Esperas de verano: verbenas estivales

Si hay una época del año donde apetece, aún más si cabe, sentarse bajo la luz de la luna, a la sombra de una chaparra, oyendo de fondo todos esos sonidos cautivos que nos brinda el monte, lejos del bullicio de la gente, los pitos de los coches y, en definitiva, del, en ocasiones, cansino ruido humano, esa estación es el verano.

 

Donde lo más sofisticado que puede llegar a nuestros oídos puede ser el arrastre de maquinaria agrícola por un tractor o algún cohete de fondo, consecuencia de alguna de las muchas verbenas de nuestros queridos pueblos.

El estío es esa estación del año que no deja indiferente a nadie: la mitad de la población la odia a muerte; la otra mitad, mataría por vivir diez meses en ella. Pues en la caza casi pasa lo mismo, siendo yo de los primeros, aunque he de decir que tiene sus cosas buenas. Con tantas horas de luz, cunden mucho más las tareas de campo.

Pablo de Cinegética La Trocha con su hijo de esperas en Trofeo caza y conservacion

No es una época esta, sinceramente, agradable para la caza: calor, moscas, mosquitos, garrapatas, vientos cambiantes, tormentas, etc., etc. Pero sí es cierto que cada temporada del año tiene su encanto y, ante todo, el verano nos brinda la posibilidad de ejercer una determinada modalidad de caza, para un determinado cometido, y esta nos da la oportunidad de ejercer aguardos nocturnos para el control de daños, sin pasar las mismas «calamidades» que puedan pasarse en invierno (¡dichosas calamidades!).

Si en nuestra España, la de nuestros agricultores –benditos agricultores–, esa que día tras día, más trabas pone a los sectores rurales, incluido el nuestro, ya de por sí cuentan con demasiados factores en contra, en todos los sentidos, para elaborar su trabajo y conseguir las cosechas deseadas que medianamente les «salven» el año, no podemos permitir o al menos debemos intentar lo que esté en nuestra mano para que los cada vez más abundantes jabalíes no den buena cuenta de parte de esas cosechas y del, en definitiva, trabajo de nuestros amigos agricultores.

Piara de jabalies en Trofeo caza y conservacion

Gestión y control

 

Sabemos que estos daños conviene ir atajándolos desde el invierno, puesto que en todas las épocas del año los hocicudos se las apañan para incordiar, de una manera u otra, las siembras en cuestión, dando buena cuenta de ellas.

Junio y julio son otra cosa. Son dos meses para hacer gestión y control, tanto poblacional como de daños a la agricultura, y podemos aprovechar la espontaneidad que el alimentarse a «su amor» de los jabalíes nos proporciona, así como el factor sorpresa que podría ser para ellos, puesto que no es lo mismo el recelo de hacerles entrar en un comedero a que lo hagan por su pie, su querencia y los pasos que ellos decidan. Es ahí donde debemos estudiar la siembra en la que queramos paliar los daños y hacer el aguardo deseado sin ser detectados y con un mínimo de garantías, aunque tratándose de chanchos, la sorpresa nos la podemos llevar nosotros.

Campo de cereales en Trofeo caza y conservacion

Cuando una cosecha es apetecible, enseguida la toman y es fácil ver las entradas que, por otro lado, es donde debemos esperar a los comensales, puesto que, una vez dentro de ella, probablemente nos será muy difícil o casi imposible poder ejecutar el disparo, al estar completamente tapados por las espigas, a no ser que dispongamos de torretas o puestos elevados.

Estudiaremos con anterioridad qué tipo de animales frecuentan nuestro cereal y tamaño de ellos por sus huellas, ya que, aunque el terreno en esta época está bastante duro, el trasiego de animales termina haciendo polvo en las veredas y eso nos ayudará a percibir el tamaño de sus huellas. Las gateras igualmente son un lugar estratégico y podremos medio diagnosticar el número de individuos que acecha nuestra cosecha.

jabali escondido entre el campo de cereales en Trofeo caza y conservacion

Se trata de caza para el control de daños, esto quiere decir que, aunque a nadie le amargue un dulce y nos guste hacernos con un buen ejemplar, debemos abatir parte de una piara, si esta se pusiese a «tiro» de nuestro visor, porque, en teoría, son menos recelosas y entraran más tranquilas, como elefante en cacharrería, y a horas menos avanzadas de la noche, puesto que esto hará que la prole, al menos durante unos días, abandone esa zona del trigal, avena o cualquiera que sea nuestro cereal.

Jabato en Trofeo caza y conservacion

Criterios para abatir los ejemplares

 

Para distinguir qué individuo o individuos podemos abatir (en ocasiones, raras, pero ocurre, algún miembro nos da la posibilidad de secundar disparo, lo que nos permitiría «quitar» otra boca más que alimentar) nos basaremos en tres criterios que yo llamo básicos.

El primero y primordial será respetar a la hembra guía o dominante: esta suele ser la que abre paso a la manada, la que se para a ventearse antes de entrar y, por lo tanto, la que enseña conductas al resto de la «corporación» y, por cierto, no tiene por qué ser la mayor en tamaño, aunque lo sea en el mayor de los casos.

El segundo y bastante más evidente: no quitaremos animales demasiado pequeños; primero, por ética; segundo –es de sentido común–, respetar si queremos tener caza; y, tercero, por lógica, estamos para hacer control de daños y los rayones y bermejos de hasta 15/20 kilos, son los que, por su tamaño, comen menos y, por lo tanto, destrozan menos.

El autor con un amigo de esperas de jabalí en Trofeo caza y conservacion

 

Jabalíes que sí hay que abatir

 

Y, por último, y no por ello menos importante, lo que sí debemos abatir. Nos centraremos en cochinos solitarios, como es lógico, y piaras de primales ya destetados que van sin hembra dominante, que suelen ser de pocos individuos, no más de entre 2 y 4, y si lo que nos entra es un «autobús», poner nuestro objetivo en la camada anterior, siempre y cuando la piara esté compuesta por dos o más parideras, es decir, primales de 30 kilos en adelante.

El autor haciendo gestión en Trofeo caza y conservacion

Para valorarles en tamaño, recordad mi consejo del artículo de diciembre sobre los aguardos, sobre coger varias referencias de día, con matas, piedras, etcétera.

Encames favoritos

 

Estamos en los días más largos del año y, a la vez, los más calurosos y esto influye en nuestra fauna de manera notable, no siendo los cochinos una excepción. Estos se encamarán cerca del agua, en zarzales donde el frescor de la humedad les refresque durante el hueco del mediodía, y a la vez, cerca de las siembras en cuestión. Incluso no es raro que lo hagan dentro de ellas, si se dan las condiciones que a ellos les gustan: tranquilidad y algo de cobijo. Al ser las noches tan cortas, no tienen todo el tiempo que ellos quisieran para llenar la «andorga» y, en ocasiones, se les hace de día, en el careo, lo que les obliga a encamarse allí mismo. Y, a veces, si los días son extremadamente calurosos, anteponen un buen baño al convite.

Charca para el baño de jabalíes en Trofeo caza y conservacion

La ayuda del ganado

 

No siempre los cereales hoy día se dejan para cosechar o empacar. Hay casos en los que se sembró para consumo del ganado y eso nos amplia el abanico a la hora de cazar.

Primero, cuando el ganado está dentro de la siembra, nos permitirá ponernos donde dominemos bastante terreno, para ir acercándonos entre las reses a los «trompudos» a nuestro antojo, aprovechando los ruidos, el trasiego y los movimientos de las vacas, incluso nos ayudarán los cencerros para poder «marcarnos» un rececho hasta tenerlos a tiro (en varias ocasiones, cencerro en mano, me he metido encima de ellos).

Segundo, porque el ganado casi destroza más grano del que se come y, al quedar en el suelo, alarga la vida de nuestro cebadero natural, por la dificultad de su búsqueda, principalmente.

Tercero, las boñigas de las vacas, cual manjar para el sus scrofa por la cantidad de grano que acumula, pero también y, sobre todo, por los gusanos y bichitos que cría, es otra fuente de alimentación que sólo se da prácticamente en verano.

Y, por último, ya en las primeras aguas de septiembre, los hormigueros. Este insecto trabajador como él solo, se pasa todo el verano recolectando grano, para que, cuando se humedezca el terreno y como si de un maleante se tratara, el cochino dé buena cuenta de su despensa.

Jabalíes junto al ganado en Trofeo caza y conservacion

Aprovechar el celo

 

Como es normal, a todo cazador amante de las esperas lo que más «le pone» es hacerse con un buen macareno y, aunque en estas circunstancias de lo que se trata es de paliar daños, podemos también intentar dar caza a un ejemplar de esos con los que todos hemos soñado alguna vez. Y, a sabiendas de esta ardua tarea, ya sea en comedero, al paso, en siembras o rastrojos, debemos sopesar el contar con el factor sorpresa a nuestro favor, como comenté anteriormente, y aprovechar el careo natural de los guarros, que les hará descuidar algo su, ya de por sí, gran desconfianza.

Gran macareno en Trofeo caza y conservación

Recordad que estamos en uno de los mejores celos del año, uno de los dos que prácticamente solo había antaño –en la época de la cosecha y la montanera, pues era cuando las hembras se alimentaban bien–. Quiero decir con esto que, en ocasiones, el guarro grande que buscamos puede que vaya en piara.

Rascadero de jabalíes en Trofeo caza y conservacion

Estos machos, cuando vayan solos, los distinguiremos por su forma de carear en la siembra, pegados siempre al monte, a la sombra de las encinas y cerca de la huida de escape, recelosos de dar la cara. Además de hacerlo cerca de regatos donde alguna posible charca o baña les permita hacer una pausa en el banquete para ir a saciar su sed y el calor de la noche, y en muchas ocasiones, no muy lejos de otras piaras de congéneres que les den confianza y vigilen la zona a la vez.

Jabali abatido en Trofeo caza y conservacion

Cosechas con posible sorpresa

 

En julio, muchas de nuestras cosechas ya andan a buen puerto, pero esto no quiere decir que los cochinos abandonen la zona por completo. Es más, mi experiencia me dice que es en esas siembras ya segadas o cosechadas donde podemos hacernos con un buen jabalí. El trasiego de «gente menuda» ha menguado considerablemente, pero comida sigue habiendo y es ahí, debajo de las encinas, donde el peine de la cosechadora no llega, al cobijo de la sombra de esa vieja encina, donde podremos llevarnos la sorpresa del año.

Sea como fuere, se trata, por encima de conseguir un gran trofeo, de evitar y paliar daños, colaborar con nuestros agricultores y ganaderos, y por qué no decirlo, hacer más llevaderas las calurosas noches de verano metidos en casa.

Y recordad, a la hora de apretar el gatillo, el mínimo de valores y ética que debe tener la caza, que no es otro que el respeto al animal al que vas a quitar la vida, sin desearle la muerte.

Cuando la caza es caza…

 

Texto y fotos: Pablo López Lojo
Cinegética La Trocha / [email protected]