a tener que meter en un refugio nuclear.

El autor con tres carneros blancos de Dall cobrados en Alaska. Repasamos hoy por qué es muy frecuente que el cazador español cace con sus rifles totalmente ‘fuera de tiro’”. De nada le servirá el mejor rifle del mundo, con el mejor anteojo del mercado, si su rifle tira 50 cm a la izquierda a 100 metros…
Qué enseña ver tirar 35.000 balas ‘en tus narices’
Como he de ser fiel a lo que pienso y veo, tengo que contar la verdad. No voy a hablar hoy de calibres, pues creo que ya les tengo un poco «tostados», sino del absoluto descalabro de puestas en tiro con que llegan los rifles de mis cazadores.
Miles de horas tirando con cazadores me han hecho ver cuáles son los dos puntos flacos del cazador español. Por un lado, la magnummania y elegir calibres muchísimo más potentes que lo necesario para cobrar animales del peso y tamaño de los españoles. El otro punto flojo –y mucho peor– es la absoluta falta de práctica que tiene en el manejo, conocimiento, familiaridad y dominio de su rifle.
Ambos problemas no son difíciles de resolver. El primero, bajando en nivel de potencia de sus calibres hasta uno más cómodo y que le sea más fácil dominar y colocar sus tiros en el sitio. El segundo, tirando al blanco y practicando, o haciendo un seminario de tiro conmigo donde, en 8 o 9 horas, conseguirá un dominio de su rifle que a muchos les cuesta décadas conseguir.
Hace sólo unas semanas vi unos descalabros tan brutales en las puestas en tiro con que cazan los españoles y, además, sin darse cuenta de ello. Y mi paciencia ha llegado al límite, no por mí, sino por ayudarle a usted, amable lector. Por ello, y mientras busco un refugio nuclear por la que me va a caer encima, no tengo más remedio que recordar la frase que el genial portero la serie decía en situaciones límite: un poquito de por favor….

Por más que queramos profundizar en técnicas como el Point Blank Range o la Ventana Vital, si su rifle tira medio metro bajo, perderemos el tiempo en ponerlo en tiro, en vez de mejorar su técnica y su tiro en rececho y montaña. En la imagen, Roque Armada con un blanco de corzo a tamaño real.
Lo que ‘debíamos hacer’ en un seminario
Hace unas semanas organicé uno de mis seminarios de tiro en montaña y rececho. Revisamos teóricamente algunos aspectos relacionados con el tiro de rececho para fauna española, con ánimo de mejorar la eficacia y resultados de un cazador en sus recechos.
Y tras la parte teórica llega el momento de tirar al blanco e imitar posturas, situaciones y acciones de caza real, pero antes quiero ver, disparando los propios cazadores, cómo vienen los rifles puestos en tiro. Y ahí empieza el horror. Porque lo que veo es muchísimo más horrible que la peor pesadilla del Infierno de Dante. Y lo curioso es que ellos no se dan ni cuenta y pueden llevar temporadas cazando con sus rifles así. Y, claro, tragándose los disgustos y desastrosos resultados que ese descalabro produce.
Después de sustos, sorpresas, sudores fríos, mucha llave Allen y mucho cabreo disimulado, conseguimos que los rifles tiren bien, pero perdemos dos o tres horas en ponerlos en tiro, sin abordar lo que «deberíamos ver», esto es, empezar a disparar en, lo que yo llamo, «situaciones de caza real», objeto del seminario para mejorar la técnica, entender su rifle y anteojo y mejorar resultados. Me pregunto por la cantidad de bichos heridos, fallados, perdidos y el dinero, tiempo, kilómetros y disgustos que ese cazador se ha podido llevar, por semejante estupidez.
Algo sencillo que puede hacer el cazador, si sabe. Si no sabe, un buen armero se lo puede solucionar. Y si quiere aprender a hacerlo y entenderlo, yo mismo le puedo enseñar si comparte un seminario o una jornada de tiro conmigo. Y, además, aprenderá mucho más ese día. Pero las filigranas, sólo cuando el rifle «tire bien».
Ya con el rifle bien puesto, sólo con apoyos reales de caza, como mochila, bípodes Harris y trípodes telescópicos, empezamos la «caza real». Tiraremos a mis blancos reales, que son fotografías a tamaño natural de corzo, rebeco y macho montes desde 120 a 300 metros, en todas las posturas y situaciones que se puedan dar en la realidad.
Como dije antes, en el último seminario vi dos ejemplos tan garrafales, con unas puestas en tiro tan descalabradas, que no tengo más remedio que comentarlas, con ánimo de ayudarle y que no le pase a usted, querido lector.

Siempre que realice prácticas de tiro, tome las máximas medidas de seguridad. Siempre nuestros rifles están con el cerrojo abierto y un precinto que entra hasta el fondo de la recamará y pone ‘Empty Chamber’ o recámara vacía.
Un ‘increíble’ 6,5X68 Schüler, rey de la velocidad
Un buen amigo y gran cazador trajo un maravilloso rifle alemán de cerrojo rectilíneo de ese espectacular calibre. Lo curioso es que en los días previos hablamos de calibres y yo preparo unos cálculos teóricos de máximo Point Blank Range hasta 350 metros de distancia para cada rifle que viene.
Tanto mi amigo como yo coincidíamos en que ese increíble calibre alemán, derivado del 8×68 de la misma casa, era uno de los calibres más rápidos del mundo y muy adecuado, teóricamente, para un rececho a larga distancia.
Y digo «teóricamente» porque cuando empezamos a ver su puesta en tiro a 100 metros sobre cuatro blancos, que dan una superficie total de 40×60 centímetros, la bala no entró ni en papel. Algo increíble y por eso lo he escrito entre comillas, pues usando uno de los calibres más rápidos del mundo nunca le daría ni a un venado a 100 metros. Asombrado, pensé que se había equivocado de blanco y le pedí que repitiese: otro «tiro atmosférico», esto es, papel limpio.
Aumentamos la superficie y vimos que ese «increíble calibre», con ese maravilloso rifle alemán y un magnífico anteojo de 16 aumentos tiraba… ¡50 centímetros a la izquierda a 100 metros! Me pregunto cómo mi buen amigo había podido cobrar alguna pieza con ese rifle, a pesar de ser uno de los equipos mejores, más adecuados y más caros para caza en rececho.

Cuando tiramos a nuestros blancos reales, como este rebeco a 200 metros, tomamos nota de cada disparo que se realiza para luego comparar, corregir y mejorar.
Un precioso .270 Winchester y su anteojo de 50 aumentos
Otro de mis amigos, aficionado hasta la locura, sacó un precioso monotiro alemán, último modelo, con una maravillosa lente, también alemana de una casa puntera, con 50 aumentos y dotada de torreta táctica de correccion vertical y torreta lateral para corregir el viento.
Ambas torretas corrigen en ¼ de MOA a 100 metros. Como sabrán los lectores, un MOA o minuto de ángulo es una medida angular que corresponde a una corrección 1,047 pulgadas a 100 yardas. Este MOA en medidas decimales equivale a unos 2,6 centímetros a 100 metros. Con lo cual, cada clic de ese antojo va a desplazar el tiro unos 6,5 milímetros en el sentido que queramos.
Pensé que con ese equipo íbamos a meter los tiros en un sello de correos, uno detrás de otro. Pues, otra vez el Infierno de Dante. Tirando mi amigo a 100 metros vi que el rifle agrupaba a unos 20 centímetros bajo y 20 centímetros a la izquierda a esa distancia… Y ese amable cazador se iba a ir a tirar un carísimo venado en berrea en Zamora, en dos semanas.
Pero cuando empezamos a corregir observé que no tenía hechos los cálculos de caídas a 200, 300 y 400 metros, por quedarnos ahí. Y esos cálculos necesitan tener un ordenador con un programa balístico de la casa de la óptica, escribirlos en un papel y pegarlos en algún sitio bien visible. Además, y si es posible, comprobar luego a distancias reales de tiro que esos cálculos teóricos se cumplen en realidad.

Una de las grandes dudas del cazador español es cómo y por qué elegir su munición. La única manera de ver qué munición agrupa y se adapta a su rifle es tirando con él y comparar agrupaciones reales.
Desgraciadamente, no teníamos mucho tiempo y el cazador vi que tampoco entendía muy bien de lo que yo le hablaba. Por ello, le hice poner su .270 Winchester a 100 metros, impactando sus balas 8 cm por encima del 0. Esto es una simple puesta en tiro optimizada, según mi técnica de tiro del máximo Point Bank Range (PBR) de 296 metros.
Con ella sabía que cualquier tiro que disparase hasta 300 metros lo iba a colocar en la ventana vital de 20 centímetros. Ese disparo sería absolutamente mortal. Y eso sin necesidad de tocar para nada sus «increíbles» torretas de corrección, que tampoco tenía nada claro cómo utilizar.
Ante semejantes descalabros, pensé que menos mal que ese desastre les había ocurrido tirando conmigo a blancos de papel. Y quedé muy satisfecho, primero, por haberme otorgado ellos su confianza y, segundo, por haber detectado esos fallos que podían haber arruinado dos caras e importantes cacerías.

En un seminario se profundiza en las desviaciones que el viento puede producir en su bala. Un viento de 40 km/h puede desviar su bala, a 300 metros, 40 cm. Pero si, además, su rifle viene tirando medio metro bajo y usted no lo sabe, el desastre estará servido.
‘Un poquito de por favor’
Esos desastres de puestas en tiro van a hacer que cualquier animal que tire a más de 100 metros se falle o, peor, que lo hiera y lo pierda. Lo siguiente fue que mis dos amigos me preguntaron que cada cuantos años ponía mis rifles en tiro. Y se quedaron asombrados cuando les dije que mis rifles los compruebo una media de dos a cuatro veces cada temporada. Más aun, antes de cualquier cacería importante y cara, como puede ser un sarrio, un macho montés o un venado en berrea, y no digamos si voy a una cacería internacional, siempre pruebo mis rifles unos días antes de viajar.

En mis seminarios siempre tirará usted. Yo estaré a su lado para intentar detectar fallos en su arma o en su técnica de tiro. Ver tirar así unas 35.000 balas en los últimos cinco años a unos 700 cazadores me ha hecho, tener una ‘pequeña base’ para escribir este artículo.
Usted llevará el mejor rifle y el calibre con más rasante del mercado. Podrá ponerle encima el más potente caro y sofisticado anteojo que encuentre. Pero si su rifle está totalmente fuera de tiro, le será absolutamente imposible cobrar nada. Estará tirando el dinero de su rececho, habrá pagado un «herido y no cobrado» y volverá con un gran disgusto y un cabreo monumental a su casa.
Simplemente, por no haber comprobado su rifle usted mismo o bien su armero de confianza. Incluso si no sabe y quiere aprender, entender y dominar el tema, lo puede hacer a mi lado conmigo explicándoselo, para lo cual sólo tiene que apuntarse a uno de nuestros seminarios o jornadas de tiro.

Roque Armada con dos bonitos caribúes cobrados en el norte de Canadá. Usted puede ir a esta cacería con el mejor rifle y anteojo del mundo, pero si su arma tira medio metro bajo y no se da cuenta, no podrá hacerse una foto como ésta.
No lo olvide, una vez que apriete el gatillo, ya las cosas no podrán volver para atrás. O, como decía ese conserje que se llamaba Emilio, «un poquito de por favor»…
Texto y fotos: Roque Armada.
Director de la Escuela de Tiro Iberalia TV

