El encuentro, que ha reunido a representantes institucionales y especialistas, ha servido para presentar un informe de OIKOS que identifica patrones comunes y retos compartidos en los distintos modelos de gestión cinegética de Europa. La gestión de la fauna y los ecosistemas en Europa se enfrenta a retos crecientes en un contexto de presión sobre el territorio y cambios en el medio rural. Este ha sido el eje del encuentro celebrado ayer en el Parlamento Europeo, donde expertos, representantes institucionales y actores del ámbito cinegético han analizado el papel de la caza a partir de un informe elaborado por OIKOS, entidad autónoma que tiene como objetivo la protección del medio ambiente como fuente de riqueza para nuestras sociedades.
El estudio “La caza como motor económico y ecológico” compara distintos modelos de gestión en Europa y concluye que no existe un sistema único aplicable a todos los territorios, debido a la diversidad de ecosistemas, estructuras de propiedad y marcos regulatorios. Sin embargo, sí identifica desafíos comunes en todos los países analizados en relación con la gestión de poblaciones de fauna y su impacto sobre el entorno. El evento fue organizado por la eurodiputada española del Partido Popular, Isabel Benjumea, vicepresidenta del Intergrupo de Caza del Parlamento Europeo, quien subrayó que “cuando hablamos de caza, hablamos también de biodiversidad y del bienestar de nuestros ecosistemas“, destacando la necesidad de basar el debate en datos y en una mayor conexión con el entorno natural.
El informe subraya el papel de la caza como una herramienta relevante en la gestión de especies, especialmente en contextos de sobrepoblación, prevención de daños agrícolas y equilibrio de los ecosistemas. En este sentido, el estudio destaca la importancia de que la actividad se desarrolle en marcos legales bien definidos, especialmente en relación con el control de poblaciones y el aprovechamiento de recursos. Uno de los ejemplos más evidentes es el crecimiento de las poblaciones de jabalí, con casi dos millones de ejemplares en España y un crecimiento anual de entre el 10% y el 15%. Esta expansión ha generado impactos ambientales, sanitarios y económicos (estimados en 1,8 millones de euros en 2024), siendo la labor de la caza la que ha permitido controlar esos impactos con un 210% más de capturas en 2023-2024 respecto a 2005-2006.
El estudio analiza comparativamente cuatro modelos europeos —mediterráneo, centroeuropeo, nórdico y anglosajón— y concluye que todos presentan una compleja relación entre la caza y su inserción en la actividad económica y social del medio rural. Mientras que en los países del norte la menor densidad de población facilita la gestión, en el sur de Europa la presión sobre el suelo y la fragmentación regulatoria plantean retos adicionales. En el caso de España, el debate ha señalado la necesidad de mejorar la coordinación normativa para responder de forma más eficaz a estos desafíos en un contexto de alta diversidad territorial.
Más allá de los aspectos técnicos, el debate puso de relieve la creciente desconexión entre el mundo rural y urbano. Luis Quiroga, presidente de OIKOS, señaló que el menor contacto directo con la caza en la vida cotidiana dificulta su comprensión en una sociedad cada vez más urbana. Por ello, los participantes coincidieron en que la legitimidad de la actividad debe basarse en su función dentro de la gestión del territorio. El encuentro celebrado en Bruselas sitúa así la caza dentro de un debate más amplio sobre el equilibrio entre usos del territorio, en un momento en el que estos retos adquieren una creciente relevancia en la agenda europea.