La recuperación de la tórtola europea

La tórtola europea ha sido tradicionalmente una de las especies de caza menor más apreciadas por los cazadores.

 

Hace unos días, mientras labraba un campo de viña junto al monte, en la umbría, vi una tórtola salvaje. Hacía mucho tiempo que no veía una. Su presencia me llamó la atención porque durante años fue un ave habitual en nuestros campos y, sin embargo, poco a poco fue desapareciendo hasta convertirse en una rareza para quienes vivimos y trabajamos en el medio rural.

Durante años se prohibió su caza debido a que el número de ejemplares había disminuido drásticamente. Los estudios realizados por distintos organismos mostraban una reducción preocupante del número de ejemplares, lo que llevó a las administraciones a adoptar medidas de protección. Este año, sin embargo, algunas comunidades autónomas han vuelto a permitir su caza de forma limitada y con cupos muy restringidos, al considerar que las poblaciones han mostrado cierta recuperación en determinadas zonas.

La tórtola europea ha sido tradicionalmente una de las especies de caza menor más apreciadas por los cazadores. Su vuelo rápido, sus cambios de dirección y la dificultad de acertar el disparo la convirtieron durante décadas en una pieza muy valorada. En muchas comarcas, la llegada de las tórtolas marcaba el comienzo de una de las épocas más esperadas de la temporada cinegética.

Sin embargo, sería un error atribuir su declive únicamente a la presión cinegética. Algunos grupos ecologistas señalan a los cazadores como principales responsables de la disminución de la especie, pero a menudo se presta menos atención a un factor que probablemente ha tenido una influencia mucho mayor: la profunda transformación del paisaje agrario. La desaparición de determinados cultivos, la reducción de barbechos y linderos, así como los cambios en las prácticas agrícolas, han alterado el hábitat de la tórtola de forma mucho más intensa que cualquier otro factor. El campo actual es muy diferente al de hace cuarenta o cincuenta años. Han desaparecido muchos cultivos tradicionales, se han reducido los barbechos y los linderos, y las explotaciones tienden cada vez más a la especialización.

Uno de los cambios más importantes ha sido la reducción del cultivo de girasol. Durante años, extensas superficies de este cultivo proporcionaban alimento abundante a las tórtolas durante buena parte del verano. Sin embargo, los bajos precios percibidos por los agricultores y la falta de rentabilidad hicieron que muchos abandonaran su siembra. Allí donde antes se extendían campos amarillos de girasol, hoy encontramos otros cultivos o terrenos sin aprovechar. La consecuencia ha sido una menor disponibilidad de alimento para numerosas especies de aves granívoras.

Murcia fue durante años una de las regiones que mayor número de tórtolas concentraba. Sus condiciones climáticas, junto con la abundancia de zonas agrícolas y espacios abiertos, favorecían la presencia de esta especie migratoria. Sin embargo, los cambios en los usos del suelo y la transformación del paisaje agrícola también han tenido efectos visibles en sus poblaciones.

La tórtola no es la única especie afectada. Otras aves ligadas a los ambientes agrícolas, como las perdices, los sisones o las alondras, también han sufrido importantes retrocesos. La agricultura moderna ha permitido aumentar la productividad, pero en muchos casos ha reducido la diversidad biológica que caracterizaba a nuestros campos.

Por eso, el simple hecho de ver una tórtola mientras trabajaba la viña me produjo una sensación difícil de explicar. Fue como reencontrarme con una imagen que creía perdida. Durante unos segundos recordé aquellos años en los que era habitual escuchar su arrullo en las mañanas de verano o ver pequeños bandos levantarse entre los cultivos.

La recuperación de la tórtola dependerá de que se mantengan políticas de conservación eficaces, de una gestión cinegética responsable y, sobre todo, de que el campo vuelva a ofrecer las condiciones que esta especie necesita para alimentarse y reproducirse. La presencia de la tórtola es, en cierto modo, un indicador de la salud de nuestros paisajes agrícolas. Cuando ella regresa, también lo hace una parte de la riqueza natural que durante generaciones formó parte de nuestra vida cotidiana.

Texto: Patricio Simó