Basta retroceder unos pocos años, para poner en duda la gestión de los organismos oficiales con competencia en materia de naturaleza. Hoy ya nadie duda en el mundo de la cinegética, que la caza menor y en especial la de la perdiz roja, pasa por momentos de preocupación y añoranza.
Difícilmente se puedan volver a repetir aquellos años donde la caza menor, era motivo. Para que, innumerable número de cazadores extranjeros con alto poder adquisitivo, pusiesen rumbo con dirección a España. Donde participaban en todo tipo de cacerías y muy especialmente, en las de perdiz roja silvestre en la modalidad de “el ojeo”
A la vista del empobrecimiento general de caza menor y el deterioro de las poblaciones perdiz roja silvestre, unido al desinterés en la investigación por los organismos oficiales. La situación podría encajar a la perfección, con aquel eslogan de tiempos pasados que decía: España es diferente.
Desde la decepción, expreso públicamente: que la inacción de las autoridades, gestoras del Medio Ambiente y Agricultura. Es causa de la decadencia de las poblaciones de caza menor y de la previsible desaparición, de una especie tan emblemática en la península Ibérica; como la perdiz roja silvestre, conocida científicamente por alectoris rufa.
Para no introducir datos que puedan conducir al error, no voy a poner límites en el tiempo a la práctica de la caza, de todos es sabido, que los registros históricos recogen. Que los primeros pobladores de la humanidad la practicaban, buscando obtener de la carne de los animales o aves cazados. El sustento alimenticio y de sus pieles o plumas entre otros usos, protección de abrigo contra las inclemencias atmosféricas.
A partir de ahí, que se sepa, no constan anotaciones de que la caza haya pasado por interrupciones o circunstancias que hayan motivado, abolir su práctica.
En nuestros días las necesidades alimenticias están cubiertas sobradamente por procedimientos bien distintos y la práctica de la caza en general. No tiene como objetivo único, en la sociedad actual y mucho menos como imprescindible, cubrir las primeras necesidades de los humanos.
Se da por hecho, que con el transcurrir del tiempo, el avance de la tecnología acaparado todas las actividades de la sociedad y la adaptación y perfección de los medios o herramientas utilizados en la caza, no han sido ajenos a esta puesta al día.
Esto ha supuesto, que en la actualidad la práctica de la caza este reconocida a título oficial, como actividad, legal y deportiva.
Esta subida de rango social, en una actividad tan primitiva con lleva, que la sofisticación de las armas y su uso, destinadas a la práctica de la caza. Estén sometidas al estricto control de organismos oficiales, amparadas por la ley y el reglamento específico correspondiente y bajo control de la guardia civil.
Así como la regulación de los terrenos y los tiempos donde se pueda desarrollar la actividad, función que se recoge y se publica en los respectivos B.O.E. o en el B.O. de cada Comunidad Autónoma.
A esta serie de connotaciones para practicar la caza, hay que añadir. Los costes para la adquisición de armas y municiones, autorizaciones de la actividad, licencia y permiso de armas. Así como la cuantía económica requerida para participar de la caza en terrenos acotados.
Condiciones que no están al alcance de todos los ciudadanos que lo desean, de ahí que en la actualidad y cada vez más, la caza tenga cierto rango selectivo. Dependiendo del lugar donde se practique y del aporte económico de los participantes.
Ya no sorprende que la expedición de un importante número de nuevas licencias solicitadas, sea a favor de eruditos o personas con un alto poder adquisitivo, que se incorporan a la actividad de la caza en general, buscando un estatus que les pueda aupar socialmente. Las importantes cifras que se mueven en el entorno de la caza, como actividad económica, son datos a tener en cuenta y que puede justificar la demanda de licencias.
No queda la menor duda, que esta especie de notoriedad que en la actualidad supone ser cazador o practicar la caza menor, en cualquiera de sus versiones. Más allá de la caza en modalidad al asalto, al reclamo con todas sus salvedades en el caso de la perdiz silvestre.
El resto de modalidades deberían tener sus limitaciones, como puede ser: las esperas en todas sus versiones y de manera muy especial, los llamados ojeos de caza de perdiz roja silvestre, con fines comerciales.
Como avanzadilla de propuesta, las limitaciones para el caso concreto de la caza al ojeo de perdiz, se debería tener en cuenta como importante:
1) Que se practique en terrenos específicos, que no interfiera con los de la caza tradicional.
2) Indispensable, que dicha modalidad se practique con perdiz procedente de la cría en cautividad o granja. Prohibición total con perdiz roja silvestre.
Es posible, que para un número de lectores, todo lo expuesto no tenga ningún interés, porque más allá de la retórica. Lo que no sea, exponer montones de piezas abatidas ante los focos o el perro con la pieza en la boca, no es cazar.
Pero la tragedia es tan próxima y grave, que hay que contar con la posible desaparición de la perdiz roja silvestre de nuestros campos. Esta incidencia ya se hace notar y mucho, en las zonas acotadas de caza. Hoy la falta de bandos de perdiz roja silvestre hace; que las jornadas de caza estén carentes de emociones y la añoranza del pasado, sobre vuele en el ambiente de los cazadores.
Esta claro que es el momento de las granjas de perdiz. Pero no es menos cierto, que cada cosa en su sitio, aquí el juego es un todo o nada. La perdiz criada en granja nunca podrá sustituir a la que se ha criado en un entorno silvestre en plena libertad. Los días de gloria que ha dado a la caza la perdiz roja silvestre “Alectoris rufa”, no tienen sustituta.
Lamentable, que los estamentos estatales responsables directos de preservar el bien común, sigan impasibles ante un hecho, que tiene encendida la luz de alarma desde hace años. Parece que la negligencia o la omisión del deber, se hayan adueñado de la iniciativa de los que tienen que afrontar la situación. No se entiende, qué ante la previsible gravedad ambiental, no haya ninguna respuesta oficial.
Todo indica, que durante años en algún ministerio se ha usado el ecologismo, como tapadera de la incapacidad y de lo importante. Hoy las consecuencias se sirven como postre en la mesa de los españoles, en forma de: Inundaciones, de las que nadie es responsable e incendios forestales, cuyo causante es el cambio climático.
Con esta situación y estas previsiones oficiales, hay que temerse lo peor. Que los culpables y responsables de la desaparición de la perdiz roja silvestre “Alectoris rufa” en España, sean los cazadores.
Texto: Demetrio Gordo