Cuando no se dice toda la verdad sobre la caza

Hace algún tiempo, aparecía publicado en el periódico EL PAIS, un artículo titulado “EL CAZADOR SE HACE VIEJO”. Donde se daban una serie de datos estadísticos, referidos entre otras razones, a la caída del número de licencias de caza que se expiden anualmente.

 

Me ha llamado la atención qué para aseverar dicha información, partan de datos recogidos de las respectivas federaciones de caza, apostillado por la Oficina Nacional de la Caza (ONC) con la afirmación, que dicha disminución está motivada por la despoblación de los pueblos. Por si no era suficiente añade: por eso ahora se ven tantos conejos y perdices en las cercanías de Barcelona y Madrid.

Para añadir más gloria a la caza, sale a la palestra el presidente de la Asociación de Propietarios Rurales (APROCA) y sin la menor duda dice que la causa es, que los jóvenes tienen otro tipo de alicientes distintos a los de la caza. Eso sí, tiene el firme propósito de inculcar a los niños, que entiendan que la caza es necesaria para conservar el medio ambiente.

Por si algo faltaba para redondear la faena, aparecía dando su opinión el coordinador de Ecologistas en Acción cuyo dato es para enmarcar. La disminución en la expedición de licencias está; en que los jóvenes tienen otras aficiones menos violentas.

Después de recoger todas las opiniones de estas clases “Magistrales” con tantos datos, adjetivos y descalificaciones. A los que hemos sido o somos cazadores de toda la vida, que nos digan a donde nos debemos dirigir para librarnos de nuestros pecados.

Ya está bien, dejen de esconderse detrás de la mesa, digan la verdad y hablen claro. Para empezar, las federaciones de caza están para lo que están y todos los cazadores lo sabemos.
No hace tanto, que se han vivido situaciones con cierta virulencia por hacerse con determinadas posiciones. ¿Acaso conocen alguna federación que su función la haya llevado más allá de un mero papeleo? Tienen alguna información de la respectiva federación, donde puedan deducir qué habido por parte de esta, la mínima preocupación de cómo se está gestionando un coto de caza o como se eligen las juntas directivas de las Sociedades de Cazadores. ¡A qué queremos jugar ahora!
El director gerente de la ONC dice; que la causa de bajas en la licencia de caza está, en la despoblación de los pueblos, quizá habría que añadir, que una opinión desafortunada la puede tener cualquiera.

El problema de la disminución de cazadores está en general, en que no se pueden pagar los precios que los propietarios de los terrenos acotados cobran. Claro que esta circunstancia la sufren más, los cazadores foráneos y los jóvenes cazadores que quieren cazar y no tienen pueblo. Todo apunta a que estos inconvenientes, puede ser, que no lleguen a las proximidades de los que aquí se explayan con sus opiniones.

Por otro lado, no parece que sus opiniones puedan estar respaldadas, por el conocimiento que tienen de los cotos en los pueblos. Acudan una mañana del domingo a la hora de empezar a cazar a cualquier pueblo y podrá comprobar, si el número de cazadores presentes responde alguna expectativa de despoblación o es de precio.

Cuando dicen de (APROCA), inculcar a los niños que entiendan que la caza es necesaria para el medio ambiente. ¿Cuándo se lo van a decir? Antes o mejor después, cuando ya sean un poco mayorcitos y les puedan cobrar dos meses de su salario por cazar en sus tierras, para matar tres conejos y dos perdices que posiblemente han soltado el día anterior de la granja.
No quisiera dejar sin recordar al coordinador de “Ecologistas en Acción” que está muy bien aprovecharse de todas las subvenciones que estén a su alcance. Muchos de los que vamos o hemos ido a cazar, somos mayorcitos y nunca nos hemos visto sometidos a proceso alguno por invadir o violentar propiedades ajenas.

Volviendo al título del artículo de periódico El País “El cazador se hace viejo” decirle a su autor, que la vida del cazador es como la de todos, cumplen años. Que no se deje aducir por siglas o anagramas, el cazador en general está abandonado a su suerte sin más. No hay ningún organismo oficial donde sus derechos estén representados, ni siquiera en las federaciones que podría ser el ente más próximo.

El verdadero motivo por lo que están bajando el número de licencias de caza, tanto en jóvenes como en personas mayores que desean ir a cazar, no es otro, que los abusos permanentes en los precios que hay que pagar a los propietarios o gestores de los cotos para poder cazar. Ya sean a particulares o los gestionados por sociedades de cazadores de los pueblos con el beneplácito de los Ayuntamientos.

Si a esto se añade que el dinero pagado no revierte en mejoras, para recuperar las poblaciones de especies autóctonas y silvestres, tanto de conejos como de la perdiz roja en los mismos. La respuesta es clara.
Esto lo deberían tener presente, los que se otorgan derechos para opinar de la caza y de los cazadores por el hecho de colocarse detrás de unas organizaciones, que tienen más presente lo que pueden rascar por estar ahí, que los intereses que dicen representar.

No estaría de más, que alguna vez levantasen la voz para decir basta ya y que se pongan los medios para la conservación de la fauna silvestre. Con ello se podría evitar que los campos terminen si no lo están ya, llenos de conejos, liebres y perdices criados en granjas.

Ya comprendo que este hueso es duro de roer, pero lamentarse y ser complaciente a la vez, es una posición complicada que no conduce a ninguna parte.

Texto: Demetrio Gordo Diez