Hagamos primero un pequeño autotest y responde a estas preguntas mentalmente:
– ¿Soy capaz de encarar rápido y localizar al objetivo en los elementos de puntería?
– ¿Me gustan más las miras abiertas o soy adicto al punto rojo o el tiro con visor?
– ¿Me gusta medir bien el lance y «acompañar» al objetivo hasta que encuentro el momento adecuado para el disparo?
– ¿O bien prefiero poner la cruz o el punto más o menos en el «pelo» y disparar?
– ¿Soy de aguantar y realizar solo un disparo o soy de disparar en secuencias seguidas más o menos donde está el animal hasta que veo al animal acusar el disparo o caer (o desaparecer)?
– Sinceramente, ¿si el animal se te ha escapado a lo sucio, disparas (siendo seguro) a lo sucio, aunque realmente no veas ya al animal?
– ¿Prefieres cargadores de mayor capacidad o, por el contrario, con 2 más 1 te vale?
– ¿Eres de tiros largos, de tiros cortos o disparas a cualquier distancia?
En base a tus respuestas, estos son los posibles tipos de «tirador» en los que te puedes encontrar:
Te gustan los lances más bien largos, tiras siempre con visor con campana de 50 o de 56, eres de no disparar si no estás seguro y tiendes a aguantar bastante el gatillo, siguiendo la presa con el visor hasta que ves el disparo adecuado.
En las distancias cortas te pierdes lances porque no siempre te da tiempo a encararte y centrar el objetivo, de hecho, muchos lances no los tiras en tiraderos muy cortos.
Eres alérgico a cortaderos estrechos prefiriendo testeros largos y disfrutas de las dehesas para ver al animal desde muy lejos. Rara vez realizas más de dos disparos por lance.

Prefieres tirar con punto rojo o con visor de montería/batida. Eres de encararte rápido y poner el objetivo en el punto o la cruz muy rápido, aprovechas la oportunidad y rápidamente sueltas el primer disparo, para prepararte inmediatamente para un segundo o tercer disparo.
Sueles preferir rifles semiautomáticos y, o tienes o te gustaría tener, más de un cargador para una recarga inmediata. Prefieres tiraderos más bien cortos y no sueltas el rifle para casi nada; de hecho, estás en posición de «presenten armas» casi toda la montería o batida.
Tiendes a no desperdiciar ningún lance, aun cuando sea probablemente muy largo.

Eres de los que preguntan si el tiradero es corto o largo y, o bien llevas visor con monturas desmontables y lo quitas y lo pones, o bien cambias de visor a punto rojo en función de necesidad o ya, si eres extremo, llevas dos rifles al puesto, uno con un calibre más contundente con punto rojo o miras abiertas y uno con calibre rápido y visor.
Te adaptas al tiradero y cuando disparas en tiradero corto eres de tiro rápido y si tienes que disparar en el borde del cortadero o sobre el sucio seguro, tiras sin miedo.

Eres de gastar pocas balas, no tiras a no ser que sea clarísimo el lance. De hecho, te pierdes muchos lances porque no te ha dado tiempo a encararte, a veces tardas en identificar la pieza y si es una cierva, por ejemplo, no sueles tirar no vaya a ser un vareto y no lo hayas visto bien.
Los cortaderos y los pedregales son suplicios para ti. En los primeros porque necesitas asegurar el objetivo antes de ni siquiera encararte y no te da tiempo, y en los segundos, porque tienes pánico a los rebotes o a que alguien te llame la atención por haber hecho un disparo potencialmente peligroso.

Suele ser un ‘táctico’, pero con ansias. La peor combinación… No puedes dejar pasar un animal sin haberle tirado, mínimo, un disparo. Animal que ves, animal que tiras. Eso de cortar la caza no te lo han explicado o te da igual… Si lo veo, lo tiro, da igual la distancia a la que esté o hacia donde vaya.
Aunque sepas de antemano que es un lance imposible o que no podrías recuperar la pieza aun abatiéndola, tú tiras con alegría pensando, ¡lo mismo le doy!
Salvo el ‘peligroso’, todos los demás son válidos y no tienen más éxito unos que otros, aunque depende de a lo que llamemos éxito. Para algunos, éxito es número de lances exitosos, para otros es número de disparos certeros en cada lance y para unos terceros es una cuestión romántica de lances con o sin disparo. Y tú, ¿cuál eres?
Autor: Joaquín de Lapatza

